En el primer desafío del Campeonato Nacional de Pequeñas Ligas de la categoría 13-14 años efectuado en el estadio Pablo Avelino del municipio Cárdenas, el triunfo correspondió a los locales, quienes dispusieron del elenco de San José con cerrada pizarra de dos anotaciones por una.

En el papel, la victoria fue para el representativo de la ciudad Bandera, pero con el lamentable espectáculo que generó el desenlace del encuentro, ni ganó el béisbol ni ganó la afición deseosa de disfrutar de un buen desafío.

Toda situación tiene un origen y un contexto y, para entenderlo, se debe analizar el problema desde las diferentes aristas que se derivan de sí misma y que, por consiguiente, se traducen en circunstancias que afean el espectáculo.

En el caso de este partido, los problemas demoraron el inicio del juego previsto para las 9:30 de la mañana y que comenzó casi una hora después.

Para contextualizar un poco, la polémica comienza cuando la dirección del elenco cardenense detecta que varios peloteros de San José tienen spike, calzado que no puede ser utilizado según el reglamento de la categoría.

Esta situación dio origen a las protestas por parte de ambos altos mandos y obligó al chequeador del encuentro a buscar una solución para no descalificar a los pequeños huracanes.

El chequeador del partido en reiteradas ocasiones intentó comunicarse con el directivo de la Comisión Nacional de Béisbol que responde por este torneo para tomar una determinación, pero las llamadas telefónicas no fructificaron.

Con bastante tiempo de retraso se toma la decisión de que los pequeños que tenían el calzado irregular solo podrían deslizarse de mano y, en caso de hacerlo de pie, serían declarados out por regla a pesar de llegar safe.

Como si esto no fuera suficiente, con el comienzo del partido empezaron las situaciones polémicas con el arbitraje, lo que suscitó la algarabía de los padres del elenco visitante.

Una avalancha de insultos y ofensas fueron lanzadas sobre el cuerpo arbitral, incluso hubo quien desafió a los imparciales a una confrontación física al concluir el encuentro.

Un punto clave en esta situación es la poca presencia de agentes del orden público en la instalación, ya que estos son indispensables para velar por la seguridad de este tipo de eventos.

Durante el transcurso del juego se dieron otras situaciones polémicas como las protestas de manera descompuesta de varios entrenadores y errores flagrantes de los árbitros a la hora de llevar el conteo de bolas y strike.

Amén de errores y decisiones desacertadas por parte de los árbitros, la amenaza y el insulto nunca tendrán cabida en ninguna instalación deportiva, ni en ningún ámbito de la vida.

Si se quiere dar una correcta educación a los pequeños, el ver a sus padres insultando a los demás, ¿qué efectos tendrá? ¿Estaban creadas todas las condiciones logísticas y organizativas para el desarrollo de la competición?

Si desde las etapas formativas los pequeños comienzan a ver actitudes negativas y que atentan contra el buen desarrollo de sus competiciones no podremos aspirar a tener mejores deportistas.

Más allá de la práctica deportiva en sí, las instalaciones deportivas están destinadas a tener un papel formativo y educativo en las futuras generaciones.

Acciones como las vistas en el estadio Pablo Avelino no solo van en contra de todas las ideas y valores que han caracterizado al movimiento deportivo cubano y matancero a lo largo de los años, sino que constituyen un punto de inflexión para que los distintos organismos encargados de velar por el correcto desarrollo de los eventos revisen con lupa si este es el camino correcto. (ALH)

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