Además de médico, militar y político, Eusebio Hernández se destacó como autor de dos valiosas obras históricas.
El matancero Eusebio Hernández Pérez (1853-1933) sobresalió como médico ginecólogo y general del Ejército Libertador. Cursó estudios en el Colegio de Humanidades de su ciudad natal, Colón, y en el Colegio El Progreso, de Cárdenas. Muy joven colaboró con los alzamientos mambises en Jagüey Grande. En 1870 se radicó en Matanzas e ingresó en el Instituto de Segunda Enseñanza, pero se graduó de bachiller en La Habana. Inició la carrera de medicina en la Universidad Central de Madrid en 1874.

Entre 1879 y 1880 participó en los preparativos de la Guerra Chiquita. Viajó a Honduras en 1881, donde impartió clases y trabajó como médico. Visitó varios países del Caribe como parte del Plan Gómez-Maceo. Al fracasar este intento insurreccional partió hacia España, donde alcanzó el grado de Licenciado en Medicina en 1887. Realizó estudios de obstetricia y ginecología en Francia y Alemania entre 1888 y 1892. Regresó a Cuba en 1894 y se consagró a su especialidad médica.
Emigró a Nueva York en 1895. Desembarcó en Cuba en 1896, participó en varios combates y desempeñó cargos en el gobierno de la República en Armas. Viajó al exterior en 1897 por problemas de salud. Fue electo en 1898 delegado a la Asamblea del Cerro y se le otorgó el grado de General de Brigada. En 1900 fue nombrado profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de la Habana. Participó en la fundación del Partido Unión Democrática y fue candidato a vicepresidente por esta agrupación política en las elecciones de 1901.
Durante la República se dedicó a su labor como médico y profesor, pero sobresalió por su defensa de las luchas estudiantiles y sociales. Fue electo en 1926 miembro de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana y de la Sociedad Obstétrica de Francia. En 1928 recibió la Orden Carlos Manuel de Céspedes y se le tributó un homenaje nacional.
La tregua fecunda
Los aportes de Eusebio Hernández como historiador quedaron recogidas en dos obras fundamentales. La primera fue “El período revolucionario de 1879 a 1895”, conferencia que pronunció en la Sociedad de Conferencias el 27 de abril de 1913. Hay evidencias de que también la leyó en el Ateneo de La Habana días antes, el 13 de abril, como parte de una serie auspiciada por la Academia de la Historia de Cuba. Se publicó en el número del mes de julio de 1914 por la Revista de la Facultad de Letras y Ciencias. También apareció como libro ese propio año.
La idea de esta disertación fue de Evelio Rodríguez Lendián y Max Henríquez Ureña, como parte de una serie sobre historia contemporánea de Cuba. Desde el inicio, Eusebio Hernández destacó que trataría de dar orden a sus recuerdos de hacía más de treinta años. Por tanto, es necesario considerar que se trató de un testimonio. Así lo confirmó al expresar:
“Esta es, pues, una exposición testificativa, que podrá completarse en lo adelante por quienes tengan la oportunidad y el tiempo que a mí me faltan de reunir los datos de aquel crítico y por muchos conceptos interesante período”.
Comenzó con un rápido análisis de la historia revolucionaria de Cuba antes de 1868. Reconoció, con claridad, las principales contradicciones que se manifestaban en la sociedad cubana de esa época, al estar dividida
“…en dueños y esclavos o explotadores y explotados, en blancos y negros, y los blancos en españoles y cubanos, con distintos derechos…”.
A continuación, Eusebio Hernández resumió la evolución de la Guerra de los Diez Años, con una exposición sucinta de los males que derivaron en el Pacto del Zanjón. En especial, destacó el hecho de que la guerra no se extendió a Occidente y en esa zona se mantuvo la esclavitud y la producción de azúcar. La situación creada, por la conjunción de todos los factores que mencionó, derivó en el Pacto del Zanjón, el que consideró “…una tregua fatal e ineludible”.
Seguidamente, Eusebio Hernández rememoró los preparativos de la Guerra Chiquita y la participación que tuvo en ellos. Acerca de esta contienda, que consideró “…el movimiento más grande que en su inicio ha tenido lugar en Cuba”, describió las diferentes situaciones que propiciaron su fracaso. En especial la no llegada a tiempo de su principal jefe, Calixto García, y la ausencia de Antonio Maceo.
