La ofensiva militar contra Irán no solo está reconfigurando el tablero geopolítico, sino también acelerando de forma dramática la crisis climática global. Un análisis citado por The Guardian estima que en apenas 14 días el conflicto ha generado cerca de cinco millones de toneladas de CO₂, una cifra comparable a las emisiones anuales de decenas de países.
El informe describe cómo Asia Occidental se ha convertido en un epicentro de devastación ecológica producto de bombardeos masivos, el uso intensivo de drones y misiles, y los incendios en infraestructuras energéticas.
Solo la destrucción de infraestructura civil —unos 20.000 edificios dañados, según la Media Luna Roja iraní— habría generado 2,4 millones de toneladas de CO₂, concentrando una parte significativa del impacto ambiental.
El segundo factor más contaminante es el consumo masivo de combustible militar. Aeronaves, buques y vehículos habrían empleado entre 150 y 270 millones de litros de combustible en apenas dos semanas, generando alrededor de 529.000 toneladas de CO₂.
Destaca que los bombarderos de Estados Unidos despegaron incluso desde el oeste de Reino Unido para atacar objetivos en territorio iraní, ampliando considerablemente la huella de carbono del conflicto.
Uno de los impactos más severos proviene de los ataques a instalaciones energéticas. Entre 2,5 y 5,9 millones de barriles de petróleo se habrían incendiado, liberando cerca de 1,88 millones de toneladas de CO₂.
Las consecuencias fueron visibles en ciudades como Teherán, donde se reportaron densas nubes de humo y episodios de “lluvia negra”, evidenciando niveles extremos de contaminación.
La pérdida de equipamiento bélico también incrementa la huella ambiental del conflicto. La destrucción de aeronaves, buques de guerra y lanzadores de misiles generó unas 172.000 toneladas de emisiones, mientras que el uso intensivo de municiones —incluidos misiles, drones e interceptores— añadió otras 55.000 toneladas. (ALH)
