Hablando de premios, el gesto interesado de Marina Corina Machado, de entregar la medalla del Nobel de la Paz que le concediera fallidamente el comité noruego, al presidente norteamericano Donald Trump, ocasiona más de un escándalo.
La evidente naturaleza oportunista de la extremista política opositora venezolana, no deja lugar a dudas y la fatua actitud del mandatario gringo semeja cierto regocijo infantil.
De cualquier modo, el daño estaba hecho desde que el comité que otorga el célebre premio se dejara seducir por alguna visión politizada de sus consideraciones. El Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado carece de toda justificación responsable.
Por supuesto, si el galardón hubiera correspondido al octogenario presidente, la decisión hubiera sido otro señalado dislate.
Ya se conoce el marcado interés de Trump por el premio, como si este fuera premio el único “juguete” que falta a la ya decadente criatura.
«Fue un gran honor para mí conocer hoy a María Corina Machado”…, escribió en las redes sociales satisfecho de colgar la medalla en la oficina oval.
Mientras tanto el Comité Nobel noruego señala con marcada indignación, que luego de anunciarse el Premio Nobel, “no puede ser revocado, compartido ni transferido a otros”.
El acontecimiento no puede menos que revelar la catadura moral, la actitud oportunista y la banalidad enfermiza de sus protagonistas.
Así las cosas, mientras la política venezolana se las anda persiguiendo migajas, el mandatario norteamericano aprovecha para darse un poquito de brillo ajeno, en tanto el premio no tiene al parecer modo de ser transferido. Allá ellos.
