Hace 225 nació José María Casal, un habanero que dejó huellas perdurables en la Atenas de Cuba.
Nacido en La Habana el 15 de marzo de 1801, José María del Casal y Bermúdez se distinguió desde muy joven por su inteligencia y talento. Huérfano de padre, a los once años alcanzó una beca en el Real Colegio y Seminario de San Carlos y San Ambrosio, que fue la fragua de su carácter. En 1815 fue discípulo de Félix Varela, quien le tuvo gran afecto, lo cual fue recíproco. Algunos autores han sugerido, incluso, que el célebre “Elpidio” no es otro que José María Casal.
Al año siguiente José María Casal sustituyó brevemente a José Agustín Caballero en sus clases de Lógica, Metafísica y Moral. Decidido a estudiar leyes, comenzó a profundizar en el derecho desde las aulas del Seminario y en 1819 ingresó en la Universidad de La Habana. En 1821 se graduó de abogado y comenzó a ejercer en un bufete habanero. Por su dedicación y rectitud de principios, fue electo en 1823 como Padre de Pobres.
José María Casal se estableció en Matanzas, por primera vez, en 1826. En esta estancia, que se prolongó hasta 1835, fue procurador, secretario de la Junta de Sanidad y asesor del gobierno. Colaboró en el proceso de fundación, en 1827, de la Diputación Patriótica y fue redactor del periódico Aurora de Matanzas. Regresó a La Habana y continuó en su labor como abogado, pero en 1840 estaba de vuelta nuevamente en la ciudad de los puentes.
En esta etapa redactó un informe acerca de las inmoralidades en el ejercicio del derecho en Cuba, que fue muy elogiado. Se desempeñó como censor de teatro. Trabajó de forma incansable en la creación del Colegio de Niñas Pobres de Matanzas, que poco después pasó a ser Casa de Beneficencia, la obra de José María Casal que más perduró en el tiempo. Tras estos años en Matanzas, volvió nuevamente a La Habana. No obstante, nunca dejó de estar presente en los exámenes anuales de las niñas de la Beneficencia.
José María Casal viajó a la Florida en 1853 para visitar a Félix Varela, aunque cuando llegó ya este había fallecido. En homenaje a su maestro publicó en Matanzas el libro Discursos del presbítero D. Félix Varela, precedidos de una suscinta relación de lo que pasó en los últimos momentos de su vida y en su entierro hasta que se depositaron sus cenizas en la capilla que al efecto levantaron los cubanos en el cementerio de San Agustín de la Florida (1860). Este fue un hermoso homenaje a la vida y obra de su maestro Varela
En el texto, Casal incluyó tres obras de Félix Varela: el elogio al rey Fernando VII, fechado en 1818. También apareció el discurso que pronunció en 1817, en la primera junta a la que asistió como socio de la Sociedad Económica de Amigos del País. Por último, puede leerse la oración fúnebre a propósito de las exequias del rey Carlos IV de Borbón en 1819.
Además de contener estos tres discursos pronunciados por Varela, el libro posee gran importancia por otro motivo. Está encabezado por el escrito titulado “La muerte de un justo”, de la autoría de Casal. En él se narra la muerte de Varela y los esfuerzos realizados para la construcción de un mausoleo para sus restos en el cementerio de San Agustín. Es, por tanto, un valioso testimonio. Las fases que Casal dedicó a su maestro evidencian un profundo respeto. Así lo demuestra al decir que “…era un filósofo, era un héroe, era un apóstol…”. Sobre la trascendencia de su obra señaló:
“El adoró la verdad, todo lo dejó por ella y eligiendo sereno el camino de las privaciones, del trabajo y de la oración, halló tesoros que repartió generoso entre los hombres…”.
