Un cuarto parece detenido en el tiempo. La habitación se abre como un recuerdo cuidadosamente conservado en el patio interior del Centro de Veteranos de Cárdenas.
La cama de hierro es uno de los silenciosos testigos de aquel 17 de junio de 1905. Ese día en ella encontró el descanso eterno Máximo Gómez Báez, el Generalísimo, el General de las Tres Guerras.

Entre estas paredes la disposición exacta del cuarto, ubicado en su casita de la calle 5ta, Esquina a D, en el Vedado habanero de principios del siglo XX.

Tras su muerte, la casa fue amenazada por la demolición, y la familia Gómez Toro decidió salvar el aposento. En ese gesto comienza el viaje del objeto convertido en monumento, primero trasladado en Cuba, donado al Museo Biblioteca Pública de Cárdenas, ciudad a la que llega por ferrocarril el 15 de enero de 1909.
Sin embargo los antecedentes están signados en 1889 cuando Gómez se instala tres días en la casa de los Rojas Cruzat. De este encuentro queda como file testigo la copa que utilizó el mambí, hoy expuesta en vitrina junto a sus pantuflas y la mascarilla mortuoria.

Recogen los investigadores que en 1911, Margarita Gómez Toro, hija del Generalísimo, visita el cuarto y reconoce la fidelidad del espacio reconstruido. Es así que se procede a otra donación: Urbano, también hijo de Gómez, entrega el mobiliario completo del dormitorio original: cama, bastidor de alambre, escaparate, mesita y silla de noche, todos hoy expuestos al público como modo de volver al General mambí.

Enriquecen el simbolismo de la habitación un óleo pintado por Francisco Sun Roca que muestra al General sobre su caballo, un busto de yeso del escultor Madrid Cruz, retratos del dominicano y una obra de Joaquín Barroso que recrea la batalla de Palo Seco.



El espacio, también habla por su arquitectura: puntales altos, techo de madera, tejas criollas, dobles puertas de persianas. Parte del piso original resiste. Otras fueron reproducidas con precisión.
Dos horcones de su rancho natal en Baní, República Dominicana, se integran a esta reliquia como si el origen insistiera en permanecer dentro del final.

Este cuarto es, en cierto sentido, un museo dentro del museo que lleva su nombre.

Así, entre Cárdenas y La Habana, entre la cama de hierro y la copa detenida, la vida de Máximo Gómez continúa como una narración que no termina de cerrarse. Y en esta habitación trasladada que es casa, tumba y altar, la historia de Cuba se escucha contada desde los objetos de uno de los hombres más valiosos en los campos de batalla de la Isla.
