El afamado naturalista matancero Carlos de la Torre y Huerta también rindió tributo a las musas.
Con una obra gigantesca como científico, tanto en las ciencias naturales como en la pedagogía, Carlos de la Torre y Huerta también fue autor de varios poemas. Esta faceta de su vida ha sido muy poco estudiada y es casi desconocida. Esos poemas fueron rescatados para la posteridad por su agradecido discípulo José Álvarez Conde en el libro Don Carlos: vida de un naturalista (1958). Allí pueden leerse los poemas que escribió el sabio matancero.
Carlos de la Torre y Huerta, el hijo de Matanzas que fue un sabio universal
Los poemas
Aunque existen otros, estos poemas de Carlos de la Torre merecen ser conocidos. Se vinculan a la naturaleza y a su visita a Santa Clara en 1895:
Cantos de la naturaleza sudamericana
“Goza América libre y floreciente
los ricos dones de su virgen tierra,
y orgulloso y feliz, en paz o en guerra,
alza en los Andes la gloriosa frente”.
“¡El Amazonas, colosal torrente,
gigantes Ninfeas en su lecho encierra,
y la bravura del jaguar aterra
al infelice, que su fin presiente… !”
“El cocodrilo su botín reclama;
huye el potro en las pampas, perseguido
de los gauchos audaces por el lazo,
y al contemplar el vasto panorama
bate el cóndor sus alas, atrevido,
en la cumbre imperial del Chimborazo!”.
Al Niágara. Rememorando a Heredia
“Niagara caudaloso y turbulento
que en raudo giro sin cesar te agitas,
y al abismo tus aguas precipitas
en torbellinos de sublime acento”.
“Contra las rocas al chocar violento
al ronco mar enfurecido imitas,
y al contemplar tus ondas infinitas
viva emoción embarga el pensamiento”.
“De pronto surge una visión alada
que un himno entona entre el agreste pino;
es el canto del bardo peregrino”.
“¡Repita el eco esa canción amada!
¡De Heredia el nombre hasta los cielos suba!
¡Gloria al Genio inmortal y Gloria a Cuba!».
(Junio, 1893).
Las golondrinas
“Los alambres del telégrafo
un pentagrama semejan,
en donde las golondrinas
escriben con notas tiernas,
el Himno de la mañana
que es de amores un poema”.
“A los hilos mensajeros
parecen confiar inquieta,
en medio de alegres cantos
sus nostálgicas endechas…
¡Dulces recuerdos de ausentes,
que el fluido eléctrico lleva
a sus hogares perdidos,
entre las brumas y nieblas
que cierran los horizontes
de aquellas lejanas tierras
que a las infelices aves
todos los años ahuyentan!”.
Cantos de la naturaleza. Selección sexual
“Al despuntar los rayos precursores
Que en el Oriente anuncian la mañana,
En una selva virgen y lozana
Preludian su canción los ruiseñores”.
“Coro feliz de amantes trovadores
Por conquistar el lauro se engalana,
Y a su dueña fértil y soberana
En dulces trinos cuenta sus amores”.
“Tan inefable y tierna melodía
De la hembra el corazón ha cautivado,
Y en medio de raudales de armonía,
Rendida de pasión se entrega al hado…”.
“¡Nada a torcer su fallo alcanzaría…!
¡El que canta mejor, ése ha triunfado!”.
Carolus. Abril, 1893.
Villa Clara
“Se alza Cubanacán en la sabana
de Cerro Calvo y Peña Blanca en frente,
y bajo el rayo de su sol ardiente
lucen las pencas en la palma cana”.
“Lejos del mundo y de su pompa vana
guarda en secreto su valor latente,
y hondos anhelos de vengan siente
ante el recuerdo de su estirpe indiana”.
“¡Rumor de guerra hasta sus lomas llega;
en la orilla del Bélico congrega
sus hijos, dignos de la heroica Esparta”.
“En la risueña cumbre del Capiro
se oye el grito de guerra del guajiro,
y se hace libre la ciudad de Marta!”.
(febrero de 1895)
