Una vez más los amantes del béisbol cubano se quedan con la sensación de que se podía hacer más en un evento internacional y se vuelve a repetir el mismo patrón de todas las selecciones nacionales.
Lastimosamente, para quienes aún guardamos la esperanza en un resurgir de nuestro pasatiempo nacional en la arena foránea, volvemos a toparnos con el muro de lo que se podía y no se dio.

El saldo que dejó la superronda del béisbol centroamericano para nuestro equipo fue de dos derrotas y un triunfo, relegando a los nuestros a pelear por la medalla de bronce en el evento.

Un triunfo ante la selección de Colombia, en donde todo lo que debía funcionar bien lo hizo, y dos descalabros ante Panamá y Nicaragua, marcados por un denominador común, que es el mal funcionamiento de Cuba como colectivo.

Analizando las dos derrotas, tienen matices muy similares: una entrada donde el abridor se complica, le fabrican un racimo grande de carreras y luego, el primer relevo tampoco se muestra inefectivo y también le hacen carreras.

Todo en el deporte tiene una estrategia y una planificación previa al evento, donde se marcan las pautas a seguir y las situaciones en las que se le puede hacer más cómodo el juego a un equipo.

Esto llevado al conjunto cubano y a una situación ideal, sería abrir delante en el marcador, que los abridores pudieran caminar al menos cuatro entradas y el relevo trabajara el resto del desafío.

En las dos derrotas de la segunda fase del béisbol centrocaribeño, los nuestros terminaron conectando más indiscutibles que sus rivales.

Ante Panamá fueron 10 los inatrapables de los bateadores cubanos por nueve de los canaleros, mientras que ante Nicaragua fue más de lo mismo: nueve de Cuba y ocho del rival.

El principal problema radica en la productividad de esos incogibles. Para tener una idea, en el desafío ante Nicaragua se conectaron tres cuadrangulares, todos con las bases limpias, por lo cual un extrabase que pudo ser aprovechado de una mejor manera, con hombre acumulado en circulación, quedó solo en una anotación.

También están los llamados errores que no van a los libros, pero que a la postre terminan costando carreras y partidos de pelota. La primera base robada del equipo antillano llegó en su último compromiso producto de un corredor que la defensa nicaragüense no estaba cuidando por la diferencia en el pizarrón.

Si tantas veces se ha dicho de poner la velocidad en función de la ofensiva y el roster cuenta con jugadores que pueden salir al robo por qué no explotar más estas jugadas y depender, en menor medida, del batazo o del toque de bola.

La desconcentración también se hizo presa de los cubanos con un jugador que sorprendió entre primera y segunda por adelantar en demasía perdiendo por cinco de diferencia, esto significó un out regalado para la defensa rival y una posibilidad de producir carreras para Cuba que no llegó a concretarse.

Otra jugada que no se anotó como error en los libros, pero que desembocó en el amplio racimo de carreras que nos fabricó el conjunto pinolero fue el flay que no pudo atrapar el jardinero central Leonel Moas.

Una jugada que debió terminar en out costó dos anotaciones y esto sumando a pelotazos, poco dominio de los serpentineros y una ofensiva desbordada dio al traste con una fatídica entrada donde se perdió el juego.

Las lecturas que nos deja el campeonato son varias, que tenemos muchos jugadores que si se les da las oportunidades, pueden aportar a la selección nacional y no vernos obligados a mantener figuras vitalicias dentro del elenco.

El nivel que tenemos actualmente nos da para competir ante los rivales del área, pero urge integrar a los peloteros cubanos en circuitos de mayor nivel que la Serie Nacional, ya sea en el Caribe o fuera de él. Otra arista a tener en cuenta es para qué llevar una cantidad determinada de jugadores, cuando el mentor cubano Germán Mesa ya ha demostrado que gusta de mantener las mismas figuras se gane o se pierda, por lo cual muchos peloteros van prácticamente de figuras decorativas porque no tienen oportunidades.

Pelear por la medalla de bronce no resulta consuelo para una imagen de un béisbol depauperado, que mantiene un divorcio casi absoluto con los títulos a nivel internacional.

Tomado de Periódico Girón 

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