En 1881 se celebró la Exposición de Matanzas, el mayor evento expositor organizado en esta provincia.
La idea de celebrar una exposición agrícola, industrial, artística y científica en Matanzas fue propuesta por Carlos del Sol. La expuso con detalles ante la Sociedad El Ateneo, el 15 de enero de 1880 y tuvo una acogida muy favorable. Se nombró una comisión para estudiar el proyecto, que estuvo integrada por Gabriel de Castro Palomino, Benito Bordas e Ildefonso Estrada Zenea, a quien sustituyó el agrónomo Juan Bautista Jiménez. Este era el único con una experiencia previa en ese tipo de certámenes, pues formó parte de la Comisión Española de la Exposición de Londres de 1862.
Esta comisión elaboró el reglamento para la organización del evento y escogió como presidente de la Junta Central a Casimiro Gumá. A Jiménez se le nombró presidente de la Comisión Ejecutiva. La presidencia de honor recayó en el gobernador matancero Tomás Reyna. De inmediato se desplegaron todos los esfuerzos en conseguir los fondos necesarios, para lo cual, justo es decirlo, se movilizó la sociedad matancera casi en pleno.

El lugar
En un inicio se pensó realizar la exposición en los mismos locales del Ateneo, pero ante la magnitud que tomó el proyecto esa idea se desechó. Se concibió entonces realizarla en los terrenos del Palmar de Junco, donde mismo se había llevado a cabo la Feria Exposición Canaria de 1872. Se comisionó entonces a Pedro Celestino del Pandal, arquitecto municipal, quien presentó dos propuestas de edificios, de las cuales se aceptó la más económica.
En aquel momento, el Palmar de Junco, propiedad de Julio Ibarra, era una
“…extensa llanura de 52,875 metros cuadrados, que se halla al Sudeste de la ciudad extremo de Pueblo Nuevo y está limitada por el N. y el O. con las calles de San Ignacio y la Tenaza, y por el E. y el S. con las calzadas de San Luis y Esteban”.
El inmueble tendría diez edificios:
“…4 a la derecha de la entrada, 4 a la izquierda y 2 en los límites de la Exposición hacia la calle de la Tenaza”.
“Estos edificios miden 42 metros de largo, 8 metros 50 centímetros de ancho y 4 metros 50 centímetros de alto. Dos edificios de los de la izquierda y dos de los de la derecha están divididos en nueve departamentos cada uno, destinados a establecimientos. En el tercero de la derecha hay un restaurant, y en el cuarto un salón de baile”.
“A cada lado de los edificios principales de la Exposición se encuentra un kiosko, que mide 8 metros de diámetro. El de la derecha se ha destinado a una rifa de prendas y el de la izquierda a un despacho de lager beer”.
“Los dos edificios que se encuentran en los límites de la Exposición por la calle de la Tenaza, miden 50 metros de largo, 7 de ancho y 4.1 de altura. De estos edificios aquel que se encuentra a la izquierda saliendo por la puerta que está en el pabellón comprendido entre el edificio de Maquinaria y el de Industria, se ha destinado a establos”.
Además, la Exposición contaría con un hipódromo y varios parques y lagos. El fotógrafo matancero Francisco J. Ferrer fue el encargado de tomas las imágenes oficiales del evento. El horario para recibir público era desde las 8.30 de la mañana hasta las 11 de la noche.

Organización
En las instrucciones organizativas del evento se precisó lo siguiente:
“La Exposición se denominará: Exposición de Matanzas. Comprenderá todos los objetos relacionados con las Ciencias, Artes, Agricultura e Industria, para lo cual estará el local dividido en las cuatro secciones siguientes: Sección 1a-Agricultura. 2a-Industria. 3a-Ciencias. 4a-Bellas Artes”.
Se estableció que el evento quedaría inaugurado el 19 de noviembre de 1880 y se cerraría el 30 del mismo mes. Se logró que el gobierno concediera la exención de derechos de importación para los objetos que vinieran a la Exposición desde el extranjero. Varias líneas de vapores y ferrocarriles se comprometieron a transportar gratis los envíos dirigidos al evento. Sin embargo, debido a varios factores, entre ellos unos incendios en las instalaciones, la Exposición de Matanzas se inauguró el 3 de abril de 1881 y estuvo activa hasta el 3 de julio.
Sobre la admisión de muestras para exponer, se planteó:
“Se admitirán los productos de Puerto Rico, Cuba y de más provincias españolas, y los extranjeros que tengan aplicación a nuestra agricultura e industria, o que más directamente se rocen con nuestras necesidades intelectuales y morales”.
Se precisó que
“Los objetos que vengan a la Exposición traerán una tarjeta con el nombre del expositor y lugar de donde procedan”.
Acerca de los premios se informó que
“…consistirán en MEDALLAS DE ORO, DE PLATA Y DE BRONCE Y DIPLOMAS DE HONOR; sin perjuicio de los que las corporaciones populares y científicas se sirvan consignar”.
Desde los inicios los organizadores debieron enfrentar múltiples dificultades. Debido al gran número de expositores, que obligó a ampliar los edificios, como al retraso en la llegada de las maderas encargadas a los Estados Unidos, la fecha de apertura fue aplazada para el 20 de diciembre.
Aunque en las secciones de agricultura e industrias la ciencia también tuvo su espacio, la sección destinada específicamente a esta actividad se dividió en:
“Clase 1ª.-Objetos relacionados con los estudios científicos.
A.-Colecciones de historia natural у ciencias naturales, física, etc.
Clase 2ª.-Educacion.
A.-Obras de educación y aplicaciones a dichos ramos.
B.-Libros y mapas.
C.-Avíos de escuela, accesorios y aparatos.
D.-Colecciones para desarrollar el método objetivo.
E.-Aplicaciones gimnásticas y juguetes.
F.-Aparatos de física y química.
G.-Pedagogía.
H.-Obras didácticas.
Clase 3ª.-Arqueología”.
La Galería de Ciencias se describió de la forma siguiente:
“Es la que está situada a la izquierda del Vestíbulo, mide 28 metros de longitud, 12 de ancho y 8 de altura desde el piso hasta las llaves. Esta Galería, como las otras, tiene el número de vidrieras suficientes para dar paso a la luz necesaria. En la parte media del ala de la derecha hay una puerta que da al Jardín de Aclimatación…”.
En el libro que escribió a propósito del evento, Domingo Figarola Caneda mencionó lo más relevante que observó en esta galería:
“En la Galeria de Ciencias encontramos una preciosa colección de ágatas, perteneciente al ilustrado y naturalista matancero D. Francisco Jimeno, las diferentes colecciones de maderas cubanas, la Flora Cubana, la que, en unión de otras colecciones hoy expuestas en el Certamen, figuraron con distinción en la Exposición de París de 1867, y, por último, la colección de minerales del Colegio Escolapios de Guanabacoa”.

Los premios
El jurado de la Exposición de Matanzas lo presidió, con carácter honorífico, el gobernador Tomás Reyna. Como presidente efectivo trabajó el gran bibliógrafo cubano Antonio Bachiller y Morales. Los vicepresidentes fueron Francisco Jimeno y Francisco de Zayas. Entre los vocales aparecían nombre muy conocidos, como Enrique José Varona, José María Zayas, Joaquín Barnet, Claudio Dumás, Sebastián A. de Morales, Pedro M. Cartaya, entre otros.

Se entregaron múltiples premios, que hacen que listarlos sea imposible en este espacio. Uno de los más mencionados lo ha sido la medalla de plata que alcanzó el joven Carlos de la Torre por su colección de caracoles cubanos, primero de su larga y fructífera vida. También obtuvo medalla de oro la Revista de Cuba, emblemática publicación habanera de la época.
De la parte industrial sobresalieron los premios a reconocidas marcas de tabacos y cigarros, en diversas modalidades. También aparatos fabriles vinculados a la producción azucarera. Productos comestibles y farmacéuticos fueron igualmente reconocidos. Varios libros de texto para las escuelas, escritos por cubanos, recibieron medallas. Lo mismo sucedió con numerosas marcas de vinos y aceites españoles. Esta es solo una sucinta idea de los premios que se entregaron.
Balance
Aunque que volvió a abrir sus puertas en noviembre de 1881, la Exposición de Matanzas cumplió sus objetivos. No obstante, fue un fracaso económico, pues no aportó las ganancias que se esperaban, para poder compensar los gastos asumidos por los organizadores. Por esta razón se ha escrito que fue el “canto de cisne” de la burguesía matancera en el siglo XIX.
Estos son los análisis más contemporáneos, a 145 años de aquel acontecimiento. Queda, sin embargo, el orgullo que vivieron los protagonistas, al ver representadas, en un breve espacio físico, muchas de las riquezas que producía su patria. Así lo reflejó el agrónomo Juan Bautista Jiménez en el artículo que tituló “La Exposición de Matanzas de 1881, y su significación en el progreso intelectual y material del país”. Estas fueron algunas de sus palabras:
“La Exposición de Matanzas nos ha demostrado en ese Jurado que, con tanto tino, con tanta escrupulosidad, con tan buen criterio ha sabido distribuir los premios, «a cada uno según su mérito» que tenemos un núcleo de hombres de ciencias, capaces de levantar sobre sus hombros, cuando los anima una idea noble y generosa, las más altas y al parecer irrealizables empresas. Porque confesémoslo con franqueza, uno de los escollos más difíciles con que creíamos tropezaría la Exposición era el Jurado, para el que no escatimamos los aplausos por lo airoso y justicieramente que ha llenado su cometido. Multipliquemos por consiguiente las Exposiciones, ora sean nacionales, ora sean regionales, y veréis seguramente que los que sienten arder en sus pechos el verdadero amor a la patria, a la que dedican generosamente su inteligencia y su entusiasmo ardiente y sincero y que los que «animados por la noble emulación» del Arte y de la Industria, de las Ciencias y de la Agricultura, acuden solícitos a prestar su valioso concurso, multiplican también sus esfuerzos, que al trabajar por su propio bien, trabajan en definitiva en provecho del bienestar y de la felicidad de estas provincias”.
“Aquí tenéis en tosca forma el resultado práctico de la Exposición de Matanzas. ¿Qué hay mucho todavía que hacer? ¿Qué estamos en la infancia de las ciencias, de las artes y de la industria? ¿Quién lo duda? Pero ella nos demuestra que valemos más de lo que creemos, que solo necesitamos sacudir esa apatía que nos consume, para entrar de lleno en la senda que nos marca el progreso y la civilización”.

