En 1928 se publicaron los 18 volúmenes de la obra Evolución de la Cultura Cubana, una obra útil para los investigadores.

Del 16 de enero al 28 de febrero de 1928 se celebró en La Habana la Sexta Conferencia Panamericana. Fue un momento de gloria para el gobierno de Gerardo Machado, cada vez más inclinado al perfil dictatorial contra sus opositores y necesitado de ofrecer una buena imagen ante el mundo. Este evento pasó a la historia por varios hechos. Son recordadas, por su defensa del intervencionismo yanqui, las palabras del delegado cubano Orestes Ferrara. Quedó, como evidencia material, el Parque de la Fraternidad Americana, inaugurado en La Habana durante el cónclave.
Además de estos y otros acontecimientos, hay que recordar la publicación de la obra Evolución de la Cultura Cubana, concebida para ser regalada a los delegados de la Conferencia. Esta gigantesca compilación fue coordinada por el escritor cubano José Manuel Carbonell Rivero, en ese momento presidente de la Academia Nacional de Artes y Letras. Planificada como un recuento de la cultura nacional, quedó integrada por 18 tomos. Estos fueron:
- Volumen I al V. La prosa en Cuba.
- Volumen VI al X. La oratoria en Cuba.
- Volumen XI al XV. La poesía lírica en Cuba.
- Volumen XVI. La poesía revolucionaria en Cuba.
- Volumen XVII. La ciencia en Cuba.
- Volumen XVIII. Las bellas artes en Cuba.
Obra de su tiempo, Evolución de la Cultura Cubana nació marcada por el machadato, en un momento en que las loas desmesuradas a este gobierno eran cotidianas. Casi cien años después, es una valiosa obra de consulta. Más allá de errores y ausencias, posee valores que no pueden ser ignorados.
La recepción
El 18 de febrero de 1928 el Diario de la Marina informó lo siguiente:
“Artísticamente impreso hemos recibido el notabilísimo trabajo de recopilación del doctor José Manuel Carbonell, Presidente de la Academia Nacional de Artes y Letras y poeta, orador y escritor de preclaros prestigios, titulado «La Evolución de la Cultura Cubana», obra completa que integran distintos volúmenes de tamaño mayor”.
“Se trata de la materialización de una idea feliz del General Machado, Presidente de la República, que ha querido de esta suerte ofrecer un digno recuerdo de Cuba a las brillantes representaciones de los demás pueblos de la América y quienes podrán así—al través de esta obra—apreciar en detalles el ciclo de evolución de la cultura de nuestro país”.
“Nuestras gracias por la fina dedicatoria que es un delicado presente del Jefe de la Nación”.
“El Diario de la Marina, en una extensa interviú con el doctor José M. Carbonell, expuso ya las bases, coordinación e ideología de esta recopilación utilísima y altamente patriótica realizada además con gusto, arte y amplio espíritu”.
“Reciba el Ejecutivo nuestra felicitación más entusiasta”.

Cinco días más tarde, el 23 de febrero, el mismo periódico, consideró a Evolución de la Cultura Cubana, como “Una gran obra patriótica”. Algunas de las ideas sostenidas fueron las siguientes:
“Ofrecida a los delegados de la Sexta Conferencia Panamericana e impreso suficiente número de ejemplares para ser distribuido en las más importantes bibliotecas, no hay duda de que la obra constituye un hermoso exponente de nuestra producción intelectual y una excelente propaganda cubana dentro y fuera de la Nación”.
“Obras de esta naturaleza requieren, para ser llevadas a cabo felizmente, un gasto enorme de tiempo, de trabajo y de dinero, una gran laboriosidad unida a una infatigable perseverancia, una vastísima erudición, un sentido crítico amplio, elevado y justiciero, un conocimiento profundo de numerosas ramas del saber y, por sobre todo esto, un deseo vivísimo de servir noble y lealmente los grandes intereses de la cultura y de la patria. El doctor Carbonell, que une a su reconocida capacidad en los órdenes indicados una voluntad poderosa y un poder de resistencia física extraordinario, no ha podido, sin embargo, a pesar de ellos, da cima a la misión que le fue confiada, sino imponiéndose una suma diaria de trabajo durante los cortos meses de que disponía, aniquiladora para cualquiera otra persona que no estuviese sostenida día y noche por el ardiente anhelo de realizar una gran obra en honor y servicio de su país. Ha llegado a la meta casi totalmente agotado, pero ha llegado victorioso y triunfante”.
“Es posible que la crítica mañana haga tales o cuales apreciaciones sobre el plan del libro, el lugar asignado a cada autor dentro del mismo, las producciones escogidas de cada uno, el valor relativo reconocido a cada autor dentro de mismo, las omisiones, si las hubiere, etc., porque tocante a todo esto puede discurrirse largamente con muy variados criterios, pero sea cual fuere lo que un examen concienzudo arrojase en definitiva, jamás podía negarse el mérito enorme de haber concebido, planeado y llevado a feliz término un empeño tan enaltecedor para el país, así como el de no haber reculado ante ningún sacrificio con el propósito de que estuviese lista la obra antes del cierre de la Conferencia”.

