No fue el más vistoso, ni el más épico, ni el más ruidoso. Fue el equipo más efectivo y el que más jugó al fútbol. Partieron con un empate sorpresivo contra Cabo Verde y desde ahí construyeron una campaña sólida y sin estridencias. Goleada a Arabia Saudita y una victoria de oficio contra Uruguay, dejando en el camino a su primer campeón del mundo.

En la siguiente ronda le pasaron por arriba a Austria y en octavos superaron a Portugal con orden táctico y un gol postrero que les dio la clasificación. En cuartos, otra vez a sufrir contra Bélgica, donde recibieron su único gol en contra, que no empañó el récord mundial de Unai Simón de valla imbatible. En semifinales apareció la bestia, la Francia que buscaba su tercera final al hilo. Con orden, con estrategia, con fuerza de equipo y con fútbol, le ganaron 2-0 a otro campeón del mundo, desdibujando una selección temible y alcanzando la segunda final de su historia.

Y en el desenlace apareció Argentina, la de Messi, en su tercera final en cuatro Mundiales, con un recorrido que fue cimentando una épica partido tras partido, y que prometía dar pelea. La dio, y vaya que la dio, aguantando una y otra vez los embates españoles. Pero la jerarquía de esta España fue superior, y dejó al vigente campeón sin remates al arco, ganándole en todas las líneas.

Finalmente, en el alargue y con uno más, el agua fue otra vez al cántaro y se rompió el cero, con gol de Ferrán Torres, protagonista impensado de una película española que tenía guardado un final inesperado, pero efectivo. Argentina empujó como siempre, arañó un milagro, mas La Roja, esta sólida, táctica y casi aburrida España, aguantó lo que había que aguantar. Y cuando terminó el partido, elevaron los brazos al cielo y se coronaron campeones del mundo. Sin doble afán, sin mayor épica y sin espectáculo ensalzado, pero sí con la mayor jerarquía y fútbol de toda la Copa.

La historia quedó grabada a fuego como una odisea griega que verá con el paso del tiempo la grandeza del logro. Porque eliminaron a tres campeones del mundo, rompieron un récord legendario y retiraron del Mundial a dos de los mejores jugadores de todos los tiempos: Messi y Cristiano. Y mientras hacían eso, subieron al cielo, bajaron una estrella y la bordaron en el escudo de su camiseta, la que acompañará por siempre el pecho de España, e inflará el corazón de los flamantes campeones del mundo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *