El escritor Ildefonso Estrada y Zenea vivió en Matanzas y dejó una extensa obra pedagógica.

En 1912, al conocer la muerte de su amigo Ildefonso Estrada y Zenea, el bibliógrafo Domingo Figarola Caneda escribió en la Revista de la Biblioteca Nacional:

“Su actividad fue a todas luces excepcional. Nadie en Cuba y en Méjico fundó tantos periódicos, escuelas y colegios como él, ni fomentó asociaciones, ni organizó sociedades, ni promovió actos públicos de carácter cívico, ni, por último, dio a luz mayor número de producciones en forma de libro. Pero, por desgracia, esa misma actividad de puro nervioso, que no le permitía media hora de tranquilidad ni de quietud, le impidió siempre meditar lo necesario sus proyectos, y mucho menos estudiar todo lo conveniente aquellos asuntos objeto de sus trabajos didácticos y literarios. De aquí, pues, que, siendo numerosa su producción, bibliográficamente considerada, con rara excepción no es ella más que una serie de folletos, y de folletos de los de menos páginas, tratando ya de historia, ya de ciencias, ya de amena literatura, ya de pedagogía; pero con tal carencia de plan o de método, con tal ligereza y precipitación en la forma y en el fondo, que harto se evidencia a la simple lectura cómo el autor llevó al papel, y sin meditación ni consulta de libros, la idea concebida, enviando inmediatamente su obra a la imprenta, y de aquí a las manos del público”.

“Pero sin duda que nada de esto puede hacer que se desconozca toda la labor intelectual en que Estrada y Zenea invirtió la mayor parte de su larga vida, siempre entusiasta, y constante por contribuir al progreso de la enseñanza”.

¿Quién fue este hombre, que hoy es casi un desconocido en Matanzas? ¿Cuál fue su obra?

Cuba, Matanzas, México

En la ciudad capital de la colonia, La Habana, nació Ildefonso Estrada y Zenea el 23 de enero de 1826 Allí hizo los primeros estudios y alcanzó el grado de Bachiller en Artes. Realizó un breve viaje a España en 1848 y, al volver estuvo implicado en el proceso contra Eduardo Facciolo y Juan Bellido de Luna por la impresión del periódico subversivo La Voz del Pueblo Cubano. Quizás esta fue la causa que le hizo establecerse en Matanzas tras salir absuelto.

Portada del libro Mi labor. Archivo del autor.

Residió en Matanzas entre 1858 y 1867, lugar donde desarrolló una amplia labor vinculada a la educación. Desempeñó los cargos de vocal y secretario de la Comisión de Instrucción Primaria (1863). Fue fundador y catedrático del Instituto de Aplicación en 1864, que al año siguiente se convirtió en Instituto de Segunda Enseñanza. Fundó las escuelas nocturnas para artesanos, fue inspector de las escuelas municipales y creó los actos públicos para la repartición de premios entre los alumnos de esas escuelas.

Dirigió durante un período la Biblioteca Pública de Matanzas. Fue secretario contador de la sociedad anónima que construyó el Teatro Esteban, hoy Sauto; de la Diputación Patriótica y de la Junta de Instrucción Pública. Elaboró en 1861 los estatutos del Liceo de Matanzas. Presidió la Sociedad El Recreo de Pueblo Nuevo, donde prestó atención a la educación de niños pobres. Fundó en el barrio de Versalles la Escuela de Niñas Nuestra Señora de las Mercedes.

En 1861 fue premiado, con medalla de plata impuesta por la Avellaneda en El Liceo de La Habana, su romance de costumbres cubanas El Guajiro. Pasó a residir en La Habana en 1868. Durante la Guerra de los Diez Años emigró a México debido a sus sentimientos revolucionarios. En este país volvió a sobresalir por su dedicación a la instrucción pública. El 11 de noviembre de 1871 el presidente Benito Juárez le concedió la ciudadanía mexicana.

Permaneció en México de 1869 a 1878. Fundó las escuelas del ejército y fue nominado miembro honorario de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. El 20 de julio de 1878 recibió, de manos del general Porfirio Díaz, presidente de México, la medalla de plata de primera clase con la que se premiaron sus obras pedagógicas en la Exposición del Estado de Aguascalientes. Este acto solemne se realizó en el salón de sesiones del Gran Círculo Nacional de Obreros de México.

En México trabajó como director inspector de las Escuelas Primarias Elementales del Ejército (1870). Dirigió la Escuela de Niños y Niñas del Hospicio Zamora, en la ciudad de Veracruz (1871). Fundó y dirigió en Campeche el Colegio El Porvenir (1876). Fue profesor de historia y literatura en el Colegio Militar de México en 1876. Se desempeñó como segundo profesor, catedrático y director interino de la Escuela Nacional Superior Número 2, en la ciudad de México (1876-1877).

Portada del libro sobre el nuevo puente sobre el río San Juan. Archivo del autor.

Ildefonso Estrada y Zenea retornó a Cuba en 1878 y siguió su labor como promotor de la educación. Colaboró con numerosas publicaciones periódicas de la época. Fue miembros numerario o corresponsal de numerosas instituciones cubanas y mexicanas. Regresó a México a mediados de los años 80. Entonces ocupó el cargo de director de la Escuela Nacional Superior Número 1, de la prefectura de Xochimilco (1886) y de la Escuela Nacional Primaria Superior Número 7, en la ciudad de México (1897).