El 13 de marzo de 1928 la Academia Nacional de Artes y Letras, acordó, a propuesta de Enrique José Varona, reconocer a José Manuel Carbonell por su labor al frente de la obra Evolución de la Cultura Cubana. En la presentación de su moción, el reconocido escritor expresó:
“La obra que ha realizado nuestro Presidente enaltece tanto a Cuba como a su autor. La Evolución de la Cultura Cubana pondrá en su merecido lugar ante los ojos de propios y extraños, los esfuerzos de nuestra patria por elevarse en cultura y civilización”.
“A mi juicio la Academia no puede limitarse a elogiar este trabajo extraordinario del doctor Carbonell y me permito rogarle, que haga visible su satisfacción con algún testimonio más duradero que los aplausos que le tributamos ahora”.

En entrevista que publicó el Diario de la Marina el 30 de abril de 1928, José Manuel Carbonell ofreció detalles acerca de la concepción de la obra Evolución de la Cultura Cubana. Para el entrevistador, Armando Maribona, se trataba de una “…feliz iniciativa…”, del presidente Gerardo Machado, que se hizo posible gracias al “…esfuerzo intelectual…” del compilador. Entre los datos ofrecidos por Carbonell estuvo que se imprimieron 1500 ejemplares de la obra completa, en una edición limitada. Añadió que comenzó a trabajar en la compilación el 7 de agosto de 1927, tras haber recibido la “…plena confianza…” del presidente Machado. Consideró que esta era
“…la proeza literaria y editorial más grande que, hasta ahora, se ha consumado en Cuba y en muchos otros países de nuestra raza…”.

Destacó el apoyo de sus colaboradores, José Zamora Valdés, Joaquín Navarro Riera, Ramón A. Catalá, Ismael Clark, Andrés de Piedra-Bueno y Rafael García Bárcena. A estos habría que añadir a Josefina Morato, Aracelia García, Miguel Aztiazarain, Fernan Lugo Viña, Miguel Ángel Carbonell y Antonio Rodríguez. Acerca del resultado alcanzado añadió:
“Tiene, como toda obra humana, imperfecciones, la omisión involuntaria de los nombres de algunos escritores, artistas, etc., y de las muestras de su labor—omisión subsanable en una segunda probable edición:—pero cabe afirmar que es en su género, la obra más amplia y completa que se ha llevado a cabo en nuestra patria, y que toda ella ha sido inspirada justicieramente por el amor a la verdad, a la belleza y a Cuba, cuyos tesoros intelectuales aparecen ahora en armónica exposición, en las páginas de este libro, entre la admiración de propios y extraños”.
La crítica

