En la historia de la educación matancera el maestro Raúl Miranda Fernández se destacó con luz propia.
El 20 de febrero de 1947 la sociedad matancera se vistió de luto. Ese día falleció el destacado educador yumurino Raúl Edmundo Miranda Fernández. Dejaba tras de sí el ejemplo de una vida marcada por la ética y el amor a la profesión de maestro, con 48 años dedicados a la causa de la educación cubana.
Vida y obra
Nacido el 12 de agosto de 1875 en Ceiba Mocha, Matanzas, desde muy pequeño Raúl Miranda debió enfrentar las adversidades de la vida. Quedó huérfano a temprana edad y su familia se instaló entonces en casa de un tío, en Los Molinos, cerca de la capital provincial. Pasó después a la ciudad de Matanzas, a residir en casa de unos amigos cercanos, para poder garantizar su formación escolar.
Ingresó en 1886 en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas, donde se graduó como “Bachiller de Honor” en 1891, como premio a su dedicación y a los premios especiales que alcanzó. La influencia que recibió en esta institución fue muy positiva, en particular de Claudio Dumás Franco, uno de sus profesores más destacados. Tiempo después, así lo recordó Raúl Miranda, su discípulo agradecido:
“Don Claudio estructuró mi personalidad, moldeando mi inteligencia, formando mi carácter, creando en mi ser virtudes ejemplares: dignidad, lealtad, rectitud. Con este bagaje he ilustrado mi conciencia. Bagaje que recibí de aquel, mi maestro inolvidable”.

Implicado en al apoyo a los mambises que peleaban por Cuba libre, Raúl Miranda fue deportado a Estados Unidos durante la guerra del 95. Trabajó en Tampa como lector de tabaquería y maestro. Regresó al terminar la contienda en 1898. Este primer encuentro con el arte de educar y el ejemplo de su maestro Claudio Dumás lo decidieron a dedicarse a la enseñanza, en un momento crucial para el país.
El 29 de diciembre de 1899 fue nombrado maestro en Colón. Para ese puesto fue recomendado por el general Pedro Betancourt, gobernador provincial, y por el propio Dumás. Fundó con ese objeto una escuela pública, la número 1, a la que después puso por nombre José Martí. Esta fue una de las 24 nuevas instituciones educativas, de enseñanza primaria, que fundó el gobierno interventor en Colón.
Raúl Miranda tuvo una activa participación en el proceso de organización de la escuela publicada cubana que se llevó a cabo entre 1900 y los primeros años de la República. Formó parte de los tribunales encargados de evaluar y certificar a los nuevos maestros primarios. Impartió docencia en las Escuelas Normales de Verano implementadas en aquellos tiempos, que eran una forma de superar a los educadores. Fue, junto al conocido historiador y pedagogo Pelayo Villanueva, uno de los pilares de la educación colombina. Acerca de la maestría de Raúl Miranda como maestro, Villanueva expresó:
“Cuando Raúl Miranda, muy sereno, ocupó la cátedra, jamás tuvo más atención y nunca, tampoco, nos pareció más dominador de la materia, ni tan hábil para desmenuzarla y hacerla asimilar por los oyentes, ni para resumirla al fin en una síntesis que todos comprendieran y aprendieran…”.
En Colón, Raúl Miranda también fue periodista y sobresalió como orador, de fácil y elocuente dicción. Colaboró en el periódico Paz y Libertad y en la revista La Nueva Senda. También se plantea que publicó un folleto a propósito de la inauguración del Mausoleo a los Mártires de la Independencia. En 1902 fue electo vicesecretario de la Junta Local del Círculo de Hacendados y Agricultores en Colón.
De vuelta a Matanzas, Raúl Miranda afianzó su labor pedagógica y educativa. En 1904 recibió el nombramiento de Inspector Pedagógico de la provincia, que fue un reconocimiento a su desempeño como maestro. Desde esa función fue vital su trabaja en la organización de las Escuelas Normales de Verano, donde impartió, en 1906 las asignaturas de Historia y Geografía. Por esos años, la revista La Instrucción Primaria publicó tres informes que elaboró acerca de la situación, que abarcaron 1905 y 1906.
También por este período de su vida, Raúl Miranda se implicó en la política, como miembro del Partido Conservador. Fue consejero provincial, vicepresidente y presidente del Consejo Provincial, candidato en varias elecciones y gobernador interino en sustitución del gobernador Víctor de Armas. Escribió y publicó, en defensa de sus ideas, el libro Siluetas de candidatos (1910), donde reunió las biografías de los postulados matanceros a las elecciones de ese año por su agrupación política.
