El monumento a José Martí en el Parque de la Libertad fue un homenaje popular en el que participó toda Cuba.

El 10 de diciembre de 1905 la revista Cuba y América publicó la nota titulada “Un monumento a Martí”, donde ofreció una primicia:

“El doctor Ramón Luis Miranda, matancero, médico, amigo y admirador de nuestro inmortal José Martí, en su último viaje por Italia, concibió en Roma el proyecto de erigirle un monumento en Matanzas, para lo cual se entrevistó en dicha ciudad con el distinguido escultor Salvatore Buemi. Éste hizo un boceto de Martí, en barro, que lo perfeccionará tan pronto reciba un buen retrato”.

“El monumento se compondrá de la estatua en bronce, pedestal de granito de Ravena, varios escalones de mármol en el centro de los cuales habrá una palma y corona de laureles y la inscripción que se acuerde. La elevación total del monumento será de cinco metros”.

En abril de 1906, la revista The Cuba Review and Bulletin, bajo el título de “Monumento a Martí. Honor para el cubano que murió por la Independencia”, ofreció detalles acerca del proyecto concebido por el doctor Ramón Luis Miranda,

“…matancero, médico, amigo y admirador de nuestro inmortal José Marti, en su último viaje por Italia…”.

Además de lo planteado por Cuba y América meses antes, se añadió sobre las características del monumento:

“Martí aparece representado en el acto de tender noblemente en la mano derecha un manuscrito, donde inspirado consignó sus mejores pensamientos y sentimientos en defensa de la Patria; los escalones representan el martirio, y la palma y corona de laureles simbolizan la victoria”.

Se informó que Isidoro Ojeda, alcalde municipal de Matanzas, había acogido la idea con fervor. Agregó que el Ayuntamiento de la ciudad, en la sesión que celebró el 9 de agosto de 1905, acordó colocarlo en el paseo Martí y que, en el presupuesto de marzo, consignaría una cifra de dinero para sumarla a la suscripción ya iniciada.

Luis Rodolfo Miranda. Archivo del autor.

El 11 de agosto de 1906 el doctor Ramón Luis Miranda, quien había sido médico personal y amigo entrañable de José Martí, firmó oficialmente el contrato legal con el escultor Salvatore Buemi. Este documento lo redactó Carlos Pedroso, encargado de negocios de Cuba en Roma, quien sirvió como testigo junto a Enrique Soler Baró.

La comisión encargada del patriótico proyecto estuvo conformada por Ramón Luis Miranda, Gonzalo de Quesada, ministro de Cuba en Washington; Rafael M. Govín y Gustavo F. Govín. Los auxiliares fueron Angelina Miranda, hija de Ramón L. Miranda y esposa de Gonzalo de Quesada; los matanceros Carlos M. Trelles, historiador, y Enrique B. Barnet, médico, así como Luis Rodolfo Miranda, sobrino de Ramón L. Miranda y alma de la comisión. Junto a estos trabajó el ingeniero Conrado E. Martínez.

Tarja de mármol que recuerda al doctor Ramón Luis Miranda en la base del monumento. Archivo del autor.

El 16 de noviembre de 1906, el Diario de la Marina mencionó las gestiones de Ramón Luis Miranda, al publicar esta noticia:

“Matanzas. Monumento a Martí. El señor don Ramón Luis Miranda, ha dirigido desde Nueva York una carta a los matanceros, que ha visto la luz en la prensa local, participándoles que en el viaje que hizo a Europa, durante el presente año, estuvo en Roma y ordenó el 11 de agosto, el monumento de José Martí, que ha de erigirse en Matanzas, habiendo pagado el primer plazo según contrato; pero necesitándose mayor cantidad de la recolectada hasta la fecha, para el pago de todos los gastos, apela a la generosidad del pueblo, para que sus hijos y simpatizadores se sirvan contribuir con su óbolo, para terminar dicha obra”.

Ramón Luis Miranda: médico de Martí y mucho más

La suscripción

Desde el 25 de octubre de 1907 el Diario de la Marina comenzó a publicar los resultados de la suscripción popular abierta para la recogida de fondos, incluyendo los nombres de los donantes. La cifra ascendía en esa fecha a 4.777 pesos con 48 centavos y en enero del año siguiente era de 5.405 con 13 centavos. Se informó que las donaciones debían ser remitidas a Luis Rodolfo Miranda, en La Habana, o al doctor Ramón Luis Miranda, en Nueva York.

Entre los donantes se destacaron los nombres de varias personalidades de la época. El poeta y patriota José Joaquín Palma aportó 10 pesos. 4 pesos con 78 centavos fue la cifra que donó Rafael Serra, escritor y gran amigo de José Martí. Otro conocido del Apóstol, Rafael de Castro Palomino, lo hizo con 85 centavos. El estadounidense Charles Magoon, gobernador provisional del Cuba, envió 25 pesos a la comisión encargada de recoger los fondos recopilados.

Una de las listas de suscripción que publicó el Diario de la Marina. Archivo del autor.