La estancia de numerosos patriotas en Honduras tras el fracaso sufrido, fue otra parte importante de esta conferencia. En ese país se gestó el inicio del llamado Plan Gómez-Maceo, en el que Eusebio Hernández tuvo protagonismo y que duró hasta 1886. En el texto se exponen los detalles de la organización y fracaso de este nuevo intento por la independencia de Cuba, siempre desde la óptica personal del autor.
Hay que destacar la utilización que hizo Eusebio Hernández de documentos históricos en su exposición, como forma de ratificar criterios acerca de diferentes acontecimientos. En especial, hay varias cartas suyas y de Máximo Gómez, así como de otras personalidades cubanas, en particular de la emigración.
Tras el fracaso del Plan Gómez-Maceo, Eusebio Hernández relató sus vivencias acerca de la nueva organización política ideada por José Martí. En este caso evolucionó, de un escepticismo inicial, al apoyo a los esfuerzos del Partido Revolucionario Cubano. A pesar de criterios injustos en relación con el Apóstol, debió reconocer que su estrategia fue acertada y que gracias a eso, a pesar de un inicio incierto, el alzamiento del 24 de febrero se consolidó.
Como destacó el historiador Eduardo Castañeda, esta conferencia de Eusebio Hernández
“…es importante sobre todo por la descripción que hace del período de organización de la revolución del 95. En este sentido, a más de las personas, de los organizadores del movimiento, lo obsesiona el papel de las clases en el mismo y su juego de opiniones y posiciones derivadas de su situación económica…”.
El Titán de Bronce
La otra obra histórica relevante de Eusebio Hernández, “La personalidad de Antonio Maceo en la invasión”, fue también una conferencia, esta vez impartida en la Academia Nacional de Artes y Letras. Aunque se previó inicialmente para el 30 de marzo de 1930, no pudo ser en esa fecha. La pronunció finalmente el 20 de abril de 1930 y se dio a conocer en el tomo 15 (1930) de los Anales de esta institución.
Al publicarla, insertó en el inicio la partida original del nacimiento de Antonio Maceo y aclaró que la boda del héroe con María Cabrales aconteció en 1866 y no en 1868. En la “Advertencia” inicial, destacó que la invasión, como hecho histórico, era
“…el acto más grandioso y fecundo de nuestras guerras de independencia. Está dedicada [la conferencia] a los maestros de Cuba”.
Al comenzar la disertación Eusebio Hernández hizo gala, al tomar como ejemplo la personalidad de Antonio Maceo, de sus conocimientos médicos:
“Es extremadamente difícil al psicólogo, al crítico general y aun especial, encuadrar la personalidad de un hombre culto y perfecta mente normal, en el estado actual de las ideas, y ha de serlo en grado superior si se trata de un cerebro armónico, de múltiples facetas, donde el sentimiento, la razón, la memoria y la voluntad descansan sobre un organismo de sólida contextura, de vigorosos y flexibles músculos, movibles articulaciones, resistencia inagotable y un dinamismo des concertante de ingentes y subintrantes acometidas de locomotora precipitada, de arrasantes torbellinos, de vorágines de fuego y de cargas al machete relampagueantes y pavorosas siempre obedientes a la voz de mando del centauro arrebatado, incontenible y vencedor”.
A seguidas mencionó teorías relativas a la formación de la personalidad de los grandes hombres de la historia. Para ello se apoyó en la eugenesia y el evolucionismo. Sobre esa base destacó la singular personalidad de Antonio Maceo, a quien consideró un hombre superior:
“El superhombre, si queréis, no es, en realidad, más que un cerebro armónico completo. La Naturaleza, como hemos visto, presenta raros ejemplares de esa clase, sanos, fuertes, morales, inteligentes, sin taras patológicas hereditarias; por el contrario, de una perfecta salud. Esos ejemplares pueden ser modificados por la educación y el medio, morales o amorales, capaces de elevarse por sus virtudes hasta el cielo, o descender a una celada de presidiario, afectados por taras adquiridas, debilitados por los vicios, o pueden desenvolverse favorecidos por los buenos ejemplos y sus naturales disposiciones. En esas condiciones veamos cómo surge Antonio Maceo, cómo adquiere un desarrollo completo su personalidad”.