Tras el fin de la dominación española volvió a Cuba por breve tiempo, pero, decepcionado, salió del país para establecerse nuevamente en Ciudad México. Allí ocurrió su muerte el 2 de diciembre de 1911. Aunque algunas fuentes refieren que falleció en 1912, lo real es que sucedió en la fecha indicada. Así lo recogió Domingo Figarola Caneda, quien lo supo casi un año después. En la sección “Baturrillo”, del Diario de la Marina, el escritor Joaquín N. Aramburo dio a conocer la infausta noticia el 8 de diciembre de 1911. En este momento escribió:

“Ha muerto en Tacubaya, muy lejos de la patria, un talentoso cubano que fue mi amigo: Ildefonso Estrada y Zenea, primo del poeta ilustre, y literato distinguido él también”.

“Profesor del antiguo colegio que fue honor de Matanzas, alma de aquel brillante Ateneo que fiestas tan hermosas celebró, redactor de varios periódicos, apenas hubo, durante un largo lapso de tiempo, manifestación alguna de cultura y progreso en la bella ciudad de los dos ríos, a que no fuese unido el nombre de Ildefonso. Sus artículos formarían legión; sus libros fueron muy celebrados”.

“Lo conocí casi en el ocaso de la vida. Pero, aún en ese ocaso, para otros sombrío, su carácter se erguía, rebelde, contra la acción de los años. Teñido el cabello, perfumado y fresco el cutis, erecto el talle, elegante el traje y vivo el andar, diríasele en plena juventud. Y su cerebro seguía joven efectivamente”.

“Al estallar la revolución, o días antes, huyó a México. Y aquel tirano, aquel déspota, de quien han dicho tales cosas plumas de cubanos desagradecidos, Porfirio Díaz, abrióle los brazos como a otros paisanos míos y le puso al frente de la escuela número uno de Distrito Federal, donde prestó servicios muy estimables a la niñez mexicana”.

“Duerma en paz, bajo tierra amigo, el literato matancero Estrada y Zenea”.

Edición matancera del Diccionario de los niños. Archivo del autor.

Dentro de la amplia producción bibliográfica de Ildefonso Estrada y Zenea pueden citarse varias obras didácticas. Es el caso de Diccionario de los niños (1869), Panorama de las ciencias, de las letras y de las artes (1875) y Enseñanza objetiva. Manual de profesores y guía para el uso de las cajas enciclopédicas (1876). Fue célebre su Diccionario de los niños (1879), con pensamientos, máximas, consejos e instrucciones relativas a la educación de la juventud, con indicación de las reglas de urbanidad y buenas maneras para la vida social, y noticias sobre los más importantes descubrimientos en las ciencias, las artes y las letras.

También fue autor de Tratado de urbanidad y disciplina escolar (1905), Geografía poética de la República Mexicana (1905) y Academia de Profesores. Refutación al dictamen presentado por la Comisión de Moral sobre la obra titulada Tratado de urbanidad y disciplina escolar, escrito por el Profesor Ildefonso Estrada y Zenea (1905). Acerca de su desempeño como educador escribió Mi labor. Apuntes para la Historia de la Isla de Cuba y con particularidad para la de la Ciudad de Matanzas (1904). Otra obra suya fue Inauguración del nuevo puente de hierro sobre el río San Juan; verificada el día 20 de junio de 1896 bajo la dirección del ingeniero Bernardo de Granda y Callejas (1896).

Dos primicias

Ildefonso Estrada y Zenea es protagonista de dos primicias importantes en la historia literaria y educacional de Cuba. En 1868 fundó en Matanzas el periódico El Periquito, considerado la primera publicación periódica cubana dedicada exclusivamente a la niñez. Concebido como un “Periódico de los niños cuya lectura puede ser útil a muchos que ya han dejado de serlo”, tuvo una periodicidad semanal. Contenía cuentos, poemas, adivinanzas literarias y trabajos sobre ciencias, historia, filosofía y teología. Mantuvo la sección “Diccionario de los niños”, dedicada a la divulgación de preceptos morales, religiosos y sociales, así como instrucciones y máximas para desarrollar una buena educación. Tras su salida de Cuba, Ildefonso de Estrada y Zenea publicó una revista de igual título y objetivo en las ciudades mexicanas de Mérida, Campeche, Veracruz y Ciudad México.

Número de El Periquito editado en Mérida, México, 1870. Archivo del autor.

La otra primicia consiste en que Ildefonso de Estrada y Zenea introdujo en Cuba los kindergartens, en el año 1880. Algunos investigadores han puesto en duda ese dato, aunque hay evidencias que lo confirman. En el artículo “Kindergarten”, el Diario de Matanzas informó el 24 de enero de 1880 que el gobierno había aprobado la propuesta de Estrada y Zenea para crear un kindergarten en La Habana. Al mismo tiempo, lamentó que el importante hecho no ocurrió en Matanzas, por falta de apoyo del Ayuntamiento. Otro artículo, llamado también “Kindergarten”, apareció en la Revista Económica el 21 de marzo de 1880. En él se dio a conocer el nuevo centro escolar fundado por Estrada y Zenea en la Calzada del Cerro. Aunque es muy cierto que este tipo de enseñanza se generalizó en Cuba después de 1900, no se debe desconocer este legítimo antecedente.

Bien merece, a propósito de su bicentenario, que Ildefonso Estrada y Zenea sea recordado en Matanzas. La bella ciudad que tanto amó, donde nacieron sus hijos y trabajó sin descanso por la educación. (ALH)

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