En octubre de 1921 el Diario de la Marina publicó una descripción del primer viaje de tren de Hershey.

El tren de Hershey forma parte de la historia matancera y también de su cultura. Fue, al momento de su inauguración, considerado un adelanto tecnológico de primera línea. Representó, para generaciones de matanceros, un medio de transporte idóneo y económico. Aún se lamenta su ausencia, lamento que durará aún varias décadas. Sin embargo, jamás será olvidado. Para recordarnos su existencia están escritos como el titulado “El ferrocarril de Hershey”, que describió el primer viaje que realizó.

Inicio del texto escrito por Manolo Jarquín. Archivo del autor.

Este texto apareció en las páginas del célebre periódico habanero el día 25. Se debió a la autoría del periodista y poeta Manolo Jarquín, quien poco tiempo después asumió como corresponsal del Diario de la Marina en Matanzas, labor que desarrolló por más de treinta años. Estas fueron sus vivencias hace 125 años:

“Quedó inaugurada esa vía férrea que une a Matanzas con el Central magnífico del multimillonario americano. Hice el viaje en compañía del Ingeniero Director de esas obras, mi antiguo compañero en la Lousiana State University, mi amigo queridísimo Jacinto G. Cigarroa”.

“Nada más interesante, nada más bello que ese viaje”.

“Parte el tren del antiguo astillero de Calvet, convertido hoy en Estación. Bordea primero el río haciendo desfilar ante la vista del viajero ese panorama lindísimo del Yumurí. Hay trechos en que las paralelas se internan sobre el mismo río, sobre sólidos terraplene”.

“Se entra después en el valle. Se le atraviesa por el centro, admirándose de un lado el lomerío de la Cumbre, con sus gloriosas ruinas y el otro lado el poético Monserrat. Corre el tren veloz sobre aquella vegetación del Valle, como deslizándose por sobre una alfombra de terciopelo. Desfilan durante el trayecto los poblados de Corral Nuevo, Canasí, San Juan, etc”.

“Abordamos después el Pan, besando casi las paralelas el borde de la gran montaña. Ingenios varios encuéntranse en la ruta y se ven todas las fincas de aquellos alrededores, cuidadas como jardines y atendidas admirablemente”.

“Son los coches de ese ferrocarril fabricados expresamente para este país, sus asientos son de paja, sus ventanillas anchas dando paso al aire y sus cristales de un color verde laqueado atenúan la viveza de la luz”.

“La obra de ese ferrocarril, sólo viéndola puede darse una idea de lo que costará a Hershey, y de lo que significan su estudio y su ejecución. Terraplenes altísimos alternan con desmontes que parecen increíbles. Los más altos montes se ven cortados allí, como pudiera cortarse una pequeña porción. Los puentes, las alcantarillas, todo, en fin, representa en esa obra la unión del dinero a la inteligencia, para hacerse lo que allí se ha hecho”.

“Para dar un idea al extranjero del panorama cubano, no hay en Cuba nada igual, ni nada más cómodamente de mostrarse. Las excursiones por esa línea, han de hacerse lo mismo desde la Habana que desde Matanzas popularísimas y de carácter general”.

“Al llegar al central encuentra el viajero un hotel que hace honor al nombre de Hershey. Sus habitantes, sus salones, los comedores, las galerías, todo es allí elegante, todo allí es confortable, todo bello y encantador”.

La visita al poblado, con sus calles numeradas, sus dos barrios, el de obreros y el de los altos empleados, es para el que no haya salido de Cuba nunca, algo desconocido y no visto. De Hershey puede muy bien decirse que es una ciudad rica americana en miniatura. Su arbolado, sus parques, sus aceras adornadas con canteros de césped, su alumbrado, su pavimentación, en obras todavía, da la idea de encontrarse en el extranjero”.

Uno de los coches del tren de Hershey. Archivo del autor.

“Llegamos a aquel emporio de riquezas a las doce y media. El tren embanderado era esperado en la Estación por aquel núcleo de población cubana y americana. Vivas al Ingeniero Sigarroa y a Hershey se oían por doquiera el alborozo inmenso”.

“Desembarcamos y nos dirigimos al lindo chalet que es residencia de mi buen amigo. Allí nos hospedamos los que formábamos la excursión y el grupo que iba a visitarlo”.

“No era este numeroso y se reducía a las siguientes personas: Don Pedro Horta e Isolina Burgos, José F. Peralta y Margot Heydrich, Blanca Castañer y Cacho Horta, Juanita Borreau y Manolo Sainz, Emilita Fontanills e Ismael Obias y Candita Heydrich y el Cronista”.

“Después de recorrer todo el ingenio, de visitar el pueblo, el hotel y todo cuanto es allí digno de verse, nos ofrecieron los esposos Horta-Sigarroa un espléndido lunch”.

“Se hizo música después, se bailó y cuando a las seis y media nos dirigimos nuevamente al tren para regresar a Matanzas, parecíanos que acabábamos de llegar allí”.

“A las ocho, ante un gentío inmenso, entraba triunfal en la Estación de Calvet el tren de Hershey”.

“Se apiñaba la multitud por aquellos alrededores satisfecha y regocijada”.

“La vida que a Versalles ha de dar esa línea, el auge que ha de coger esa barriada con ese servicio, la importancia, el movimiento, y los beneficios que ha de reportarles ya los palpa el pueblo”.

“Cuando se inaugure la línea entre Matanzas y la Habana, competirá Versalles con Pueblo Nuevo en importancia. En este último los Unidos y en el primero Hershey se disputarán la supremacía”.

“Felicito primero al filántropo multimillonario que dota a Cuba de esa nueva vía de comunicación y después a Jacinto G. Sigarroa, el Ingeniero Director de las obras y últimamente a todos los que con él han colaborado ahí, dando a Matanzas, la Atenas cubana, una importancia que no hemos de tardar en reconocerle”.

Manolo Jarquín.

Mapa de 1920 con la ruta del tren de Hershey. Archivo del autor.

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