Una crónica de gratitud, amor y esperanza junto a Jennifer Raymer y Together For Cuba
Hay personas que llegan a nuestras vidas llevando en las manos una ayuda concreta y, con el paso de los años, terminan habitando también nuestros recuerdos, nuestras esperanzas y ese lugar entrañable donde la gratitud se convierte en familia. Jennifer Raymer es una de ellas. Su historia con Cuba se ha tejido a través de innumerables viajes, encuentros y jornadas de servicio, en las que cada gesto solidario ha dejado una huella profunda en quienes han tenido la dicha de conocerla.
Ya anuncian su próxima visita a Cuba y, con ella, vuelve a sentirse la alegría anticipada de los abrazos, las conversaciones y esos reencuentros que hacen del tiempo una distancia pequeña. En el Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente «Faustino Pérez» de Matanzas, su presencia tiene la calidez de quien regresa a un lugar querido, donde cada rostro guarda una memoria compartida y cada saludo renueva los afectos construidos a lo largo de los años.
Jennifer llega con la sencillez de las personas que han aprendido a escuchar con el corazón. Sus ojos hablan, su mirada dialoga y su sonrisa acompaña las palabras que tantas veces repite cuando se encuentra con quienes sostienen la atención médica en medio de las dificultades: qué hace falta, cómo podemos ayudar, de qué manera podemos continuar. En esas preguntas vive una manera de comprender el humanismo, una disposición permanente a acercarse a las necesidades de los demás y a buscar, junto a ellos, caminos posibles para aliviar las cargas de la vida cotidiana.
Quienes la reciben conocen esa forma suya de estar presente, de compartir sin reclamar protagonismo y de convertir cada visita en una oportunidad para fortalecer los vínculos. Jennifer no necesita grandes discursos para expresar lo que siente por Cuba. Su historia habla por ella, y también lo hacen las maletas que cruzan fronteras cargadas de insumos médicos, las gestiones que se prolongan durante meses, las manos de quienes clasifican y distribuyen la ayuda, y la voluntad de tantas personas que han decidido acompañarla en esta misión.
Desde Canadá, junto al equipo de Together For Cuba, ha construido durante más de una década un puente de solidaridad que enlaza voluntades, comunidades e instituciones. Su camino comenzó en 2011, cuando una experiencia en Cuba transformó su manera de mirar y despertó en ella el deseo de dedicar mayores esfuerzos a quienes necesitaban apoyo. Aquel viaje dejó una pregunta abierta en su corazón, una pregunta que encontraría respuesta en cada regreso y en la decisión de convertir la sensibilidad en compromiso.
Con el tiempo, aquella voluntad fue creciendo hasta dar forma a un programa de asistencia médica que acompaña a hospitales, clínicas y personas con necesidades específicas en diferentes territorios del país. Las maletas y los bolsos de hockey se llenan de materiales para el cuidado de heridas, insumos intravenosos, artículos respiratorios y urinarios, material quirúrgico, jeringuillas, guantes, batas, medicamentos y otros recursos esenciales para la atención de los pacientes. Cada envío reúne el esfuerzo de donantes, voluntarios y viajeros que ofrecen espacio en sus equipajes para hacer llegar estos recursos a lugares donde pueden resultar decisivos.
La ayuda también encuentra caminos por vía marítima mediante envíos de contenedores con equipos y dispositivos médicos destinados a hospitales y clínicas. Detrás de cada entrega existe una red de personas que organiza, recauda, prepara y distribuye, convencida de que la cooperación entre pueblos puede abrir posibilidades allí donde las carencias imponen grandes desafíos. En esa red, Jennifer representa una voluntad persistente, capaz de reunir manos y corazones alrededor de una causa compartida.
Su labor se extiende igualmente hacia la infancia, uno de los espacios más sensibles de su historia cubana. Together For Cuba ha acompañado durante años a hogares infantiles de Matanzas y otras localidades, contribuyendo a mejorar condiciones de vida mediante alimentos, ropa, ropa de cama, medicamentos, electrodomésticos, mantenimiento y otros recursos necesarios. Cada mejora en un baño, cada ventana reparada, cada ventilador que ofrece alivio durante las jornadas calurosas y cada artículo que llega a las manos de un niño forman parte de una obra que crece con el apoyo de numerosos colaboradores.
