Hay voces que se convierten en la cura y tranquilizan mucho antes de escuchar el diagnóstico. La doctora Roxana de la Caridad Ojito Santana tiene ese poder: dulce, serena, sin exceso de solemnidad, pero con toda la autoridad que otorgan ocho años de entrega a ese destino que ella eligió, la medicina.

Al cruzar el umbral de la puerta, nos recibió con un gesto cálido, esa amabilidad que no se improvisa ni se ensaya. Desde ese primer instante, su trato fue cercano, como si estuviera a punto de iniciar una reunión con amigas en lugar de periodistas. Y entre palabras bien escogidas, comenzó a relatar la historia de una mujer que eligió sanar vidas con humanidad y compromiso.

Natural de Triunviratos, en el municipio Limonar. Creció como hija única en un entorno sereno y afectuoso. Esa infancia tranquila forjó su capacidad de escuchar y su sentido de responsabilidad.

¿Qué te motivó a estudiar Medicina?

«Yo terminé la secundaria básica y quería ser militar, pero por cuestiones de la vida, elegí ser enfermera. Me formé durante dos años en el hospital pediátrico, donde trabajé tres años después en terapia intensiva. En el momento de la graduación, me dijeron que me había llegado la carrera de Medicina, y aquello me sorprendió mucho, porque no la había pedido ni considerado antes. Esa oportunidad inesperada me llevó a cambiar mis planes y a decidirme por estudiarla, una decisión que hoy valoro profundamente.»

Durante su formación en la carrera, varias asignaturas fueron convalidadas por la experiencia previa como enfermera, lo que le permitió avanzar con mayor solidez. Su vocación creció a lo largo del proceso hasta culminar en 2008. Luego obtuvo el título de Especialista de 1er Grado en Medicina General Integral, reafirmando su compromiso con la atención primaria y la salud comunitaria.

 

«Posteriormente, trabajé para el Ministerio del Interior en la prisión de mujeres. Esa experiencia fortaleció mi carácter y aportó mucho a mi desarrollo profesional. En ocasiones, las vivencias resultaron duras y crudas, porque implicaba comprender la situación de la otra persona desde el punto de vista legal. Sin embargo, de cada experiencia se aprende y se crece.»

En 2021, comenzó a trabajar en el Programa Materno Infantil del Policlínico Docente Carlos Verdugo Martínez. A los seis meses, asumió la subdirección de Asistencia Médica, y tiempo después, sin experiencia previa como cuadro, tomó con determinación la dirección del centro. En medio de escasez de recursos y desafíos constantes, ha mantenido su compromiso con la gestión sanitaria, desempeñándose además como miembro no profesional del buró del Partido.

Siente un profundo amor por los niños, dedicándose con pasión a su cuidado. Comprende sus necesidades y los acompaña con paciencia, siempre buscando brindarles bienestar y tranquilidad.

¿A qué te dedicas en tu tiempo libre?

«Me enfoco en la autopreparación. Me esfuerzo por mantenerme actualizada y fortalecer mis conocimientos, porque creo firmemente que ofrecer una atención médica de excelencia requiere dedicación constante. Es parte de mi compromiso con la calidad y la mejora continua en mi labor profesional.”

Sin duda, su mayor alegría y prioridad es compartir tiempo con su hijo de 11 años, quien representa su motor y su mayor inspiración. Como madre soltera, ella asume con dedicación y amor la responsabilidad de criarlo y apoyarlo. Al hablar de él, sus ojos reflejan un brillo especial que revela claramente que es su más grande amor y la razón fundamental de su vida.

¿Cómo logras equilibrar tu carrera profesional con el cuidado de tu hijo?

«A veces me siento dividida. Mi hijo está entrando en la preadolescencia y necesita atención. Me organizo al máximo para cumplir mi rol como doctora y también como madre. Hay ocasiones que él me acompaña al trabajo, observa y aprende. Ya me ha dicho que quiere ser médico cuando sea grande. Me emociona ver cómo crece con esa convicción de ayudar a otros.»

 

En medio de la conversación, los gatos iban y venían por la sala. No estaban ahí por casualidad, eran parte del ambiente, parte de ella. Roxana los observaba con cariño, como quien cuida sin palabras. Ese mismo gesto lo traslada a cada paciente que recibe.

Posee una Certificación en Género y Derecho, lo que ha enriquecido su práctica médica con una comprensión más profunda de cómo las desigualdades sociales afectan la salud y el acceso a servicios. Esta perspectiva le ha permitido integrar enfoques más inclusivos y empáticos en su atención profesional.

¿Qué consejo le darías a los jóvenes que desean estudiar esta carrera?

«En cuanto a las futuras generaciones de médicos en Cuba, es fundamental hablar directamente con los jóvenes. En la calle circulan opiniones negativas que buscan desmotivarlos y menospreciar la carrera, especialmente en los momentos actuales. Sin embargo, es necesario decirles que no deben tener miedo ni dejarse influenciar por esas ideas. La profesión sigue siendo una vocación valiosa y necesaria para la sociedad.»

Roxana habla con una pasión que conmueve. No ve la medicina solo como un trabajo, sino como el legado que desea dejar. Siente que su esfuerzo diario tiene un propósito que trasciende el presente. Sus palabras nacen de una entrega profunda, de la certeza de haber elegido el camino correcto. Ve en las nuevas generaciones una esperanza y en su hijo, un reflejo de todo lo que ha sembrado. Volvería a elegir esta profesión, sin dudarlo, porque en ella encontró sentido, pertenencia y futuro.

Lauren Quirós Alonso y Camila Pérez Domínguez/Estudiantes de Periodismo 

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