En la extensa lista de los rectores de la Universidad de La Habana están inscritos los nombres de dos matanceros.
La Universidad de La Habana se fundó el 5 de enero de 1728 por los frailes pertenecientes a la Orden de Predicadores. Fue, por más de 200 años, el único centro de estudios superiores del país. Durante su larga vida ha tenido varias denominaciones. Su primer nombre fue Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana. Después pasó a ser Real y Literaria Universidad de La Habana.
Ya en la República se le conoció, al igual que hoy, como Universidad de La Habana. No obstante, en algunos documentos oficiales apareció como Universidad Nacional. Primero funcionó en el antiguo convento de San Juan de Letrán, en la parte más antigua de la ciudad. En el siglo XX se ubicó en la llamada Loma de la Pirotecnia, actual Colina Universitaria. Hoy posee varias facultades y dependencias. Es una institución de vanguardia en el desarrollo científico del país.
El rector Casuso

El 27 de julio de 1915 falleció el doctor Leopoldo Berriel Fernández, quien había ocupado el cargo de rector de la Universidad de La Habana, por reelecciones sucesivas, desde 1898. De acuerdo a los estatutos se convocaron a elecciones, en las cuales el claustro universitario debía elegir el nuevo rector. Se presentaron dos candidatos: Gabriel Casuso Roque, por la Facultad de Medicina y Evelio Rodríguez Lendián, por la Facultad de Letras y Ciencias.
En la primera votación, ninguno de los propuestos alcanzó las dos terceras partes de los votos requeridos para acceder al cargo. Esto implicó que se pusieran en movimiento intereses electorales similares a los que minaban la política del país. Se estableció entonces un pacto “de honor”, según el cual Casuso sólo sería rector por un período y Lendián sería electo al terminar este. Gracias al “convenio” pactado verbalmente, Gabriel Casuso se le escogió como rector de la Universidad de La Habana el 1 de diciembre de 1915.
Reconocido y famoso como ginecólogo, el matancero Gabriel Casuso poseía prestigio suficiente para desempeñar esa responsabilidad. Así lo reconoció la revista Bohemia, ajena por completo a las maniobras detrás de la elección:
“La lucha fue reñida, pero al fin, triunfó la candidatura del hoy Rector, por contar e el seno del Claustro con más simpatías que su antagonista. Y después de la victoria vinieron los plácemes del vencido, demasiado caballero y demasiado intelectual para sentirse ofendido por el criterio de los compañeros que dieron el triunfo al contrincante admirado”.
“Conforman y serenan el espíritu estas batallas, leales y correctas en países como el nuestro, en donde el apasionamiento de los unos y los rencores de los otros, levantan verdaderas tempestades de odio cuando trátase de la disputa de un cargo electivo”.
“El gesto de los sabios es una lección a los políticos, que, en un plano muy inferior a ellos, se destrozan como fieras, poniendo con sus ambiciones malsanas en peligro los ideales que ellos creen sustentan”.
Acerca de las intenciones de Casuso, se señaló:
“El nuevo Rector, después de la toma de posesión, hizo a los periodistas declaraciones que vinieron a confirmarnos en nuestro criterio de que el doctor Casuso hará algo en pro de la enseñanza”.
“Con criterio amplio y liberal declaróse por ciertas reformas que convertirán a la Universidad en un Centro digno del auge y la civilización cubana. Existen planes contra los que debe ir el nuevo Rector, desechándolos por anticuados. Él, con la autoridad de sus prestigios, debe de recabar leyes que hagan más accesibles las aulas a esa juventud inteligente y pobre y que siempre que pretende llegar a ellas, encuéntrase con el escollo infranqueable del costo exorbitante de la matrícula”.
Gabriel Casuso desempeñó este primer período como rector sin penas ni glorias. Vencido el tiempo, el pacto de honor secreto fue ignorado por los profesores de las facultades de Medicina y Derecho, las más influyentes de la Universidad. De nada sirvió recordar lo prometido y Casuso fue reelecto. El conflicto generado desembocó, incluso, en la protesta del doctor Francisco Domínguez Roldán y su renuncia al cargo de Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes y a su plaza de catedrático en la Universidad.
El rector de la Torre
Tras culminar el segundo período de Gabriel Casuso, se realizaron nuevas elecciones para cubrir el cargo de rector. Esta vez la Facultad de Letras y Ciencias presentó como candidato a su profesor más ilustre: el doctor Carlos de la Torre y Huerta. Celebrados los comicios, fue electo rector el 18 de noviembre de 1921. Es llamativo que De la Torre había sido de los más fervientes opositores a la reelección en 1918 de su coterráneo Casuso.

