El doctor Adolfo Valhuerdi Cardeñas ejerció como médico en territorio matancero por más de cuarenta años.

En la historia de la medicina matancera hay varios apellidos ilustres, que reflejan una tradición familiar que sobresale por la profesionalidad y el conocimiento. Son muy conocidos los Font, Pancorbo y Carnot, entre otros. Uno de los más relevantes es el apellido Valhuerdi.

Médico ejemplar

En el pueblo de San Antonio de Cabezas, Matanzas, nació Adolfo Francisco Manuel de la Caridad Valhuerdi Cardeñas, el 29 de enero de 1853. Estudió en el Colegio San Anacleto, en La Habana, que dirigía el destacado educador Rafael Sixto Casado. Por sus resultados sobresalientes recibió como premio, en varias oportunidades, la medalla dorada. También alcanzó premios por su aplicación.

Adolfo Valhuerdi, al centro, con sus condiscípulos Alfonso Reyes y Arturo Fajardo, al graduarse en 1879. Archivo del autor.

Inició estudios de medicina en 1872 en la Universidad de La Habana, donde se graduó de Licenciado en Medicina y Cirugía el 18 de junio de 1879. Al mismo tiempo que cursó la carrera de medicina, Adolfo Valhuerdi impartió clases en el Colegio Casa de Educación en La Habana. Este centro era dirigido por José Hernández Mederos y el también médico matancero Tomás Agustín Plasencia. Aquí, coincidió con José Martí, que formó parte del claustro docente de esta institución.

Portada del libro publicado por Adolfo Valhuerdi en 1887. Archivo del autor.

De regreso a Matanzas, Adolfo Valhuerdi trabajó como médico en Guamacaro, Limonar, donde fue profesor de medicina en 1882 y secretario de la Junta Local de Sanidad en 1883. Ejerció además en Sabanilla del Encomendador, donde llegó a ser concejal por el Partido Liberal Autonomista, y después en Matanzas. Recibió formación en medicina homeopática en Nueva York durante algún tiempo. En 1901 se le nombró médico municipal auxiliar en Matanzas.

Dentro de la obra científica de Adolfo Valhuerdi sobresalió el reporte Un caso de embarazo extrauterino (1887), que se publicó en la revista Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana y después como libro. En el Primer Congreso Médico Nacional, celebrado en 1905, presentó una ponencia que tituló “Sarcomatosis primitiva difusa de la piel”. En el primero de estos trabajos, destacó el deber que “…la ciencia impone a todos los que cultivamos sus fértiles campos con verdadero amor y vocación decidida”.

Adolfo Valhuerdi estuvo entre los fundadores, en 1921, de la revista Médica. En torno a esta publicación se agruparon jóvenes médicos matanceros, como Mario E. Dihigo y Oscar Forest, entre otros. El doctor Valhuerdi y también Julio Ortiz Coffigny, los más veteranos, aportaron su largo tiempo de experiencia en el ejercicio de la medicina al entusiasta colectivo, que mantuvo por varios años la publicación con un alto nivel científico y estético.

Una ciudad en duelo

Entregado por entero a su profesión, Adolfo Valhuerdi falleció en Matanzas el 30 de julio de 1924, a los 71 años. Había sido atendido, de forma permanente y dedicada, por su médico de cabecera, el célebre médico yumurino Armando Carnot.

Su muerte fue un acontecimiento triste para la ciudad. Así lo reflejó Manolo Jarquín, corresponsal del Diario de la Marina, en la sección “Matanceras” del día siguiente:

“Nombre sin tacha. De hombre sin mácula, de ciudadano ejemplarísimo, de modelo de caballeros y sinónimo de todas las virtudes. Así el médico que ha muerto. Un corazón como pocos, un alma abierta siempre a todas las bondades, una conciencia limpia y una ejecutoria sin igual. Inmaculado el doctor Adolfo Valhuerdi. En quien se aunaban en el consorcio más hermoso, más grande, cualidades, dotes y virtudes, que le reconocen todos. Fue un padre de familia excelente, fue un médico filántropo y desinteresado, desde el pedestal de su fama y su prestigio, fue como amigo, el más consecuente y el más leal de los hombres, y fue, también, como ciudadano, de los que honran la Patria, la prestigian y la enaltecen”.

“Su muerte, pues, es un duelo. Es un sudario de dolor que envuelve hoy a toda Matanzas, que enluta todos los hogares y aflige todos los pechos. Luchador incansable, Adolfo Valhuerdi ha muerto en plena lucha. No hace un mes aún, rendido por todas las fatigas, por todos los achaques y todos los dolores, abandonó la profesión, de la que hizo un culto, para tomar un descanso que él creyó sólo un paréntesis y que ha sido eterno. Trabajó hasta los últimos instantes de su vida. Y trabajó para los suyos, para esa familia que era su adoración, para este pueblo que era también su idolatría, para esta sociedad a la que todo lo dedicó”.

“Por eso, al divulgarse ayer la nueva del fallecimiento de Valhuerdi, a lo alto de la Cumbre, a la distante y elevada cuesta, acudieron el unísono, amigos, clientes y el ejército de agradecidos al que tanto bien hizo por los que tanto se sacrificó. Su cadáver, traído desde la quinta donde pasaba el verano a su residencia de la calle Independencia, fue seguido a pie por el pueblo, fue acompañado por centenares de amigos, de familiares, de admiradores”.

“De cuerpo presente en el que fue su santuario, el hogar de sus amores, ha convertido aquella casa en un jardín fragante. Las flores todas de la ciudad, cuanto hay en los jardines matanceros de bello y hermoso, están en la capilla ardiente de Valhuerdi. Como la última ofrenda, como el último homenaje”. (…) “Lleven estas líneas hasta la familia afligida del buen médico, del jefe sin tacha de los de ese nombre, del ejemplarísimo ciudadano que acaba de perder Matanzas, mi expresión muy sincera de condolencia”.

Caricatura del doctor Adolfo Valhuerdi publicada en la revista Médica. Archivo del autor.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *