Miguel de Carrión, más conocido por las novelas que escribió, también tuvo una destacada obra científica.

Al morir Miguel de Carrión, el 30 de julio de 1929, la intelectualidad cubana lamentó la gran pérdida sufrida. Había fallecido un gran novelista, que con unas pocas obras se había ganado un lugar para siempre en la historia de la literatura cubana. También se reconoció que su faena abarcaba una brillante trayectoria como médico y pedagogo. Tenía sólo 54 años, pues había nacido en La Habana el 9 de abril de 1875.
Miguel Antonio de Carrión y de Cárdenas estudió en la capital cubana, donde se graduó de bachiller en 1890. Comenzó a estudiar Derecho en la Universidad de La Habana, pero se vio obligado a abandonar la carrera tras el inicio de la guerra contra España el 24 de febrero de 1895. Defensor de la independencia, emigró a Estados Unidos. En ese país comenzó a escribir sus primeras narraciones. Volvió a Cuba en 1903.
El escritor
Miguel de Carrión publicó su primera novela en 1903, con el título de El Milagro, la cual escribió en Atlanta, durante el exilio en Estados Unidos. A esta le siguieron Las honradas (1917) y Las impuras (1919). Tras su muerte se editó La esfinge (1961) y dejó inconclusa “El principio de autoridad”, cuyos primeros capítulos aparecieron en varios números de la revista Azul y Rojo durante 1903.
En El Milagro (1913), novela heredera de la narrativa romántica del siglo XIX cubano, Miguel de Carrión criticó a la religión, así como a la moral como motivo de angustia e infelicidad para los seres humanos. Se le consideró en su momento una exploración de las motivaciones humanas. Acerca de El milagro escribió Adrián del Valle en 1903:
“El Milagro es una buena novela, y su aparición, aquí donde este género literario es tan poco cultivado, merece recibirse con aplausos entusiastas que sirvan de estímulo y aliento al autor, para que su pluma valiente continúe al servicio del arte útil que enseña deleitando”.
La opinión más reconocida que se publicó acerca de esta primera novela de Miguel de Carrión fue la que escribió Enrique José Varona. Lo hizo en una elogiosa crítica que publicó en El Fígaro, donde expresó:
“Es un libro en que todo me ha sorprendido. La edad del novelista, el vigor de su concepción, la sutileza de su análisis psicológico, su facultad pictórica, la amplitud y firmeza de su estilo. No sé, en verdad, si a los veintiún años ningún otro autor cubano ha producido una obra de arte de tanto alieno y tan singular relieve”.
“…aunque toda su acción pasa en menos de veinticuatro horas, es un libro muy complejo, y que puede mirarse y admirarse por muy varias facetas. Revela un gran talento de escritor y nada vulgares aptitudes artísticas”.

Mucho más conocida es su novela Las honradas (1917), la cual, ante su éxito editorial, fue reeditada en 1919 y 1920. En ella Miguel de Carrión profundizó en la psicología femenina y la autenticidad de sus sentimientos, razón por la cual algunos críticos recomendaron que se prohibiera su lectura a las mujeres. El argumento de esta novela se considera apegado a la narrativa naturalista europea de Emile Zola y de Vicente Blasco Ibáñez.
Otro enfoque del tema se pudo leer en Las impuras (1919), la tercera novela de Miguel de Carrión. Nuevamente la mujer ocupó un lugar central en la prosa de este autor, con un abordaje de los confusos límites entre la ética y la moralidad, desde una perspectiva más tradicional. Ambas novelas comparten algunos personajes y espacios, aunque separados cronológicamente por varios años. En 1924 Carrión publicó el relato corto «Nochebuena».
La última obra narrativa de Miguel de Carrión fue La esfinge (1961), texto que apareció entre sus papeles inéditos y se publicó de forma póstuma. A pesar de la relación que guarda con las anteriores novelas, aquí el autor se deja llevar por el pesimismo en lo relativo a la emancipación femenina. También fue autor de los cuentos “La última voluntad”, “El doctor Risco”, “En familia”, “De la guerra” e “Inocencia”, varios de estos incluidos en el volumen La última voluntad (1903), y del relato corto “Noche Buena” en 1924.