Entre tantos elogios y reconocimientos, quizás la única nota discordante fue el enjundioso y extenso artículo que le dedicó a este libro el periodista Juan Jerez Villarreal. El 20 de mayo de 1928 el Diario de la Marina publicó la reseña titulada “Lo que falta y lo que sobra en La Evolución de la Cultura Cubana”, en la que realizó un serio análisis de la obra compilada por José Manuel Carbonell.
Comenzó por destacar el “…desencanto…” que sintió al leer el libro, que poseía en su criterio un “…título pomposo…” y cuyo editor había sido un “…mero compilador…”. Argumentó los criterios en contra de Evolución de la Cultura Cubana con la falta de rigor analítico en los ensayos introductorios de cada una de sus partes, así como por la ausencia de obras y autores reconocidos. En este último caso, mencionó el vanguardismo, corriente que ya se hacía sentir en la poesía cubana.
En cuanto a la lírica, criticó Jerez Villarreal la presencia de poetas de escaso mérito, mientras otros estaban ausentes, como José María Heredia y Girard y Augusto de Armas, entre los del siglo XIX. Señaló que, de los del siglo XX, se hacía notar la exclusión de Nicolás Guillén y José Zacarías Tallet, entre otros. Consideró que esto era consecuencia de la ausencia de un verdadero plan selectivo.

Sobre la prosa y la oratoria sustentó criterios similares. Entre las obras incluidas en estos tomos destacó la ausencia de comedias, dramas y obras de teatro. Criticó con fuerza la presencia entre los oradores de personalidades que no lo fueron, aunque hayan tenido discursos notables alguna que otra vez. Lamentó la ausencia de escritores como Francisco de Arango y Parreño, Tomás Romay y Francisco de Frías, Conde de Pozos Dulces, entre otros patricios de la historia de Cuba.
También destacó que no estaban presentes ensayistas como Alfredo Miguel Aguayo, Salvador Massip o José Sixto de Sola, así como otros de una extensa lista. Consideró Juan Jerez Villarreal que era imperdonable que no estuvieran presentes, en la parte dedicada al arte musical, figuras como Miguel Faílde, José White, Nicolás Ruiz Espadero y Claudio Brindis de Salas, eminencias de la música cubana.
Al final del artículo, el crítico destacó las siguientes palabras de José Manuel Carbonell en el “Post Scriptum” de Evolución de la Cultura Cubana:
“Orgulloso me siento de mi labor, para la cual no pido excusas fundadas en la premura del trabajo; de antemano declaro que no la hubiera superado—en lo que de mí depende—haciéndola en diez años. Con esto quiero decir que he procedido a conciencia y que los defectos y lunares de que adolece son consecuencia de naturales deficiencias, no de la precipitación o causas semejantes”.
A este párrafo contestó Juan Jerez Villarreal con el siguiente:
“Magnífico! Nosotros opinamos que aún tratándose de una de esas extrañas inteligencias enciclopédicas proteicas en sus actividades, la obra, por sus proporciones y sus alcances, debió elaborarse pacientemente, depurando en el crisol de la crítica serena y en el consejo de los eruditos e investigadores, todo cuando mereciera publicarse en una Antología hecha con el propósito de enaltecer y propagar el conocimiento de los valores legítimos de la mentalidad cubana en los diversos géneros que la completan; realizada así la valiosa contribución, sobrarían estos reparos, gozando el señor Carbonell de los laureles de la victoria, indemne en la atmósfera de su grandeza, al molesto torcedor de las responsabilidades”.
Los valores

Evolución de la Cultura Cubana recogió en sus páginas biografías y textos de numerosos autores de diversas esferas de la vida intelectual cubana a lo largo de la historia. Todos iban acompañados de fotos o, en algunos casos, de caricaturas y retratos confeccionados por Esteban Valderrama, Enrique Caravia, Conrado Massaguer o Antonio Jiménez Armengol. En algunos casos, verdaderas obras de arte. No pocas veces los investigadores de hoy han acudido a ellas.
Lo mismo puede decirse de los datos de numerosas personalidades de la historia de Cuba que aparecen en los volúmenes de Evolución de la Cultura Cubana. Algunas son casi desconocidas hoy y, en muchos casos, son valiosas las valoraciones que aportó José Manuel Carbonell. Hay textos, sobre todo en prosa, que en la actualidad sólo pueden leerse en esta obra, pues los originales han desaparecido. Por estas y otras razones posee singular interés para los historiadores de nuestra cultura.
Nacida bajo el signo del machadato y obra imperfecta por muchas razones válidas, la Evolución de la Cultura Cubana fue una obra de su tiempo. Sin embargo, por los valores perdurables que atesora, también lo es del nuestro. (ALH)
