Un proyecto cubano busca transformar la percepción y el aprovechamiento de la Thalassia testudinum, el pasto marino predominante en la plataforma insular del país, mediante la valorización de sus recursos genéticos y la construcción de una cadena de valor orientada al desarrollo de soluciones para la salud humana, con un enfoque de conservación y equidad en los beneficios.
La iniciativa es ejecutada por la Agencia de Medio Ambiente (AMA) a través del Instituto de Ciencias del Mar (ICIMAR), con el acompañamiento del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y la contribución del Fondo para el Medio Ambiente Mundial. En el proyecto también participan la Oficina de Regulación y Seguridad Ambiental (ORSA), el Instituto de Ciencia y Tecnología de los Materiales (IMRE), el Centro de Investigaciones Marinas (CIM) y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), pertenecientes a la Universidad de La Habana, así como el Centro de Investigaciones de Medio Ambiente de Camagüey (CIMAC), el Centro Oriental de Ecosistemas y Biodiversidad (BIOECO) y Laboratorios Farmacéuticos Oriente de BioCubaFarma.
Las acciones articulan la conservación con la ciencia y el desarrollo comunitario bajo los principios del Protocolo de Nagoya, que establece que los beneficios derivados del uso de los recursos genéticos de un país deben compartirse de manera justa y equitativa.
Potencial biofarmacéutico del pasto marino
Los pastos marinos cubren alrededor del 50 % de la plataforma insular cubana, con predominio de la Thalassia testudinum, especie también abundante en el Caribe, el Atlántico Sur y el Golfo de México. Estas praderas actúan como barrera natural que disminuye el impacto de los huracanes, protegen las playas de la erosión y sirven de alimento para distintas especies marinas, como las tortugas.
Sin embargo, la planta es altamente susceptible al cambio climático y a la acción humana. La reducción de la luz solar por la contaminación, el dragado y los eventos meteorológicos extremos ponen en riesgo su supervivencia y, con ella, la del hábitat que sustenta.
Un extracto obtenido de las hojas de Thalassia que habita en las costas cubanas ha mostrado una alta presencia de compuestos polifenólicos, sustancias químicas bioactivas del mundo vegetal caracterizadas por sus potentes propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Estas características permiten que productos biofarmacéuticos desarrollados a partir de esta planta puedan convertirse en un complemento útil para la prevención, el manejo y control del cáncer.
El proyecto busca avanzar en los estudios que permitan presentar a la autoridad reguladora biofarmacéutica cubana una solicitud para comenzar ensayos en humanos.
Foto: PNUD.
“A partir de la efectividad demostrada de forma preclínica por el extracto de Thalassia, se han desarrollado varias formulaciones con este ingrediente farmacéutico. Contamos con el desarrollo de una tableta que cuenta con el principio activo de este extracto y que aprovecha sus propiedades antitumorales y antimetastásicas. También contamos con una crema, que podría tener aplicaciones en el cáncer de piel, y estamos comenzando el desarrollo de otros productos”, explicó Ivonne Hernández Balmaseda, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar.
Como parte del apoyo a la fase de investigación, el equipo ha adquirido tecnologías e insumos que permiten la cosecha responsable, la caracterización química del extracto, la evaluación de su efectividad farmacológica y la seguridad del bioproducto.
“El desarrollo del producto forma parte de una cadena de valor, que parte desde que la comunidad sea capaz de conservar la especie, de socializar su importancia y además explicarles a estas comunidades que es un producto natural, que puede tener una aplicación tanto en la medicina como en la cosmética, pero que tiene un fuerte elemento científico”, recalcó la investigadora.
Comunidades como custodias del recurso
El proyecto Thalassia busca formar a las comunidades para que se conviertan en las primeras beneficiarias y custodias del recurso marino. Para lograrlo, el equipo realiza una labor educativa en tres sitios de intervención: Playa Santa Lucía, en la provincia de Camagüey; Bahía Larga, en Santiago de Cuba; y el Paisaje Natural Protegido Rincón de Guanabo, en La Habana del Este.
En la comunidad de Las 80, en Playa Santa Lucía, la profesora de Biología Emilia Arelys Pie Bridget impulsa acciones educativas con niñas y niños del Centro Mixto Álvaro Barba Machado, quienes reimaginan la Thalassia a través de dibujos y actividades escolares.
“Estas acciones tienen gran valor no solo educativo, sino cultural para las comunidades costeras, porque no se puede amar lo que no se conoce”, expresó la educadora.
Foto: PNUD.
“Todas las personas del área protegida hemos aprendido sobre el proceso de colecta, lavado, secado y molinado de la Thalassia”, comentó. Esta labor educativa es compartida también con niños, niñas y adolescentes que visitan el espacio y en las escuelas de la comunidad, donde aprenden a reconocer la planta y sus propiedades.
Como sistematización de estas acciones, el proyecto ha desarrollado una guía metodológica para la implementación del Protocolo de Nagoya en el país, un recurso que pauta cómo se benefician las comunidades y cómo el beneficio puede revertirse en los ecosistemas por igual, a partir del uso sostenible del recurso.
Alianzas para un futuro sostenible
Mientras el proyecto trabaja en la certificación de los productos, avanza en la construcción de alianzas estratégicas con sectores de las industrias farmacéuticas y cosméticas cubanas, además del emergente sector privado del país, donde el extracto de Thalassia podría convertirse en el principio activo de jabones, cremas y otros productos manufacturados.
Cuando las comunidades colectan la Thalassia mediante prácticas sostenibles y trabajan junto al personal científico por la conservación del ecosistema, las praderas de pastos marinos comienzan a obtener valor no solo como recurso de la biodiversidad, sino también como un espacio de aprendizaje mutuo y oportunidades de desarrollo local, con un enfoque de conservación y equidad en los beneficios.
Foto: PNUD.
“Estamos apostando a que la aplicación de prácticas productivas ambientalmente sostenibles por parte de las comunidades se conviertan en medios de vida a nivel local que perduren en el tiempo”, indicó la Dra. Idania Rodeiro, directora del proyecto Thalassia. “Para eso el proyecto trabaja en explorar cómo distribuir de manera justa y equitativa los beneficios de este fármaco de origen marino”.
El equipo de investigación, compuesto en su mayoría por mujeres, trabaja en el desarrollo de bioproductos a partir del extracto de Thalassia, consolidando una iniciativa que une ciencia, conservación y bienestar comunitario en las costas cubanas.
Tomado de Cubadebate (Con información del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo)
