Fotos: Cortesía del entrevistado
Era el Valle del Yumurí, inmenso, ante sus ojos curiosos. Había magia, cuando escondido, tras la hierba alta, aguardaba, con las jaulas muy bien preparadas, por el despiste de algún pájaro, que luego, volvía a dejar libre. La alegría absoluta estaba allí, en aquel río, cuya corriente se estremecía, con la sonrisa de los niños, que, como él, disfrutaban de la mal llamada fatalidad geográfica, por ser del campo.
Hoy, aquel niño, convertido en un Ortopédico Pediatra reconocido y querido en Matanzas, relata extasiado, sus aventuras de infancia. Vuelve a respirar el aire fresco de la casa familiar y me dice orgulloso: «Yo soy guajiro, periodista».
¨Nací y me crié en un poblado que se llama Mena, una zona rural, ubicada a cuatro kilómetros de la ciudad de Matanzas. Mi padre era pequeño agricultor y mi madre ama de casa. Soy el menor de 6 hermanos.¨
Juan de Dios García Domínguez estudió en una pequeña escuela rural hasta el quinto grado. Desde pequeño se interesó por la lectura y su madre siempre le decía, que no debía preocuparse por otra cosa, más que estudiar.
Por ese entonces no se imaginó que su vida profesional estaría ligada al sector de la salud.
¨Mi inclinación por la medicina no surge de ninguna motivación familiar. Nadie en mi familia se había interesado antes en esa rama, de hecho, hasta el día de hoy, soy el único médico de la familia. Tuve la suerte de que mi hermano mayor fuera amigo de muchachos que por aquel entonces, siendo yo un adolescente de 12 o 13 años, estudiaban Medicina. Los escuchaba conversar, enamorados, de la profesión. Esa fue la influencia más directa. Entre ellos estaba el doctor Rolando Reguera. Fui viendo en él ese referente y su interés por la Ortopedia, aparte que humanamente siempre lo he admirado mucho.¨
Cuando terminó el Preuniversitario, Juan de Dios optó por Medicina y felizmente por sus resultados académicos la obtuvo. Cursó un año y medio, de seis, en La Habana. Luego la Atenas de Cuba lo vio esforzarse para aspirar y alcanzar una de las seis plazas del internado vertical en Ortopedia y Traumatología de ese curso.
Me decidí por la Ortopedia Pediátrica, porque cuando realizaba la especialidad a pesar de vincularme más a hospitales de adultos, en las rotaciones por el Hospital Pediátrico me gustaba el trabajo con los niños. Uno se va inclinando hacia una parte u otra en dependencia de cómo interprete la Ortopedia. Mi tesis de la especialidad, se titulaba, «Análisis de los resultados obtenidos en el tratamiento ortopédico de las parálisis braquial obstétrica», y mi tutora fue la Dra. Rudbeckia Álvarez Núñez, todo un referente dentro de la medicina matancera y cubana.
¨Una vez graduado hice mi servicio social en el hospital Mario Muñoz Monroy de Colón, a partir de enero de 1990. A los seis meses de estar allí, fui llamado para cumplir una misión internacionalista en la República Popular de Zambia, donde estuve por dos años.¨

¨Allí sufrí paludismo 4 veces, era joven y tenía buenas condiciones físicas para enfrentarlas, pero viví días duros pues los tratamientos eran fuertísimos.¨

Al regreso continúe laborando en Colón, hasta que en febrero de 1994, tras aprobar un concurso de oposición, para una plaza que surgió en el Hospital Pediátrico Provincial Eliseo Noel Caamaño, comencé a trabajar allí, hasta la fecha.
El Dr. Juan de Dios, a quien cariñosamente, colegas y pacientes llaman Juani, siente un profundo compromiso con la labor que desempeña hace casi 40 años.
¨La medicina significa todo para mí, constituye mi filosofía de vida. Desde que uno comienza a estudiar la carrera quienes lo rodean te miran diferente, como alguien especial por lo que representas para la sociedad. Ahí está, justamente, la carga simbólica de llevar la bata blanca: el compromiso moral que uno adquiere con sus pacientes de darles lo mejor cada día. Somos humanos y no estamos exentos de errores, no obstante tenemos la obligación de mantenernos actualizados y estudiar a diario para corresponder a la confianza que se deposita en nosotros para salvar o mejorar la calidad de vida de nuestra gente.
¨Ser buen médico requiere de poseer cualidades que a veces van más allá de las intenciones del ser humano; pero sí, quien decide ser médico necesita por obligación tenerte unas cualidades muy especiales como persona. La calidad humana y una alta dosis de empatía contarán entre las principales. También está el factor ético, indispensable para nosotros los galenos. Y por último y no por eso menos importante, está la sed constante de aprender, investigar y a su vez también enseñar.
Este doctor admite que representa todo un reto su especialidad en el área pediátrica. El 1997 parte a Sudáfrica a una colaboración médica, hasta el 2001.

La experiencia en África tuvo un gran valor en mi formación en la especialidad de Ortopedia y Traumatología. Traté enfermedades muy poco comunes en Cuba como secuelas de la Poliomielitis, Sífilis Congénita Terciaria con toma ósea, Tuberculosis Ósea, así como otras muchas enfermedades carenciales a las que no estaba acostumbrado.
A su regreso continúa su labor en el Hospital Pediátrico Provincial, centro asistencial donde trabaja hasta hoy.

El Especialista de Primer y Segundo grados en Ortopedia y Traumatología durante su destacada trayectoria profesional ha optado siempre por la superación constante.

¨Soy profesor auxiliar desde diciembre 2019 y la docencia me ha dado no pocas satisfacciones, así que también la disfruto muchísimo. Me exige constancia y actualización. Disfruto el intercambio con los jóvenes en formación. Aprendo muchísimo de ellos también.

Juan de Dios es, además, Miembro Titular de la Sociedad Cubana de Ortopedia y Traumatología y Miembro del Comité Académico de la Especialidad en la provincia de Matanzas, compuesto por siete ortopédicos especialistas.

Juan de Dios ha participado en numerosos Congresos nacionales e internacionales de su especialidad así como en Cursos de Superación, Jornadas Científicas y tutorías de Tesis.

Durante estas cuatro décadas vinculado al sector de la salud, con constantes retos para la superación y la asistencia médica, Juani, ha contado con el apoyo familiar, vital para su realización y satisfacción como ortopédico.
Su padre no pudo verlo graduado, pero Juan de Dios, confiesa que hubiera sido fascinante para su progenitor compartir la alegría de que se convirtiera en ortopédico. Su madre, de quien nunca se separó, contaba con orgullo que su hijo era médico, una satisfacción que repetía bajito pero sentía a todo pulmón. Sus hermanos mayores fueron responsables también de que pudiera materializar sus sueños.
«Mi esposa y yo, nos casamos cuando estaba en tercer año de la carrera, y éramos novios desde el Pre, así que ella ha sido para mí un apoyo invaluable. En cada empeño y resultado mío está su mano y sonrisa para decirme que puedo lograrlo. Ella, mis hijos, mis nietos, mi familia y la Ortopedia son, sin duda alguna, mi vida».