Enamorado de la Atenas de Cuba, José María Casal se radicó nuevamente en Matanzas en 1854. Se le nombró entonces vocal de la Junta de Caridad y diputado del Colegio de Niñas Pobres. También fue secretario de la Compañía del Ferrocarril de Matanzas. Asumió en 1856 el cargo de alcalde de Matanzas y después el de Síndico del Ayuntamiento. Además, fue vocal de la Junta de Agricultura, Industria y Comercio.
Una de las obras más importantes en las que José María Casal fue protagonista aquí en Matanzas fue la fundación del Liceo Artístico y Literario. Dirigió la Sección de Literatura, primera que se creó y después presidió la institución en 1860. También fue jurado en los Juegos Florales y publicó varios trabajos en la revista oficial de la institución. Una vez iniciada la Guerra del 68, Casal regresó a La Habana.
En junio de 1874, afectado de la visión, José María Casal viajó a Nueva York en busca de mejoría. Allí le sorprendió la muerte el 27 de agosto.
Ideario
El pensamiento científico y pedagógico de José María Casal fue avanzado para su tiempo. Al rastrear en su obra se puede constatar ese hecho. En 1860 dio a conocer el libro que tituló Apuntes de higiene doméstica, para las niñas de la beneficencia de Matanzas. Este texto se relacionó de forma estrecha con la labor que desarrolló en la Casa de Beneficencia de la ciudad. En efecto, en este volumen recogió las lecciones que sobre el tema Casal impartió a las niñas recogidas en la institución.
En una carta que acompañó esta edición, la directora de la Casa de Beneficencia, Juana Byrne de Clayton, agradeció la obra con estas palabras:
“Mucho es de agradecerse a V., Sr. de Casal, que se halla determinado a dictar esos elementos de Higiene, porque ellos han de producir inmensos beneficios, debiendo considerarse, como dice V. muy bien, un tratado de moral práctica, y ningún estudio hay que sea más a propósito para desenmascarar las enfermedades y las pasiones que vienen siempre ocultas y lentamente, rodeadas de mentirosos placeres para arrebatar la salud, el sosiego y la vida”.
Acerca de la obra y de su objetivo, destacó José María Casal en la introducción:
“Mucho se ha escrito para dar a los padres y directores de colegios la instrucción necesaria, con el fin de que sepan conservar la salud de sus hijos o pupilos; pero estos trabajos no se han generalizado, tal vez porque conservan algún aparato científico, o porque son demasiado extensos, y sobre todo, porque no se tiene todavía la convicción de su inmensa utilidad.—He aquí lo que me ha determinado a formar estos «Apuntes de Higiene Doméstica» que he ido dictando a doce niñas de las más adelantadas de la Beneficencia de esta ciudad, con un pequeño Diccionario de algunas voces, cuya significación deben comprender bien para la mayor inteligencia de los Apuntes; y he visto con placer que las niñas los han escrito y estudiado con gusto, oyendo siempre muy atentamente mis explicaciones, lo que me prueba que este estudio les agrada, y que comprenden su utilidad, haciendo buenas deducciones de los principios generales que he procurado reunir”.
Seguidamente, José María Casal presentó los títulos de la bibliografía médica que había utilizado para conformar sus Apuntes…, lo cual demuestra el espíritu científico que caracterizó su quehacer. Después, agregó:
“Si he logrado recoger lo más esencial y ponerlo al alcance de las niñas que ya han concluido su educación primaria, habré conseguido, por lo menos, que comprendan la importancia de este estudio y que se dediquen a profundizarlo, con la persuasión de que observando las reglas higiénicas de acuerdo en todo con los preceptos y los consejos de nuestra Santa Religión, vivirán ellas y sus descendientes felices y por mucho tiempo, prolongando los días de la juventud y los de la edad viril, sin que aparezca la vejez sino en los últimos instantes de la existencia”.
Este libro, José María Casal lo dividió en las siguientes lecciones:
“1. De la salud y la enfermedad”.
“2. Causas de las enfermedades y reglas para evitarlas”.
“3. Del aire, el calor, el frio y la humedad”.
“4. De la luz y de la electricidad”.
