Ercilio Vento Canosa, guardián de la memoria matancera

En Matanzas, una ciudad donde el olor a sal se mezcla con el eco de las olas y cada rincón está colmada de historias por contar, habita un hombre que dedica sus días a descifrar los códigos de la memoria.

Ercilio Vento Canosa, a sus 78 años, no es simplemente un historiador, es una institución viviente, un guardián celoso del pasado que habla con una inmensa pasión sobre la fundación de la Atenas de Cuba.

´´La grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. Es imponerse tareas. En el Reino de los Cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre solo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo.´´

Alejo Carpentier

Seis décadas de trabajo incansable no son suficientes para este hombre que vive para investigar y descubrir. Cuando de Matanzas se trata, Ercilio no escatima tiempo para dedicarle, pues ha consagrado su vida al estudio de esta ciudad que lo vio nacer, crecer y convertirse en lo que hoy es. Su amor por la Ciudad de los Puentes le ha proporcionado dominar esas historias que le cuenta a todos, que conoce como la palma de su mano y las acaricia suavemente cada vez que le preguntan por algún rincón de la misma.

El 17 de octubre de 1947 Matanzas recibió a un ser inigualable, filántropo de corazón y apasionado de la historia. Desde sus cuarto años, la letra impresa lo acompaña como un regalo que atesora. Esta pasión surgió desde que sus padres le inculcaron el precioso hábito de leer, de palpar las finas páginas de los libros, esos que le abrían puertas a mundos desconocidos y a realidades plasmadas en sus textos.

Como si de calcar un paisaje en una pintura se tratara, memorizó el abecedario e imitaba las letras. Casi sin saber en qué momento preciso fue, todo cobró sentido, y siendo apenas un infante, los textos tomaban forma ante él y era totalmente capaz de interpretar sus significados.

Su paso por la enseñanza media fue imprescindible para su desarrollo personal, pues esta época estuvo marcada por profesoras de gran calibre como Digdora Alonso, Celia Michelena, Rosa Cartaya y Carilda Oliver Labra, las cuales inculcaron en el joven la literatura como otra de sus pasiones.

Por este tiempo también su curiosidad incursionó por las líneas del idioma, y aprendió de forma autodidacta varios lenguajes. Hoy presume de hablar con fluidez una decena de jergas y dilectos, que van desde arameo y catalán hasta algunas más antiguas como el sánscrito, latín, hebreo y arahuaco; sin embargo, reconoce que su predilecto es el italiano.

Ercilio era un joven que creía que dedicarse a una sola afición sería demasiado monótono, pues en su vida convergen demasiadas aristas como para consagrarse a una sola. Primero estaba la medicina, a la cual dedicaría su época universitaria y su profesión. Pero también existe su faceta de espeleólogo, en la cual se desarrolló y dispuso su nombre en la cima de esta especialidad. Gracias a su padre, Vento Canosa descubrió el amplio mundo subterráneo que asechaba a la sombra, inadvertido durante muchos años.

Corría el año 1964, cuando el muchacho de apenas 17 años fundó el primer movimiento de investigación espeleológica en la provincia, con el cual puso en relieve la potencialidad del Carso matancero y añadió al conocimiento de la geografía nacional la existencia del mayor sistema cavernario freático del país.

Este fue el primero de muchos descubrimientos que haría Ercilio, pues por más de 20 años aportó innumerables contribuciones a la historia cavernaria de la ciudad. Desde el hallazgo de evidencias aborígenes en el centro de la región, hasta la revelación y descripción de la existencia de gérmenes patógenos en el medio subterráneo. Desde muy temprano ya iba mostrando de lo que era capaz como científico.

Otra contribución por la cual el doctor Ercilio Vento es reconocido a nivel internacional fue la creación de un método totalmente original para el cálculo de la edad a través del estudio histológico de un hueso, técnica que le otorgaría el título de ser el primer latinoamericano y el octavo investigador en el mundo en declarar tal invención.

Por estos años, específicamente en 1982, reveló el sitio funerario aborigen a cielo abierto mayor de toda Cuba, en el margen occidental del río Canímar, trabajo que realizó en conjunto de arqueólogos de gran renombre nacional e internacional.

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Muchos son los títulos y cargos que se le han otorgado a este señor que muchos consideran una enciclopedia viviente, pero no cabe duda que uno de los hechos sorprendentes por lo cual Vento Canosa es mencionado por los ciudadanos matanceros fue la permanencia por más de 20 años de la momia de Josefa Margarita Petronila Ponce de León y Herederos, en la cual trabajó vigorosamente para restaurarla y revelar sus misterios.