Como puede verse, esta conferencia de Eusebio Hernández estuvo signada por un aspecto esencial: la admiración irrestricta hacia el Titán de Bronce. Consideró que, por su inteligencia y cualidades, Antonio Maceo se hubiera destacado en cualquier esfera de la actividad humana:
“…en una sociedad de escritores habría descollado como poeta, literato o escritor. En un laboratorio o en un hospital no habrían sido inferiores sus trabajos”. (…) “¿Cómo hubiera podido Maceo colocarse en el pináculo de la gloria sino por su cerebro completo?”.
Destacó Eusebio Hernández que muchos de los criterios negativos acerca del héroe de Baraguá habían sido forjados por sus enemigos. Por tanto, a a partir de los aportes de los historiadores, era necesario presentarlo tal y como fue, un hombre superior, un coloso del pensamiento. Para demostrarlo profundizó en la invasión a Occidente, la que consideró su más grande hazaña.
Al referirse a la familia Maceo-Grajales, destacó su buena posición económica, las cualidades morales de los padres y la formación que recibieron los hijos. Esto le permitió asegurar:
“Las cualidades morales de Maceo no eran aprendidas; formaban parte integrante de su naturaleza, y en cada caso su conducta obedecía a la influencia hereditaria, a la educación, al medio ambiente que lo circundaba y al ejemplo constructivo de sus padres, de sus padrinos y de sus maestros…”.
En su disertación Eusebio Hernández expuso los aspectos más significativos de los inicios de Maceo en la Guerra del 68. Reflejó con admiración cómo se fueron manifestando sus condiciones como militar. Destacó los orígenes de la idea de la invasión como aspecto central en la estrategia de la lucha armada y que su fracaso había precipitado el fin de la contienda en 1878. Resaltó que estos antecedentes fueron estudiados por Maceo, quien
“…adquiere un concepto propio de lo que puede y debe ser la invasión: un viaje a la independencia por el camino de la muerte…”. (…) “¡Era la independencia que, por el camino de la muerte, determinaría la victoria!”.

Dedicó Eusebio Hernández unos párrafos a la Tregua fecunda, aspecto ya tratado por él en su conferencia de 1913. También señaló los principales hechos de la estancia de Antonio Maceo y varios de sus compañeros en Costa Rica, en el período previo a 1895. Ofreció detalles del desembarco de la goleta Honor en Duaba y el positivo efecto que tuvo para la insurrección la llegada de Maceo a Cuba.
Al analizar la invasión a Occidente y el relevante papel de Antonio Maceo en esta hazaña, Eusebio Hernández no escondió los obstáculos que debió vencer el héroe para comenzarla. Después enumeró las acciones combatidas que lideró el Titán de bronces antes y durante la invasión, la que consideró “…acto más grande de la Revolución”. También demostró sus cualidades de estratega militar y, sobre todo, su inconmovible fe en la victoria. Acerca del éxito alcanzado, escribió el médico e historiador:
“El héroe ciñó moralmente su cabeza con la corona de laurel, y recibió la guirnalda de la victoria; pero nada ocupó su corazón como la satisfacción del deber cumplido: el esfuerzo ingente de la invasión, sin la cual era dudosa la Independencia de Cuba”.

“El período revolucionario de 1879 a 1895” y “La personalidad de Antonio Maceo en la invasión” fueron compiladas en el libro Dos conferencias históricas (1935), con prólogo de Miguel Ángel Carbonell. Se volvieron a publicar bajo el título de Maceo. Dos conferencias históricas (1968), con motivo del centenario del inicio de las guerras de independencia. Esta vez el prologuista fue Eduardo Castañeda.
Aunque Eusebio Hernández no fue un historiador sistemático, con ambas conferencias hizo un aporte, modesto pero valioso, a la historiografía cubana. Abordó dos momentos singulares de las luchas del pueblo cubano por su independencia y, en particular, rindió un fervoroso homenaje de admiración a Antonio Maceo, una de las figuras cumbres de nuestra historia.