Miguel de Carrión de estrenó como periodista en 1899, en las páginas de Libertad. Creó en 1904, junto a Félix Callejas, la revista para niños La Edad de Oro, concebida en homenaje a José Martí. Colaboró en las publicaciones Azul y Rojo, El Día, El Sol, donde trabajó como redactor-jefe; El Fígaro, Letras, El Comercio, Excelsior, La Discusión, La Noche, La Lucha, del que fue subdirector en 1919, y Heraldo de Cuba. Además, publicó en Cuba Libre, Cuba en Europa, Social, Pay-Pay, Smart y Universal.
En la revista Cuba Contemporánea dio muestras de su versatilidad como escritor. Allí dio a conocer el cuento “Un nido improvisado” (1919) y el ensayo “El desenvolvimiento social de Cuba en los últimos veinte años” (1921). También publicó “Dos palabras”, escrito como introducción al libro Pro-Patria, colección de poesías de Juan J. Buttari.
Vinculado al grupo de intelectuales que editó esta revista, fundó y participó en actividades de la Sociedad de Conferencias, donde disertó, el 25 de noviembre de 1910, sobre “Evolución del principio democrático”. Fundador de la Academia Nacional de Artes y Letras en 1910, en varias oportunidades formó parte de tribunales en concursos convocados por esta institución.
El médico

Tras regresar a Cuba, Miguel de Carrión se incorporó a la Asociación de Biología en 1905. Comenzó los estudios de medicina, que cumplimentó en solo dos años, y se graduó en 1908. Durante la carrera desempeñó la ayudantía en el Departamento de Rayos X y Finsen, que formaba parte de la Escuela de Medicina. Al inicio de su ejercicio profesional, creó un Dispensario de Clínica Médica para estudiar el cáncer, primero que existió en Cuba. Tiempo después, fundó junto al doctor Cecilio Acosta la Asociación Cubana de Beneficencia, que llegó a ser una clínica de renombre. Acerca de esta clínica, ubicada inicialmente en la calle de Aguiar esquina a Chacón, publicó lo siguiente la revista Letras en 1912:
“…empresa, antes que mercantil benéfica, antes que útil necesaria: un centro de asistencia completa en el carácter médico-quirúrgico, montado según la última expresión de la ciencia, con miras a una mayor extensión y una más refinada supleción de cuanto a ese género de asociación respecta; desde el viaje al exterior en busca de médicos y cirujanos mundialmente eminentes, hasta la asistencia a domicilio, concienzuda, veraz, humanitaria”.
“…hay un labora torio completo en donde, con suma rapidez, se practican análisis de todas clases; un inmejorable departamento de electricidad médica en general, con un potente aparato de Rayos X y otro de «Alta frecuencia»; una sala de intervenciones quirúrgicas, de asepsia y antisepsia absolutas, con rico instrumental y departamentos especiales higiénicos, con camas sanitarias para la asistencia de los operados”.

Miguel de Carrión dedicó esfuerzos a investigar sobre urología y enfermedades de las vías urinarias. En la revista médica Archivos de la Policlínica, dio a conocer el trabajo “La compresión del uréter como medio de exploración en cirugía urinaria” (1908). La Revista de Medicina y Cirugía publicó, de su autoría, el artículo “Los cálculos renales y su diagnóstico” (1912). Fue miembro de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana.
Miguel de Carrión, en su condición de médico, aplicó sus conocimientos de fisiología y medicina a su obra narrativa. Esto no siempre lo hizo con fortuna y ha sido una crítica en la que coinciden los estudiosos de su obra.

El pedagogo
Al mismo tiempo en que se formaba como médico, Miguel de Carrión comenzó a trabajar como maestro de escuela pública. Con una formación como maestro de certificado, rápidamente se ganó el reconocimiento social por su desempeño. Una de sus acciones más relevantes fue la fundación, en 1903, de la revista Cuba Pedagógica, de la cual fue redactor hasta abril de 1905. Uno de los artículos suyos en esta revista fue “Fundamento de la moral de Enrique José Varona” (1904).
Integró en 1906 los tribunales para los exámenes de aspirantes a maestros certificados de primero, segundo y tercer grados en la provincia de La Habana. Fue conferencista de instrucción moral y cívica en las Escuelas Normales de Verano. En 1917 ganó por oposición las cátedras de Educación Física, Juegos y Deportes, y de Anatomía, Fisiología e Higiene, en la recién creada Escuela Normal de La Habana.
Entre 1921 y 1922 trabajó directamente con el secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes. Volvió a su cátedra en 1923 y fue nombrado secretario de la Escuela Normal, donde formó parte de una comisión para el estudio de las reformas del Reglamento General de Instrucción Primaria. En 1926 se le nombró director de la Escuela Normal. Al morir desempeñaba esta responsabilidad.
La obra pedagógica más relevante de Miguel de Carrión fue el libro de texto Estudios de la naturaleza (1908), el cual concibió en colaboración con el pedagogo Alfredo M. Aguayo. Aprobado como libro de texto dos años antes, fue concebido de forma novedosa. Sobre todo, por la forma en que se presentó el contenido a estudiar.
En el prólogo, que Carrión tituló “A los maestros”, expuso ideas importantes que reflejan las concepciones que defendió acerca de la enseñanza de las ciencias:
“El estudio de los seres naturales proporciona, como todos saben, al maestro uno de los medios más poderosos de educación con que contamos. La naturaleza, en efecto, es por sí misma la educadora universal por excelencia. Educación, en el sentido humano de la palabra, es sinónimo de adaptación en el orden biológico. Pero este género de lecciones, para ser fructíferas, deben ofrecerse como una copia fiel de la vida, rica de colorido y movimiento”.
Acerca de la concepción didáctica que siguió en la organización del contenido de este libro, añadió:
“Divido los seres naturales en grandes comunidades de vida, caracterizadas por el medio geográfico que las contiene…”.
“Una pequeña agrupación de seres naturales reunidos por las exigencias de un medio cualquiera, puede ser estudiada mucho más provechosamente que un dilatado horizonte geográfico, donde muchos fenómenos se pierden o no pueden sorprenderse sin grandes fatigas. El árbol que crece en el patio de la escuela es una excelente comunidad de vida”.
“Mi libro se dirige a los niños de toda la isla; no a los de una región determinada. He buscado, pues, con preferencia los ejemplos más vulgares y típicos, para que puedan servir de punto de partida a la inducción de algunas leyes biológicas, que considero, (…), de un interés fundamental en el estudio de la naturaleza”.
“He querido tratar, asimismo, sólo de especies cubanas. El maestro, si quiere puede ampliar mis datos, intercalando en el curso de sus lecciones, por medio de hábiles analogías, el estudio de seres extranjeros, que tienen la ventaja de estar mejor observados que los nuestros y maravillosamente descritos en algunas obras modernas. Este proceder ayudará a conocer de un modo más completo lo que se refiere a nuestra patria”.

Estas consideraciones eran muestra de un pensamiento pedagógico de avanzada. Estudiar los componentes de las comunidades naturales no era lo usual en la época. Miguel de Carrión supo hacerlo con el uso de un lenguaje asequible a los escolares y mediante ejemplos conocidos por ellos, tomados de la naturaleza cubana.
La primera parte, que tiene 16 capítulos y comenzó con “La casa de campo”, presentó animales domésticos y salvajes propios del campo cubano. La segunda parte, con nueve capítulos, se dedicó a la laguna como comunidad de vida, con sus animales y plantas característicos. El bosque y la sabana son las comunidades que se estudian en la tercera parte del libro, que cuenta con diez capítulos. Por último, en los seis capítulos de la cuarta parte y final, se profundizó en los animales y plantas de la playa.
En la exposición didáctica que realizó, Miguel de Carrión presentó a los niños cubanos especies representativas de la fauna cubana. Acerca del manjuarí, escribió:
“El pez mayor de la laguna es el manjuarí. Tiene de largo como un metro, y por su aspecto se parece mucho al cocodrilo. Como este, posee dos quijadas formidables, armadas de dientes numerosos; pero no tiene patas, ni su cola es larga y terminada en punta. Las escamas del manjuarí no se parecen a las de los demás peces. No son elásticas, sino durísimas, pues están hechas de hueso cubierto de esmalte. Con esta coraza que lo cubre, el manjuarí no teme a ningún animal de la laguna, salvo al cocodrilo; y como, por otra parte, nada con suma rapidez, encuentra fácilmente su comida”.
Sobre el tocororo, planteó lo siguiente:
“El ave más hermosa de las que habitan en el bosque y en toda la isla es el tocororo. Tiene un plumaje soberbio, rojo en algunos puntos de su cuerpo, azul metálico en otros, verde brillante, negro azulado, ceniciento o blanco en los demás. A cola, que es larga y hermosa, se parece por la forma a una cruz latina”.
Todo el recorrido a lo largo de los capítulos del libro Estudios de la naturaleza se basó en un diálogo entre dos niños: Luisito y Enriqueta, así como en las reflexiones de ambos y en anécdotas vividas por ellos. Al final de cada capítulo aparecen “Ejercicios de observación”, con las actividades y tareas a cumplir con vistas a la consolidación de los aprendizajes.
El adiós
Además, de su quehacer como médico y pedagogo, la vida de Miguel de Carrión tuvo otras facetas interesantes. Participó en la política como miembro del Partido Popular Cubano y fue candidato a representante por la provincia de Oriente en 1922. Trajo a Cuba uno de los primeros automóviles Peerless que existió en el país, del cual fue su propio mecánico y chofer. Aficionado a la carpintería, él mismo elaboró las puertas y ventanas de su casa.
Aún joven, enfermó de un mal incurable y, apegado a su espíritu científico, investigó su propia enfermedad, consciente de que no sobreviviría. Incluso, viajó a Estados Unidos para tratarse en la célebre Clínica Mayo de Rochester, en busca de una mejoría que no encontró. Al morir el pesar abarcó a toda Cuba. Así lo reflejó el Diario de la Marina en un artículo sobre su vida y obra, donde se destacó”
“Uno de nuestros más sólidos talentos, cerebro y espíritu privilegiados, uno de los literatos que han colocado en altura insospechada el nombre de Cuba, el doctor Miguel de Carrión, ha dejado de existir, víctima de una cruel y larga enfermedad”.
“…fue uno de los hombres más simpáticos y más curiosos por sus rarezas, producto inmediato de su talento extraordinario, fecundo y fácil. De carácter al parecer seco y huraño, conservó siempre, aún en las horas precedentes a su muerte, el más buen humor. Carrión reservaba una respuesta original, saturada las más veces de fina ironía, para los casos más difíciles”.
“Su espíritu bondadoso, magnánimo, fue la causa de que tuviera tantos amigos fraternales y, sin embargo, de que fracasara en determinadas empresas”. (..) “…no reconocía diferencias sociales. A todos consideraba por igual. Tenía, en fin, la características preocupación de los seres superiores”.
“Ahora, durante su enfermedad, seguía con impasible serenidad el curso de su dolencia, investigando «per se» alrededor de su mal. Un día—cuando más demacrado se hallaba—comentaba con varios compañeros la oposición entre los resultados obtenidos por los análisis, le oímos terminar con esta frase: «Es realmente un caso interesante». Con su muerte desaparece un cubano de verdadero valor, un hijo amantísimo y un buen padre de familia. El vacío que ha dejado no es fácil de llenar. La sociedad en pleno hoy le llora”.
Así despidió Cuba a Miguel de Carrión, uno de nuestros más notables novelistas, que fue, al mismo tiempo, un hombre de ciencia.