En esos hogares, la solidaridad adquiere un rostro particular. Tiene la expresión de los pequeños que descubren un juguete, el descanso de una habitación mejor acondicionada, la tranquilidad de contar con recursos para atender sus necesidades y el cariño de quienes los acompañan cada día. Jennifer y su equipo saben que el cuidado de la infancia requiere constancia, responsabilidad y ternura, por eso mantienen viva la voluntad de contribuir a que cada niño encuentre un entorno digno, protector y lleno de oportunidades.
También permanece en la memoria el esfuerzo desplegado durante la pandemia, cuando el programa de alimentos impulsado por Jennifer benefició a más de quinientas familias y a hogares infantiles de Matanzas. Aquella experiencia reafirmó el sentido de una misión que se construye desde la cercanía con la gente, el conocimiento de sus realidades y la disposición a compartir las preocupaciones y las esperanzas de las comunidades.
Su presencia se ha extendido entre Jibacoa, Matanzas y otras localidades e instituciones cubanas donde la cooperación ha encontrado personas dispuestas a recibirla y multiplicarla. Con el paso de los años, Jennifer, sus colaboradores y quienes llegan junto a ella han ido ocupando un lugar en la memoria afectiva de muchas familias y trabajadores. Ya forman parte de esa familia grande que se reconoce en el abrazo, en la palabra sincera y en la confianza que nace cuando las promesas se acompañan de acciones.
En el Hospital Faustino Pérez, donde la ciencia y la vocación de servicio se encuentran cada día con las historias de pacientes y familiares, estos vínculos adquieren un significado especial. La atención médica necesita conocimientos, profesionales comprometidos y recursos que permitan responder a las necesidades de cada persona; también se fortalece con la cooperación, la sensibilidad y la voluntad de quienes, desde diferentes geografías, deciden tender una mano. Cada aporte solidario encuentra su verdadero sentido cuando contribuye al cuidado de la vida y al bienestar de las personas.
Hay algo profundamente conmovedor en esa mujer que regresa una y otra vez, que mira a su alrededor, escucha y vuelve a preguntar qué hace falta. En su manera de acercarse a Cuba se reconoce la fuerza de una convicción sostenida durante años, alimentada por los encuentros y por la certeza de que el amor también puede organizarse, viajar, reunir recursos y convertirse en ayuda concreta.
Quizá por eso, cuando se anuncia una nueva visita, la noticia despierta mucho más que la expectativa de recibir una colaboración. Trae consigo el recuerdo de los caminos recorridos, la alegría de volver a encontrarse y la certeza de que existen personas capaces de hacer de la solidaridad una forma de vida. Cada regreso abre otro capítulo de una historia que se escribe entre Canadá y Cuba, entre hospitales y hogares infantiles, entre quienes ofrecen su tiempo y quienes reciben el fruto de ese esfuerzo compartido.
«Mi vida es para Cuba» podría parecer una frase breve, pero en Jennifer Raymer adquiere la dimensión de una promesa renovada con cada viaje, cada donación y cada encuentro. Es una declaración que encuentra sentido en el trabajo cotidiano de Together For Cuba, en la entrega de sus voluntarios y en la generosidad de quienes hacen posible que la ayuda llegue a tantas personas.
Hoy, mientras esperamos su próxima visita, desde Matanzas le enviamos un abrazo que cruza el mar y lleva consigo el agradecimiento de quienes reconocen el valor de su entrega. Gracias, Jennifer, por regresar, por preguntar, por escuchar y por mantener abiertas las puertas de la cooperación. Gracias a Together For Cuba y a cada persona que se suma a esta obra, porque detrás de cada gesto hay una historia humana, una necesidad atendida y una esperanza que encuentra nuevas razones para crecer.
Hay amistades que el tiempo fortalece y distancias que el cariño aprende a acortar. La de Jennifer con Cuba pertenece a esas historias que se escriben con paciencia, respeto y amor por la vida. Cuando vuelva a cruzar nuestras puertas, encontrará los mismos abrazos sinceros y la alegría de quienes la esperan, porque ya forma parte de esta casa y de esa familia que la solidaridad ha sabido reunir.
Mi vida es para Cuba. Y en esa frase caben muchos corazones, muchas manos y una esperanza compartida.
¡Gracias, Jennifer! ¡Gracias, Together For Cuba!
Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente Faustino Pérez/ Perfil de Facebook
