El choque entre los Cocodrilos de Matanzas y los Toros de Camagüey ha sido suspendido de manera inmediata y definitiva. La causa: un lamentable e inaceptable incidente de robo dentro de las instalaciones del estadio, un acto cobarde que ha vulnerado la seguridad y la integridad de nuestros atletas.
Durante los preparativos previos al encuentro, individuos desaprensivos accedieron al dugout y vestuario de los Cocodrilos de Matanzas. No fue un hurto menor; fue un saqueo deliberado que dejó a varios peloteros en una situación de desamparo total. Equipos de bateo, guantes personalizados y con años de uso, protectores, calzado deportivo, teléfonos móviles, carteras y efectos personales de incalculable valor sentimental fueron sustraídos. Algunos atletas se quedaron literalmente sin nada, solo con el uniforme que llevaban puesto para el calentamiento.
Ante esta grave circunstancia, y priorizando el estado anímico y el bienestar de los jugadores afectados, la dirección del equipo de Matanzas, en consenso con las autoridades del deporte, tomó la única decisión posible: la suspensión del partido. No se puede pedir a un atleta que salga al campo de juego a dar lo mejor de sí cuando acaba de ser víctima de una violación de su espacio más privado y ha perdido sus herramientas de trabajo y pertenencias más esenciales.
Este incidente trasciende la mera sustracción de objetos. Es una puñalada a la confianza y al espíritu deportivo que rige nuestra pelota. El dugout, ese santuario donde se forjan estrategias y camaradería, fue mancillado. La indignación no es solo por lo material, sino por el mensaje que este acto envía: una falta de respeto absoluta hacia los hombres que dedican sus vidas a entretener y enorgullecer a un pueblo.
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