Esta misión la llevó a cabo desde la década del 80, después de que el cuerpo intacto de Petronila fuera profanado por un esquizofrénico, y el administrador del cementerio de Matanzas le confiara la tarea de resguardar esa pieza. En ese momento fue todo un proceso para lograr sacarla de aquel lugar, y guiado más por inspiración que por instrucción la trasladó hasta su casa, en la cual convivía aún con sus padres.

Este hecho provocó la especulación de un sinfín de leyendas alrededor de la vida personal del doctor. La más conocida era la locación de la momia encima de su propia cama, o la relacionada con su primer divorcio; pero esto no provocó ningún efecto en el compromiso de Ercilio con aquel cuerpo inmortal que hoy reposa en el Museo Provincial Palmar de Junco, luego de ser donado. De este particular suceso, Vento Canosa plasmó sus experiencias en un volumen bajo el título: “La momia de Matanzas, un encuentro con la historia”.

Cuando conoces a Ercilio Vento, el primer pensamiento que pasa por la mente es sencillo: ¿cómo logra este señor saber de todo? Según él, no tiene misterio alguno pues esa es su pasión.

Estudiar sobre todo lo que le interesa es lo que ama, aunque a veces se dificulte por las responsabilidades que posee, y siempre busca algo de tiempo para su mayor placer.

Una de las facetas más activas de Ercilio es la de escritor, con más de 400 publicaciones en una decena de países, con temas tan variados y distantes como las vocaciones a las que se dedica. Sin embargo, hay un tema en particular al cual le ha destinado mayor atención y del cual se considera un fanático implacable: la vida y obra de José Martí, con seis libros publicados hasta el momento.

“La Cruz de Caguairán” fue el primero que escribió con respecto al Apóstol; se sumó otro con un análisis de 188 documentos con el objetivo de demostrar que Martí no tuvo ni miedo ni odio, y “Carmen, la agonía del verso” para él, su mejor obra.

En 2025 Vento Canosa se ha hecho con varios reconocimientos que validan toda una vida de estudio e innovación. Su labor como docente de la Universidad de Ciencias Médicas lo hizo merecedor del Premio a la Innovación por la Obra de la Vida, dado por primera vez en el Fórum por la Innovación de dicha institución.

En sus palabras de agradecimiento citó a un escritor que no es de este mundo, ese que nos regaló con su prosa el realismo crítico y al que el Doctor Vento utiliza como epígrafe de su tesis, pues ese fragmento del libro más reconocido de Carpentier no puede reflejar mejor la filosofía de vida de este embajador del conocimiento.

Otro galardón bien meritorio que le fue otorgado recientemente fue la condición académica Honoris Causa en la casa de altos estudios matancera, pues ha sido un guardián incansable como Historiador de la Ciudad. Este cargo le llegó de forma inesperada, cuando de camino a una reunión fue sorprendido por autoridades provinciales para darle la noticia. Su reacción en ese momento fue la negación, pues no se sentía capaz de asumir dicha responsabilidad, pero la realidad fue otra y hoy lleva 16 años alzando el prestigio de la Atenas de Cuba a nivel internacional.

Fuera de su faceta de Doctor en Medicina, especialista en 1er. y 2do grado en Medicina Legal, investigador, profesor, maestro en espeleología e Historiador de la Ciudad, nos queda un hombre sencillo, que aprecia la belleza femenina más allá de lo sexual, un hijo que añora a sus padres, un esposo consagrado a su compañera, un padre orgulloso de su hijo, un abuelo que adora a su nieto coreano/cubano y sobre todas las cosas, un fiel admirador de Matanzas, esa a la que ha dedicado gran parte de su prosa y de su alma.

Quienes lo han visitado en su casa, repleta de libros y documentos, lo describen como un hombre de hablar pausado y memoria prodigiosa, capaz de recitar una fecha o un nombre sin titubear. A pesar de su vasto conocimiento, su trato es sencillo, carente de la soberbia que a veces acompaña a los eruditos.

Para él, la historia no es una propiedad privada, sino un bien común que debe ser compartido. En un mundo de prisas y olvidos, la voz serena de Ercilio Vento nos recuerda que una ciudad sin recuerdos es como un barco a la deriva, pero gracias a este hombre, Matanzas tiene muy claro su rumbo en el mapa de la historia. (ALH)

 

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