El 1 de enero de 1913 salió el primer número de Cuba Contemporánea, una revista que hizo época.

En abril de 1909, se reunieron en el Ateneo de La Habana los jóvenes escritores Carlos de Velasco, Cristino F. Cowan, Luis Marino Pérez, Mario Guiral Moreno y Julio Villoldo, promotor del encuentro. El propósito, fundar una revista sobre la estética de las ciudades, no se pudo materializar en ese momento. Dos años después se volvió a retomar el proyecto, con algunos cambios. A finales de 1911 ya todo estaba decidido.

Carlos de Velazco presentó el programa de la revista en agosto de 1912, para la cual propuso el nombre de Cuba Contemporánea, que fue aceptado. Nuevos nombres se incorporaron al proyecto, como José Sixto de Sola, Max Henríquez Ureña y Ricardo Sarabasa. El 1 de enero de 1913 estaba listo el primer número en manos de los lectores, con Carlos de Velazco como director.

Bases de una revista

En el “Programa”, que inició el primer número de Cuba Contemporánea, Carlos de Velazco expresó:

“Las páginas de CUBA CONTEMPORÁNEA quedan abiertas a todas las orientaciones del espíritu moderno, sin otra limitación que la impuesta por el respeto a las opiniones ajenas, a las personas y a la sociedad, sin más requisito que el exigido por las reglas del buen decir: he ahí nuestro programa”.

Después de destacar la ausencia de revistas que motivaran a la reflexión de los problemas cubanos, más allá de los periódicos diarios y semanarios, añadió:

“Información general de todo lo que pueda interesarnos en cualesquiera de los múltiples aspectos de la inquieta vida de las actuales sociedades; noticia extensa o breve, según la importancia de cada libro y las condiciones del momento, de cuantas obras se publiquen en Cuba y fuera de ella, especialmente en lengua castellana y atañederas a nuestra historia, así como a la del resto de América; inserción de documentos antiguos y modernos que con la de Cuba se relacionen, y, en particular, expresa dedicación al estudio de nuestros problemas en lo administrativo, en lo político, en lo moral y social, en lo económico, en lo religioso: tales son los asuntos que preferentemente ocuparán estas páginas”.

Destacó, además, que la nueva publicación surgía

“…sin exclusivismos de ninguna especie, no tiene compromisos de ninguna clase, ni abriga la presunción de imponer su criterio. Lo único que impone es la condición, ineludible, de que todos los trabajos sean firmados por sus respectivos autores, ya con su propio nombre o ya con seudónimo, siempre que, en este caso, la persona del autor se nos dé a conocer. Y empiezan por dar el ejemplo quienes la fundan: fuera de ciertas breves notas editoriales, el mismo director de ella está obligado a estampar su firma al pie de los artículos suyos que aquí vean la luz. Que cada cual tenga el valor de responder de cuanto escriba”.

Tras esta declaración ejemplar de honestidad intelectual, resaltó que

“Careceremos de conocimientos bastantes, pero sóbranos voluntad y honradez de pensamiento y de acción. Están nuestras conciencias tan limpias como nuestras manos. Seremos, tal vez, inexpertos; pero abundamos en buenos deseos de ser útiles a nuestros compatricios y al país, como creemos que debe ser útil todo ciudadano a su patria: con la rectitud, la honestidad del propósito por norma. Podremos errar, pero no a sabiendas. Y si se nos demuestra el error, no seremos sordos a las advertencias nobles ni desatenderemos el consejo leal de quienes saben más que nosotros”.

En el párrafo final señaló:

“A éstos, pues, y a cuantos quieran exponer sus ideas en relación con los difíciles problemas interiores y exteriores de nuestro país, pues la vida internacional de Cuba tiene también para nosotros excepcional importancia, pedimos apoyo y cooperación; apoyo y cooperación que a la vez impetramos, y esperamos, de quienes constituyen esa esfinge que se llama público”.

Presencia matancera

En las páginas de Cuba Contemporánea aparecen los nombres de renombrados autores nacidos en Matanzas. Algunos eran figuras fallecidas, cuyos trabajos clásicos dieron prestigio a la publicación. Otros, relevantes personalidades de la ciencia o la política, con un nombre ya conocido. La mayoría, jóvenes que formaron parte, como los redactores de la revista, de la primera generación republicana.

Portada del primer tomo de Cuba Contemporánea. Archivo del autor.

Varios poetas matanceros dieron a conocer su obra en Cuba Contemporánea. Fue el caso de Agustín Acosta con “Poesías” (1925) y Arturo Alfonso Roselló, autor de “En nombre de la noche”. De este último también fue el artículo “Federico de Ibarzabal”. A su vez, de María Villar Buceta se publicó “Poesías selectas” (1922). Del incansable erudito yumurino Emilio Blanchet, se publicaron dos ensayos sobre figuras relevantes de la cultura cubana. Estas fueron “Heredia” (1913) y “Domingo del Monte como poeta y literato” (1914). Este último lo premió el Colegio de Abogados de La Habana en 1908.

El historiador y publicista cardenense Roque E. Garrigó publicó, en la revista la crítica bibliográfica de la novela Las primeras espigas, de José María del Hogar (1925), y de los libros Juan Bruno Zayas (1925), por Gerardo Castellanos, y Ensayos de divulgación histórica, por René Lufriu (1925). La conferencia “Juan Clemente Zenea”, que pronunció en el Ateneo de Cienfuegos el 25 de agosto de 1926, se publicó en la revista Cuba Contemporánea, ese mismo año. Se le adicionó la traducción del inglés al español, realizada por Carlos Loveira, de la causa seguida contra Zenea.