Además de este desempeño político, Raúl Miranda también tuvo una actividad social ejemplar. Presidió en 1917 la Asociación Cívica Cubana. Fue miembro destacado del Liceo de Matanzas y del Club de Leones. También fue masón y formó parte de la Peña Literaria de Matanzas.
Desengañado de la política, Raúl Miranda fundó en 1924 un colegio privado, que después pasó a llamarse Academia Consuelo Miranda. Era una escuela privada para niñas, quienes eran preparadas para ingresar en la Escuela Normal o en el Instituto de Segunda Enseñanza. Su directora fue la destacada educadora Consuelo Miranda, una de sus hijas. En este centro, Raúl Miranda impartió clases de Aritmética, Gramática, Geografía de Cuba y Universal, Educación Moral y Cívica e Historia de Cuba.
Una de sus alumnas en esa escuela, María Teresa Gómez Albuerne, lo recordó de esta forma:
“La obra pedagógica de Miranda ejerció una influencia determinante en el proceso formativo de un grupo generacional en Matanzas. Sus enseñanzas se tradujeron, en muchos casos, en profesionales o simplemente individuos capaces de investigar de avanzar y hallar el conocimiento de sí mismos”.
En 1932, Raúl Miranda pasó a residir a Camagüey donde, en compañía de su familia, abrió una escuela, que mantuvo el nombre de Colegio Consuelo Miranda. El 26 de agosto la prensa de la época informó:
“En la calle de Finlay y López Recio, con museo propio, laboratorios, se ha instalado ese plantel que fue durante muchos años orgullo, el más legítimo, de esta ciudad de Matanzas. Dirige la escuela el doctor Raúl Miranda, padre de Consuelo y como ella, alta mentalidad, sapiencia, cultura e ilustración vastísima. Felicitamos a los camagüeyanos por esa nueva fuente cultural con que cuentan desde este instante”.
Poco más de un año después, el 17 de diciembre de 1933, Raúl Miranda regresó a Matanzas:
“Vuelve Miranda a Matanzas, porque no queriéndose separar de sus hijos y habiendo vuelto a formar parte del claustro de la Normal la doctora Consuelo Miranda de Artola, ha abandonado aquella hospitalaria tierra camagüeyana, donde se les estimó grandemente y se les tenía en gran valía. Del regreso de los Miranda a esta sociedad vamos todos a felicitarnos”.
Un libro simiente
La publicación del libro Alrededor de la escuela (1909), por Raúl Miranda y Arturo Echemendía, fue un acontecimiento nacional. Se escribió en un momento crucial para la pedagogía cubana, necesitada de volver a sus raíces. Recogió el pensamiento de dos grandes personalidades y es, sin lugar a dudas, el libro más importante publicado en Matanzas sobre la ciencia de la educación. Desde las páginas del Diario de la Marina, Joaquín N. Aramburu destacó que, entre los libros reciente que trataban el tema educativo
“…ninguno ha sido escrito en lenguaje más escogido, con mayor profundidad de observación y más altas finalidades filosóficas…”.
Además, agregó
“…al hablar de escuelas y estudiar la trascendental función sociológica de los métodos educativos, se ha de hacer en idioma como este que manejan Miranda y Echemendía, armonioso en forma, y altamente ennoblecedor en su esencia”.
Repasar algunos de los criterios sostenidos en Alrededor de la escuela, permite profundizar en el pensamiento pedagógico de Raúl Miranda:
El poder de la educación:
“La escuela no tiene que hacerlo todo, misión que, por otra parte, no podría hacer ella sola”.
“La educación es toda una, ya doméstica o pública; sus procedimientos deben ser congruentes y recíprocos, so pena de destruirse la una a la otra, o de debilitar su eficacia”.
La enseñanza de la historia:
“Así como los niños son capaces de comprender desde temprano los actos de heroísmo, son también capaces de sentir el deseo de imitarlos. El estímulo de este deseo es uno de los factores de la educación”.
“…su estudio es de capital importancia y no se concibe que se desatienda, sobre todo en las naciones en que —y la nuestra es una de ellas— el ideal es inseguro y la idea de la patria es todavía algo nuevo y podría ser quebrantada por el influjo constante de sangre extranjera”.
