A través de Ulises, David Reys ha logrado consolidar una conexión auténtica con el público y con el resto de la creación escénica en una sociedad que aspira a ser inclusiva.

El joven actor David Reys —Ulises en la novela Entre aguas— se mantiene en constante evolución, con una actitud de aprendizaje continuo, de reinvención en cada proyecto para hacerlos diferentes.

A través de sus personajes ha logrado establecer puentes de comunicación con los públicos que fortalecen y legitiman sus procesos creativos.

En entrevista con el Portal de la Televisión Cubana, el actor afirmó: «Los personajes siempre son diferentes —pienso yo—, una persona modifica todo el tiempo sus criterios e incluso su personalidad dependiendo de sus vivencias; asimismo veo yo los personajes. Basta con que su profesión sea diferente, o su familia, para que su personalidad sea diferente y, por lo tanto, su caracterización.

«Por otro lado, a mí me gusta que se vean diferentes, forma parte del juego que disfruto en mi trabajo, pero me gusta que esas diferencias no sean solo físicas ni externas y por eso me ocupo en crearle un universo único… Creo que Ulises tiene eso».

Ulises es un personaje creíble que puede coexistir en cualquier lugar de Cuba… Sobre las herramientas que utilizó David para interpretarlo, el actor manifestó:

«Me preparé para su interpretación con todos y con nadie, le incorporé características de muchas gentes que pasan por mi lado, que veo en un restaurante, en una calle. Aunque los personajes se construyen a partir del guion, si bien siempre el actor le pone de su imaginación personal, respetando los elementos inamovibles que parten de lo preconcebido por el guionista».

—Se habla de la caracterización física de Ulises, muy distante del actor y de personajes anteriores. ¿De quién o de quiénes fue la idea de usar dreadlocks, que, por cierto, te dan un toque totalmente diferente?

—Fue idea mía. Cuando llegué a la novela ya estaba Yanet Corso en el personaje de mi hermana Claribel. Ulises y ella son hermanos de madre y padre. Yo quería acercarme físicamente a ella y mi pelo natural es muy escaso, así que se me ocurrió lo de los dreadlocks. Ya los había usado en un personaje en el teatro y sabía que me cambiaba mucho».

El artista también se refirió a los vínculos anteriores con la música: «La música siempre me gustó, desde niño. Tuve varios intentos fallidos de acercamiento al pentagrama, pero en pandemia comencé a recibir clases con mi maestra y amiga Yamilka Velázquez y no me fue tan mal, aunque solo llegué a tocar piezas muy sencillas. Cuando me enfrento a Entre aguas tuve que estudiar mucho más. Agradezco profundamente también las clases de Giselle Vaillant y la paciencia de Javier Jiménez, Amanda y Chabelys, quienes coincidieron conmigo en grabación y que me lo hicieron todo más fácil».

—¿Con quién te preparaste para interpretar con tanta fidelidad a Ulises?

—En el proceso de preparación, la música fue lo más difícil —como ya te contaba—, y no solo la ejecución del instrumento, sino también en cómo los músicos oyen, en sus vidas cotidianas, cómo se relacionan, cómo ensayan, y para eso solo tenía que mirar a mi alrededor. El resto, yo creo que se construye siempre de estudiar y del arsenal que uno tiene de ir por la vida observando y observándose.

—En Renacer interpretaste un personaje gay y en Entre aguas también, aunque son totalmente distintos… ¿Te sientes encasillado?

—Sobre el encasillamiento, no creo que lo haya en interpretar dos personajes gays como no lo hay cuando se interpretan dos personajes heterosexuales.

Siempre habrá matices para diferenciarlos porque hay la misma diversidad en heterosexuales que en gays.

«Si interpretas a Andoba y luego a Yarini, nadie creerá que estás encasillado. Lo mismo se aplica a Osniel y a Ulises. Son tan diferentes que creo que ni siquiera se sentarían a comer en la misma mesa».

—En sentido general, ¿cómo aprecias a Ulises desde la perspectiva del actor que lo encarna?

—Es un personaje muy noble —todo lo contrario de Osniel en Renacer—, entiende incluso cuando lo agreden, maltratan y, si algún error comete, es aceptar ese maltrato, poner la otra mejilla y seguir amando.

«Ese es Ulises, agraviado muchas veces, otras esperanzado al pensar que le están tendiendo la mano, vuelve a abrazar, a recibir el golpe y vuelve a perdonar. No está exento de decir en ocasiones: “Esta es la última vez” o “Ella no me merece”, pero incapaz de convertir en acción ese desamor; no sé si pueda, la trama lo dirá».

—¿Qué tipo de personajes te gustaría interpretar?

—Para decirte qué otros personajes me gustaría interpretar, primero tendría que leerlo. Pero no tengo preferencias, creo que me atrapa cualquier proyecto que tenga algo para decir, no siempre pasa, pero creo que es la razón elemental para ser artista: comunicar.

—¿Qué representa para ti el teatro?

—El teatro es el lugar donde me siento más seguro, no creo que pueda dejar de hacerlo por mucho tiempo. Creo que para un actor es el espacio de creación por excelencia y el entrenamiento más complejo. Sería injusto hablar de algún trabajo en particular porque los disfruto todos.

—¿Cuál ha sido tu desempeño en el cine?

—De hecho, empecé por el cine con José Martí, el ojo del canario, de Fernando Pérez, y han sido muchas otras: Cuba Libre, de Jorge Luis Sánchez; Nido de mantis, de Arturo Sotto, y otras más recientes como El regresado, de Armando Capó, aún sin estrenarse en Cuba, cuyo estreno espero. El cine es otro medio que me encanta.

La primera experiencia profesional de David Reys fue en 2009 con la película José Martí: el ojo del canario. A partir de entonces, su desempeño actoral ha ascendido, mientras su presencia ha penetrado poco a poco el gusto de los televidentes, por su profesionalismo, entrega artística, compromiso con la calidad y respeto por el público y el trabajo en equipo.

Reys ha convertido su desempeño en un ejercicio destacado, reconocido también por su originalidad, versatilidad interpretativa y capacidad de transmitir emociones, valores, ideas y mensajes sociales.

A través de Ulises, David ha logrado consolidar una conexión auténtica con el público y con el resto de la creación escénica en una sociedad que aspira a ser inclusiva, donde las personas gays —como parte de la comunidad LGBTIQ+— puedan vivir con dignidad, seguridad, igualdad de oportunidades, sin temor a la discriminación familiar o colectiva, la violencia o la exclusión.

Fotos: Cortesía del entrevistado

María Regla Figueroa Evans/ TV Cubana 

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