Es cierto que, donde antes ondeaba una lozana y oscura cabellera, hoy se extiende la blancura del tiempo; y que, como surcos recién arados, las arrugas de la vida se acumulan en la piel. Pero la viveza y la candidez de la sonrisa, y la ternura de la mirada, han ido creciendo en su lugar, como flores que se abren en la tierra fértil de los años.

En la entrada a la adultez mayor se requiere el ejercicio del cuerpo, de la mente y del alma. Por eso, la Cátedra del Adulto Mayor es uno de los programas más hermosos que desarrolla la educación superior cubana. La reciente graduación de los estudiantes de 13 aulas del municipio de Matanzas, y la alegría que se desprende al recibir cada certificado, confirma que, a pesar de la edad, el amor sigue siendo una de sus premisas.

Fue el Museo Palacio de Junco, testigo de historia y cultura, el que acogió la ceremonia. Allí, la música cubana no faltó —son, bolero y nostalgia—, y los abuelos graduados, muchos de ellos acompañados por sus nietos, caminaron al frente con el mismo orgullo con el que, cuando eran niños, señalaban a su mentor y repetían con admiración: «Ese es mi maestro». Hoy, el tiempo había dado un hermoso giro: eran ellos los protagonistas, y el orgullo se multiplicaba en cada aplauso, como un eco de aquella infancia que volvía a latir en sus pechos.

En esa jornada, el recuerdo de Fidel estuvo presente, como una luz que ilumina el camino de la educación y la dignidad. Y por unas horas, el dolor de huesos, el cansancio del cuerpo, el apagón y la cocción con carbón pasaron a un segundo plano, relegados a otra dimensión, porque la alegría estaba de fiesta. La energía que faltó por la desconexión del Sistema Eléctrico Nacional en los hogares se encontraba allí, en cada abrazo, en cada diploma extendido con manos temblorosas pero seguras, en cada mirada que brillaba más que cualquier bombilla.

Porque al final, lo que prevalece no es lo que el tiempo arrebata, sino lo que el alma acumula: sabiduría, gratitud y la certeza de que nunca es tarde para seguir aprendiendo, para seguir soñando, para seguir siendo.

Universidad de Matanzas/ Perfil de Facebook 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *