En 1891 José Martí criticó el libro A pie y descalzo.
El 26 de noviembre de 1891, en el “Discurso en el Liceo Cubano”, pronunciado en Tampa, José Martí criticó, el libro A pie y descalzo. Lo hizo mediante una referencia a su autor, quien también había escrito el célebre poema “Jutía”. Estas fueron sus palabras:
“¿O nos ha de echar atrás el miedo a las tribulaciones de la guerra, azuzado por gente impura que está a paga del gobierno español, el miedo a andar descalzo, que es un modo de andar ya muy común en Cuba, porque entre los ladrones y los que los ayudan, ya no tienen en Cuba zapatos sino los cómplices y los ladrones? ¡Pues como yo sé que el mismo que escribe un libro para atizar el miedo a la guerra, dijo en versos, muy buenos por cierto, que la jutía basta a todas las necesidades del campo en Cuba, y sé que Cuba está otra vez llena de jutías, me vuelvo a los que nos quieren asustar con el sacrificio mismo que apetecemos, y les digo:—«Mienten»”.
Este discurso desató una polémica, durante la cual Enrique Collazo le envió una carta ofensiva a José Martí. En su digna respuesta, del 12 de enero de 1892, José Martí volvió a mencionar este libro en dos ocasiones:
“Amargo es el deber de censurar públicamente a quien desalienta a su pueblo en la hora en que parece que van a serle muy necesarios los alientos; más amarga me es, por mirar yo a todo cubano como a hermano mío, la obligación de contestar la infortunada carta que con fecha 6 de enero se sirvió Vd. dirigirme, y me causó más pena que enojo, porque en ella revela Vd. la capacidad de ofender sin razón, y muestra su desconocimiento lamentable de la obra de generosidad y de prudencia con que la emigración, aleccionada por los sucesos anteriores y posteriores a la guerra, se dispone a no recaer en el divorcio y abandono que Vd. y el autor de A pie y descalzo censuran con justicia, más no con la viveza y tesón con que los censuro yo desde hace doce años, ni con el empeño que desde entonces pongo en evitar que la guerra nueva fracase y se desvíe por el culpable desacuerdo entre el país que ha de combatir y la emigración que ha de ayudarlo”.
“¿Está o no al servicio del gobierno español el revolucionario que publica un libro precipitado en que se acumulan los horrores de la guerra, y se narran sus obstáculos sin narrar sus recursos, y se enumeran los elementos hostiles sin enumerar los amigos, en los instantes en que parece volver a pensar en la guerra el país? Si está al servicio del Gobierno español, no tiene derecho a que se considere desinteresado un libro que favorece indirectamente al Gobierno a quien sirve. Esto he dicho, y no más. Levántese el punto”.
El libro
Los datos de portada de este célebre libro son los siguientes:
A pie y descalzo. De Trinidad a Cuba. 1870-71 (Recuerdos de campaña). Por R. M. Roa. Ayudante secretario de Agramonte. Habana, Establecimiento Tipográfico, calle de O Reilly 9. 1890.

Acerca de la polémica que provocó la publicación de este libro, y las razones de José Martí para reprobarlo, puede leerse, de Luis Toledo Sande, el enjundioso ensayo “«A pie, y llegaremos». Sobre la polémica Martí-(Roa)-Collazo”, en José Martí, con el remo de proa, La Habana, Ed. de Ciencias Sociales, 1990, pp.257-339.
El autor

Ramón Roa Gari (1844-1912) fue un patriota y escritor cubano. Estudió en el colegio La Empresa, de Matanzas. Muy joven fue al exilio por su oposición al régimen colonial. Participó en la Guerra de Restauración en Santo Domingo (1863-1865). Fue fundador de la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico en 1865 y secretario privado del presidente argentino Domingo F. Sarmiento.
Se incorporó al Ejército Libertador durante la Guerra de los Diez Años y alcanzó el grado de teniente coronel. Fue ayudante secretario de Ignacio Agramonte, Julio Sanguily y Máximo Gómez, y también secretario de Relaciones Exteriores y Hacienda del gobierno de Cuba en armas. Participó en las negociaciones del Pacto del Zanjón.
Después de 1878, Ramón Roa vivió en La Habana y en 1895 se radicó en Islas Canarias. Trabajó en cargos oficiales durante la República. Fue miembro de la Academia de la Historia de Cuba. Entre sus libros están Convenio del Zanjón (1878), Verdad sin ira (1908) e Ignacio Agramonte y Loynaz (1912).