Personalidades de la política y la literatura cubana del siglo XIX tuvieron su espacio en Cuba Contemporánea. Del ex autonomista matancero y constituyente de 1901, Eliseo Giberga se publicaron “La abstención presidencial: el artículo 62 de la Constitución” (1915), “Las ideas políticas en Cuba durante el siglo XIX” (1916) y “El parlamentarismo en la Constitución cubana” (1919). La “Noticia preliminar de una antología de poetas cubanos” (1914), del periodista Ricardo del Monte, célebre por sus campanas autonomistas en los periódicos El Triunfo y El País, también se dio a conocer.

De Luis Estévez y Romero, primer vicepresidente de la República en 1902, se publicó “Los Evangelios: el Santo Evangelio de nuestro señor Jesucristo, según San Mateo” (1920). Otro caso fue el de Domingo Méndez Capote, cardenense que fue general del Ejército Libertador y presidente de las Asambleas Constituyentes de 1897 y 1901. De su autoría se insertó uno de sus ensayos más conocidos “El derecho de la Revolución Cubana” (1917).

Carlos de Velazco, primer director de Cuba Contemporánea. Archivo del autor.

Pedro José Guiteras, uno de los historiadores clásicos de Matanzas y de Cuba, estuvo representado en el estudio “Vida de poetas cubanos” (1927). Aunque ya se habían conocer algunas partes de este trabajo, esta fue la primera vez que se editó de forma íntegra, con un “Proemio” a cargo de Julio Villoldo Bertrán. Esta obra no se volvió a publicar, esta vez en formato de libro, hasta 2001, en una edición de la Academia Cubana de la Lengua.

Los filósofos matanceros Alberto Lamar Schweyer y Fernando Lles Berdayes tuvieron un espacio en las páginas de Cuba Contemporánea. Del primero, “La filosofía del porvenir” (1922), uno de los trabajos iniciales de Lamar. En el caso de Lles, fue publicado su ensayo “Gedeón y las conjeturas” (1926). José Isaac del Corral, ingeniero, geólogo y defensor de la naturaleza cubana, dio a conocer dos de sus trabajos más reconocidos. Estos fueron “Investigaciones sobre e petróleo en Cuba” (1921) y “Los manglares cubanos” (1927).

El ensayista y profesor universitario Salvador Salazar, nacido en la ciudad de Colón, fue otro de los matanceros que publicó en la revista Cuba Contemporánea. Cuatro de sus conferencias pudieron ser leídas en las páginas de esta publicación. Estas fueron “Rafael María de Mendive” (1915), “Martí” (1918), “Justo de Lara” (1920) y “Shakespeare, pensador; su filosofía a través de su obra” (1923). De otro matancero, Emilio Gaspar Rodríguez, se insertó “El vencedor de la muerte” (1924), fragmento traducido del libro Eca de Queiroz, de Anatolio Cabral.

Mario Guiral Moreno, segundo y último director de Cuba Contemporánea. Archivo del autor.

Una de las grandes personalidades de la ciencia matancera y cubana, el médico Juan Santos Fernández, presidente de la Academia de Ciencias de La Habana, también publicó en Cuba Contemporánea. Trabajos científicos como “Las especialidades en las ciencias, y sobre todo en la medicina” (1913), “Un médico de Napoleón I, que ejerció de oculista en la Habana en 1835” (1913), “El reflejo del ojo del gato en el hombre sano” (1914) y “La vida rural” (1915). Además, demostró cualidades como crítico en “Un nuevo libro de Gabriel Zendegui” (1920), sobre Sones de la lira inglesa.

Por último, hay que mencionar al bibliógrafo e historiador Carlos M. Trelles, prestigiosa figura de la ciencia matancera. De su labor infatigable se publicaron “Nicolás Heredia revolucionario” (1916), “La instrucción primaria de Cuba comparada con la de algunos otros países” (1923), “bibliografía de autores de la raza de color, de Cuba” (1927) y “La ciudad y la provincia de Matanzas durante la República” (1927).

Fin de una revista

En 1921 se nombró a Mario Guiral Moreno como director de Cuba Contemporánea, labor que realizó hasta 1927. En agosto de este año, debido a motivos de orden económico, dejó de publicarse la revista. Se habían publicado 176 números, de más de ochenta páginas cada uno, en cuarenta y cuatro volúmenes.

Años después, al hacer un balance de la labor realizada, Mario Guiral Moreno destacó, entre otros, estos dos aspectos:

“…todos los problemas que afectan a Cuba en los órdenes político, económico, religioso, social e internacional, sin descuidar los asuntos puramente literarios y de carácter histórico, fueron abordados, estudiados y amplia mente discutidos, muchos de ellos desde varios y muy distintos aspectos”.

“Fue también nuestra publicación portaestandarte y paladín del punto de vista netamente cubano en lo atañadero al problema de la independencia nacional, puntualizando y reivindicando en numerosos escritos debidos a las plumas de redactores y colabora dores, los derechos de Cuba al libre ejercicio de su soberanía, limitada en aquella época por la injerencia extranjera en nuestros asuntos internos…”.

Continuadora, como se expresó en una ocasión, de revistas célebres como Revista de Cuba y Revista Cubana, Cuba Contemporánea fue expresión de una época. Representó un gran esfuerzo intelectual para las condiciones en que le correspondió desenvolverse. Puso en alto el nombre de Cuba, en particular el de su juventud estudiosa, en momentos en que era cuestionada nuestra aptitud para la vida como país independiente. En cualquier balance que se haga de su trascendencia, esto no puede ser olvidado. En ese patriótico empeño contribuyeron varios escritores matanceros. (ALH)

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