La enseñanza de la lectura:
“…en la enseñanza de la lectura desde los primeros grados debe dársele primordial atención a las ideas a fin de desterrar, por todos los medios posibles, la lectura simplemente mecánica que nada dice a la mente y que más que un ejercicio intelectual, es una gimnasia de los órganos que intervienen en la emisión de los sonidos articulados”.
El ideal educativo:
“Para que la educación sea un instrumento de progreso es menester que la inspire un ideal común, y no deseche ninguno de los resortes que unen sus piezas y que al unirlas hacen una obra armónica. Está visto que la nuestra no llena el primer requisito ni cumple la segunda condición. Hoy como ayer es una obra de retazos”.
La enseñanza de la moral:
“No es, en efecto, por medio de discursos y razonamientos que se forman hábitos virtuosos y como se dota a los niños de capacidad para discernir lo bueno de lo malo, sino por el ejemplo y la experiencia, que son las más abundantes fuentes”.
“El hogar; he aquí donde el ejemplo, maestro mudo de los niños, tiene su centro. Los hijos imitan a sus padres e inconscientemente reflejan sus vicios y virtudes”.
La importancia del grado primero:
“La cultura y la pericia pedagógica deben ser inherentes al maestro de primer grado (…) una enseñanza deficiente en el primer grado es causa de perjuicios irreparables… pero aún en el supuesto de que fueran reparables es más sabio evitarlos”.
Homenajes
La muerte de Raúl Miranda fue muy lamentada. Se le dedicaron elogiosos artículos, poemas y homenajes. Fue la forma en que una ciudad mostró su agradecimiento al viejo y reconocido maestro. En el periódico matancero El Republicano se escribió:
“Un educador meritísimo que nos abandona y deja obra que Matanzas sabe aquilatar, por su efectividad y frutos magníficos que la comunidad ja estado recibiendo durante varios lustros”.
“Hace más de dos décadas conocimos al profesor Miranda que había servido en el Inspectorado Escolar y continuó laborando en el Gobierno Provincial, siendo consejero, Gobernador ad-ínterin, etc., siempre afable y caballeroso para con todos los que a su cargo concurrían en busca de soluciones”.
“Entretanto, sus hijas comenzaban a iniciarse en el magisterio y la labor de estas competentes educadoras es bien conocida en la sociedad matancera”.
“El profesor Miranda dedicó varios años a la Academia que en la calle Milanés es pilastra de la docencia privada y hace meses abandonó el aula para atender la salud quebrantada por la labor de tantos años al servicio del noble apostolado”.
“La noticia de su deceso se conoció con gran rapidez en horas de la mañana de ayer y el sepelio ha sido una manifestación sentida de la sociedad matancera”.
Desde el Diario de la Marina, el corresponsal matancero Manolo Jarquín también hizo sentir el pesar por la desaparición física de quien era gloria viviente del magisterio yumurino. Después de considerarlo uno “…de nuestros grandes prestigios educacionales”, agregó:
“Excesivamente modesto, Raúl Miranda, (…) vivió alejado de los fastos y las vanidades, realizando su obra ciclópea, en la órbita de la sencillez y la humildad, sin querer sobresalir, como tantísimo derecho tenía, en los sectores del talento, la saliencia y la ilustración”.
“Replegado en su academia, después de sus decepciones políticas, nadie logró arrancarlo del altar de sus aulas, y sus indiscutibles triunfos pedagógicos, por su propia voluntad, no traspasaron los muros de su cenáculo”.
«Perfecto conocedor de la vida, experimentado ampliamente de las conveniencias sociales, Raúl Miranda gozaba para sí propio de su gigantesca obra, remiso a toda efímera divulgación y a los relumbrones de la popularidad”.
“Carácter de no comunes reciedumbres, era parco en sus juicios, y observaba en silencio cuanto florecía en torno suyo para no dar su laudo sino cuando convencíase del propio valer”.
“Conocimos a Raúl Miranda durante los años de su vida pública, de su actuación política —en el Ayuntamiento, en el Gobierno, en Obras Públicas— y de su trato guardamos amables recuerdos, sapientes enseñanzas, luminosos consejos”.
“Espíritu selecto, mente privilegiada, el educador insigne que acaba de perder la Atenas era poseedor de la más vasta cultura y la más amplia ilustración, así como de la más humana comprensión, no desdeñando en su inferioridad a los que estaban en planos por debajo de su encumbrada superioridad”.
Raúl Miranda Fernández fue uno de los grandes educadores matanceros de todos los tiempos. Hoy su nombre está casi olvidado. Por tanto, es momento de recordar a este hombre, quien fuera un maestro ejemplar.