“5. De los vestidos”.
“6. De los baños, limpieza y cosméticos”.
“7. De los alimentos”.
“8. De las bebidas”.
“9. Del ejercicio”.
“10. Del reposo”.
“11. De las facultades intelectuales y de las pasiones”.
“12. De las pasiones en general”.
“13. De las pasiones opresivas”.
“14. De las pasiones expansivas”.
“Consejos”.
“Diccionario para la mejor inteligencia de estos Apuntes de Higiene”.
Cada una de las lecciones, al finalizar, presentaba una serie de preguntas para repasar y profundizar en el contenido estudiado. Es llamativa la presencia, en la lección “4. De la luz y de la electricidad”, de consejos para evitar el impacto de descargas eléctricas. Este libro, que al parecer debió tener una segunda parte, evidencia que José María Casal fue un precursor de la enseñanza de la higiene en la educación cubana.
También en 1860, la revista Liceo de Matanzas, en su número del 3 de junio de 1860, presentó a sus lectores una frase de José María Casal. Como puede leerse, la misma expresó la misma esencia presente en los Apuntes de higiene doméstica…:
“La educación no corresponde a una época de la vida, que ella debe comenzar desde que el hombre nace, y si es posible antes por sus padres hasta que muere; por manera que la educación es obra de toda la vida: el hombre debe y puede aprender a mejorarse en los brazos de su madre y en los de su esposa; en la escuela y en el taller, en el hogar doméstico y en la plaza pública, en sus diversiones y en el trabajo, en la iglesia y en la cárcel, en la prosperidad y en la desgracia. El plan de una buena educación debe abrazarlo todo, y es un grande y pernicioso error creer que la obra está concluida ensenando las primeras letras y un arte u oficio: esto es solo una pequeña parte levantada sobre débiles cimientos, que deriva el ímpetu de las pasiones, o desmoronan los sueños azarosos”.
Otro ejemplo del pensamiento científico y educativo de José María Casal fue el articulo “Lo que yo haría”, que publicó por partes en la revista Liceo de Matanzas, entre el 3 de junio y el 1 de julio de 1860. En él, trató acerca del tratamiento que debía darse a las personas víctimas de la embriaguez, la vagancia, la mendicidad y el juego. En relación con la embriaguez, o sea, el excesivo consumo de bebidas alcohólicas, destacó su convicción, de que
“…casi siempre tiene su origen en una organización particular que quizá puede variarse, o de un estado patológico del individuo”.
Agregó después varios ejemplos de personas alcohólicas que conoció, lo cual le reafirmó el criterio de que se trataba de un vicio patológico, que debía ser estudiado para determinar los métodos más adecuado para su tratamiento. Se apoyó en criterios médicos de diferentes autores y en las experiencias de otros países para la atención a las personas afectadas por la embriaguez. En el último de los artículos sobre el tema, José María Casal expuso su propuesta, la cual tuvo como punto de partida el avanzado criterio de que
“…la embriaguez es una enfermedad como cualquier otra, que puede atacar aun a los más morigerados y virtuosos”.
La idea que defendió consistía en fundar
“…un departamento de Beneficencia destinado exclusivamente a recoger en él a todos los desgraciados que padeciesen ese mal, cualquiera que fuese su categoría”.
Este establecimiento, según Casal, debería ser construido en el campo, con un médico como director. Tendría una biblioteca y los internados se ejercitarían en el oficio u ocupación que dominen y, de no tenerlo, deberían ser educados de modo tal que emplearan el tiempo en algo productivo. Tal proyecto, inviable en la Cuba de 1860, tuvo un fundamento científico y fue, quizás, la primera vez que se planteó una idea similar en nuestro país.
José María Casal publicó un Manual de derecho español para los artesanos, menestrales y labradores (1847) y dejó inédita la novela Dos ángeles. También colaboró en el Diario de la Habana, casi siempre con el pseudónimo Solitario del Cerro.