La elección de Carlos de la Torre se recibió con verdadero júbilo en la comunidad universitaria, sobre todo por los estudiantes. El acto de toma de posesión, celebrado el 8 de diciembre fue apoteósico. Así lo narró la Revista de la Facultad de Letras y Ciencias, que retomó lo publicado por el Diario de la Marina:
“…el acontecimiento celebrado ayer con motivo de tomar posesión del Rectorado de la Universidad Nacional el Doctor Don Carlos de la Torre, se ha de convenir en que todo fue verdaderamente insólito, rebasando de los límites de lo que marcaba la tradición o la costumbre por el coeficiente de entusiasmo y de cariño que antes y después y en el mismo ceremonial —de por sí rígido y a toda solemnidad—puso como nota la más alegre de la jubilosa fiesta académica la juventud universitaria”.
El nuevo rector arribó a la Universidad a las cuatro de la tarde. Antes, un grupo de estudiantes se trasladó a la casa de Carlos de la Torre, junto a la banda del Cuartel General del Ejército. Desde allí formaron una escolta de honor que lo acompañó durante el trayecto. Según el periódico:
“…el Dr. La Torre ocupó su carnaje automóvil, acompañado por su noble esposa y sus dos nietecitas, a guisa de pajes de la gentil caravana escolar. Con la Banda Militar que mandaba y dirigía el Capitán Sr. Molina de Torres la comitiva rompió la marcha hacia la calle de San Lázaro, doblemente animada por la alegría estudiantil y los airosos acordes de la selección que dejaba oír dicha Banda. En esa forma y siempre aumentado el cortejo rectoral, hizo su entrada, verdaderamente triunfal, el nuevo Rector en la Acrópolis habanera, donde una gran ovación e incontables vivas y atronadores hurras acogieron la presencia de «el más sabio de los buenos y el más bueno de los sabios»”.
En aspecto del Aula Magna se consideró “insólito”, por la abrumadora presencia de profesores y estudiantes. Se sumaban docentes, alumnas y alumnos de las escuelas normales y el Instituto Provincial: “Todo ello, en verdad, como nunca se ha visto en ceremonias análogas”. Sobre el inicio del acto se añadió:
“Calmada en parte la ovación que acompañó al Dr. La Torre al estrado presidencial, el Himno Nacional señaló el inicio de la solemnidad y el Dr. Casuso hizo uso de la palabra para dar cuenta de la elección del nuevo Rector, pronunciando encomiásticas frases en honor del Dr. La Torre, cuya relevante personalidad científica y académica ensalzó debidamente”.
De acuerdo con el periodista presente, tras el discurso de Casuso se produjo “…una cerrada salva de aplausos, reiterados durante un largo rato”. Sobre el momento cumbre del acto destacó:
“Y llegó el momento más solemne, cuando le pidió a su sucesor el juramento reglamentario, que otorgó con firme voz el Dr. La Torre, procediéndose entonces al cambio de sitiales, completado con un abrazo de los dos Rectores que produjo una verdadera explosión de entusiasmo en la grey universitaria”.

A continuación, Carlos de la Torre hizo uso de la palabra y pronunció un discurso. En el contenido del mismo expuso con claridad su plan de reforma universitaria, derivado de largos años de reflexión pedagógica acerca de la situación de ese centro de estudios. Además, manifestó aspectos esenciales de su pensamiento pedagógico, dirigidos esencialmente al desarrollo futuro del país.
Una vez concluida su intervención, “…el clamoreo de los aplausos generales y de los vivas fue enorme”. Una vez concluido el acto, Carlos de la Torre pidió a los estudiantes presentes que se trasladaran al frente de los nuevos edificios de la Universidad, junto a la estatua del Alma Máter, para pedirles en ese lugar el juramento de cooperación con el nuevo mandato que se iniciaba en la institución.
De acuerdo con el Diario de la Marina:
“…allá se trasladó toda la concurrencia, en forma absolutamente inusitada pero siempre jubilosa y entusiástica, para oír la palabra de los Profesores Dres. Cuevas Zequeira y Sánchez Fuentes, que pronunciaron sentidos y calurosos discursos alusivos al acto que se celebraba, para terminar tan solemne acontecimiento universitario, pidiendo el nuevo Rector a los estudiantes y a los graduados el mencionado juramento, que fue prestado a coro y en momentos en que la más honda emoción embargaba a todos los allí presentes”.

Para finalizar el emocionante suceso, los estudiantes acompañaron masivamente al nuevo rector en el regreso a su casa. Una vez allí, Carlos de la Torre volvió a dirigirles la palabra, tras lo cual “Y en medio del mayor orden, sin decaer el latente entusiasmo, la grey estudiantil dio una cariñosa despedida al nuevo Rector”.
Así se inició el período de Carlos de la Torre como rector: rodeado de los más brillantes augurios. Sin embargo, las soluciones que requería la Universidad de La Habana iban más allá de las buenas intenciones del sabio naturalista. En su condición de rector le correspondió acompañar a los estudiantes en los inicios del movimiento por la reforma universitaria en 1923.
Compartió con Julio A. Mella varios momentos de aquel proceso, aunque por su edad, condición social, ideas políticas y compromisos institucionales, se vio rápidamente superado por los acontecimientos e, incluso, cuestionado y desobedecido por los enemigos de la reforma universitaria. Por estas razones renunció al cargo el 22 de febrero de 1923. No obstante, siempre apoyó la justa causa de los estudiantes y, principalmente, la autonomía universitaria.
Dos matanceros
Gabriel Casuso y Carlos de la Torre fueron dos brillantes científicos y profesores matanceros que ocuparon el cargo de rector de la Universidad de La Habana. Casualmente esto ocurrió uno a continuación del otro. Al momento de ser electos, ambos eran los primeros en el desempeño de sus respectivas especialidades en el país: Casuso como ginecólogo y De la Torre como malacólogo.
Los dos debieron desempeñar esa responsabilidad en una etapa en que la Universidad de La Habana estaba urgida de cambios esenciales. Se trataba de eliminar los lastres coloniales que aún la ataban y contribuir de forma efectiva al desarrollo económico y social de Cuba, un país lastrado por la dependencia. Ninguno de los dos eran los llamados a realizar esos cambios. Esa misión correspondería a los jóvenes. A la generación que lideró brillantemente Julio Antonio Mella. (ALH)
