En la conocida calle Paseo, de La Habana, está ubicado un busto que rinde homenaje al científico matancero Carlos de la Torre y Huerta.

El naturalista y profesor universitario matancero Carlos de la Torre y Huerta, una de las cumbres de la ciencia cubana, ocupó el cargo de alcalde de La Habana del 8 de enero al 30 de mayo de 1902. Fue el cuarto cubano que tuvo esa responsabilidad tras el cese de la dominación española sobre Cuba el 1 de enero de 1899. No lo hizo por elección popular, sino por designación tras la renuncia de Miguel Gener Rincón, su antecesor.

Este dato biográfico de Carlos de la Torre es poco conocido y mencionado, aunque le otorgó un mérito indiscutible, pues le correspondió presidir los actos por el fin de la ocupación militar estadounidense y el establecimiento de la República de Cuba, el 20 de mayo de 1902. En ese momento, el científico era figura prominente del Partido Nacional Cubano, que llegó a presidir, agrupación que fundó Máximo Gómez. De la Torre renunció a la alcaldía habanera para ocupar un escaño en la Cámara de Representantes, para el cual había sido electo.

Carlos de la Torre y Huerta, el hijo de Matanzas que fue un sabio universal

Una calle, un paseo

La calle Paseo se localiza en la barriada del Vedado, en La Habana. En su momento marcó la división entre El Vedado y El Carmelo. A medida que avanzó la urbanización de esta zona, se consideró convertirla en una arteria importante dentro de la ciudad.

La idea de convertir la calle Paseo en Avenida de los Alcaldes, se propuso en una carta que envió la asociación de vecinos y propietarios de los barrios de Medina y Príncipe al alcalde de La Habana, en 1918. En ella solicitaban que la estatua del mayor general Alejando Rodríguez, primer alcalde electo que tuvo La Habana, fuera colocada en Paseo y no en la Avenida de los Presidentes, como se había sugerido. Esta agrupación ciudadana, que inició en 1914 el movimiento para declarar la calle G como Avenida de los Presidentes, propuso además lo siguiente:

“Inaugurada con la colocación de la estatua del general Rodríguez, esta preciosa calle (cuya anchura de 54 metros nada tiene que envidiar a la de la Avenida de los Presidentes) podría entonces llamarse oficialmente «Avenida de los Alcaldes» y en lo sucesivo se podrían levantar en ella las estatuas de los egregios varones que con sus méritos al frente del municipio se hiciesen dignos de tan alta recompensa”.

En definitiva, el 28 de septiembre de 1919 se inauguró la estatua ecuestre de Alejandro Rodríguez. Está erigida sobre un monumento clásico de granito rojo de Ravena, con figuras de bronce, original del escultor italiano Giovanni Nicolini. Al frente tiene una gran plataforma y sobre ella la estatua alegórica de la Guerra: Marte con casco, escudo y espada. Detrás se alza el pedestal, con dos grandes relieves de bronces.

Monumento al general Alejandro Rodríguez Velazco en la calle Paseo. Archivo del autor.

En 1924, según contó el periódico La Discusión, el concejal habanero Gerónimo Bericiartu presentó una moción en la Cámara Municipal, mediante la cual solicitó un crédito de 75 mil pesos para “…terminar las obras y embellecimiento de la Avenida de los Alcaldes (calle Paseo)…”. Más de veinte años después, en 1948, el diario Noticias de Hoy informó que el Ministerio de Obras Públicas tenía entre sus objetivos

“…las obras de construcción de la Avenida de los Alcaldes, antes Paseo en el Vedado. Esta obra se realiza en toda la extensión de dicha calle y es propósito de los dirigentes del Ministerio de Obras Públicas, que una vez terminada la pavimentación y atendidos los jardines, sembrados, árboles, etc., dicha Avenida sea digna rival de de Jos Presidentes, o calle G, situada en el propio barrio del Vedado”.

Sin embargo, la Avenida de los Alcaldes nunca fructificó según la idea original. Apenas hubo sitios dedicados a los alcaldes de la capital y fueron variadas las intenciones de remodelarla que jamás se cumplieron. Hoy, es poco conocida con ese nombre. Para el pueblo habanero y cubano sigue siendo la calle Paseo.

El busto

Vista del busto a Carlos de la Torre en la calle Paseo. Archivo del autor.

En 1948 la Asociación de Emigrados Revolucionarios hizo saber al alcalde de La Habana, Nicolás Castellanos, la intención de erigir un busto a Carlos de la Torre en la Avenida de los Alcaldes. La petición se sustentó en dos aspectos de la biografía del sabio matancero, quien aún vivía en esa fecha: formó parte de la emigración revolucionaria y fue alcalde de La Habana. Por tanto, era legítimo el homenaje que se pretendía tributar. El busto a Carlos de la Torre se ubicó exactamente en Avenida Paseo y calle 17, en el Vedado habanero.

El autor del busto fue el escultor y pintor cubano Mario Santí García. Este artista gozaba de reconocimiento desde muy joven. En 1939 ganó un premio nacional con un busto de José María Heredia y en 1945 con la escultura “A las madres”, ubicada en Cárdenas. Entre sus obras sobresale, además, el busto de Antonio Maceo, en Holguín. Participó en la erección del monumento funerario de José Martí en el Cementerio de Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba.

Esta obra de Mario Santí no fue el único busto de Carlos de la Torre que existió. El 8 de octubre de 1938 el Diario de la Marina informó lo siguiente:

“Un hermoso busto de don Carlos de la Torre, el sabio naturalista cubano, ha sido donado a la Secretaría de Educación. Es obra del escultor cubano Fernando Boada, becado del departamento, y ha sido modelado recientemente”.

Años después, en 1950, el senador Lomberto Díaz presentó una propuesta de ley dirigida a erigir dos bustos a Carlos de la Torre. Esto sucedió apenas un mes después de la muerte del famoso malacólogo. Según el proyecto de ley, se destinarían 20 mil pesos para ese proyecto, que consistiría en un busto en la Universidad de La Habana y otro en Viñales, Pinar del Río. Se desconoce si se logró concretar esta iniciativa.

Otra vista del busto a Carlos de la Torre en la calle Paseo. Archivo del autor.

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