Al revisar las listas de donantes que publicó el Diario de la Marina, sobresale la presencia de científicos cubanos, en particular médicos. Fue una forma de apoyar la iniciativa, que había nacido de la inspiración patriótica de un colega. Entre los profesionales que aportaron estuvieron los miembros del Departamento de Sanidad, según se publicó el 1 de abril de 1908. Entre los contribuyentes en esa oportunidad estuvieron los afamados médicos Carlos J. Finlay (10 pesos), Enrique B. Barnet (10 pesos), José A. López del Valle (10 pesos), Ernesto de Aragón (2 pesos) y Jorge Le Roy (1 peso).

En otras fechas se dio a conocer que también lo hicieron Juan N. Dávalos (1 peso), Ambrosio González del Valle (2 pesos), Eleuterio Paz, médico español residente en Jagüey Grande, (3.70 pesos); José M. Verdeja (4 pesos) y Federico Torralbas (2 pesos). El farmacéutico Domingo Lecuona, gobernador de Matanzas, aportó 10 pesos.

Desde otros lugares de Cuba también se recibieron donaciones, realizadas a nombre de dependencias públicas y privadas. El Ayuntamiento de Consolación del Norte aportó 17 pesos y 15 el de Jaruco. 25 pesos fue la contribución de los ayuntamientos de Mayarí, Cárdenas y La Esperanza. Por su parte, el Ayuntamiento de Santiago de Cuba dio un fuerte respaldo a la suscripción con 500 pesos, mientras el Consejo Provincial de Pinar del Río colaboró con 50. La Colonia Española de Matanzas lo hizo con 25 pesos.

No es correcto afirmar, como hace algunas fuentes, que la suscripción la hizo el pueblo de Matanzas. La contribución financiera para erigir este monumento a José Martí tuvo carácter nacional. Así lo demuestra la revisión de las listas de donantes. Fue un homenaje del pueblo de Cuba ideado y materializado gracias a un médico, Ramón Luis Miranda.

El monumento

El 22 de agosto de 1908 la prensa cubana dio a conocer la noticia de la terminación de la estatua del Apóstol. El Diario de la Marina ofreció los detalles siguientes:

“La estatua de Martí. Roma, agosto 21. Ha quedado terminada la estatua de José Martí que debe erigirse en Matanzas y el escultor Salvatore Buemi, que fue encargado de su ejecución, la expuso hoy al público, acudiendo a examinarla varios de los miembros de gabinete italiano, senadores y un gran número de invitados”.

“El señor Gonzalo de Quesada, que se encuentra aquí agenciando el asunto de la emigración italiana a Cuba, pronunció un elocuente discurso, en el cual dijo que la identificación de Cuba con España y los países latinoamericanos era completa; brindó por el rey Víctor Manuel, quien le telegrafió por la terminación del monumento”.

Otra información de prensa recogió lo siguiente:

“La estatua de bronce que será erigida en Cuba en memoria de José Martí, el patriota cubano, fue entregada en Roma por el escultor que la modeló, Signor Salvatore Buemi, al señor Don Gonzalo de Quesada, ministro de Cuba en los Estados Unidos. Cuando esta estatua, para la cual el gobierno cubano destinó $ 26,000, esté colocada sobre su pedestal, tendrá una altura de 21 pies. En la ceremonia de la entrega oficial del monumento estuvieron presentes, además del Ministro y otros funcionarios cubanos, el Subsecretario de Relaciones Exteriores de Italia y varios personajes prominentes del Reino”.

Desde Matanzas, el periódico El Republicano Conservador informó el 5 de diciembre de 1908:

“…hay el propósito de hace coincidir la inauguración de la estatua de Martí que en breve se inaugurará en la Plaza de la Libertad (…) con las fiestas que habrán de efectuarse por la restauración de la República, y que todo indica que será el 28 de enero entrante, día del aniversario del nacimiento del Mártir de Dos Ríos”.

“Tanto para armar y retocar la estatua, como para intervenir en su colocación en el basamento que se le está preparando en el centro de la Plaza, vendrá desde Italia a Matanzas, y allí permanecerá el tiempo necesario, el afamado escultor Salvatore Buemi, autor de aquella”.

El 18 de diciembre de 1908 el Diario de la Marina informó que el monumento a José Martí estaba ya en su destino:

“El monumento de Martí ja llegado a Matanzas. Pronto ocupará su lugar en la Plaza de la Libertad, por lo tanto, se suplica a los que todavía no han entregado sus cuotas se sirvan efectuarlo a señor Luis Rodolfo Miranda”.

Salvatore Beumi esculpió la estatua de José Martí y las otras piezas en bronce del monumento en su fundición Nelli, en Roma. Para la figura del Apóstol fue asesorado por Gonzalo de Quesada. La estatua, de 2,5 metros, de José Martí aparece de pie, con un rollo de papel en la mano derecha donde se lee “Cuba Libre”. También porta una leontina y pajarilla en su chaleco y el célebre anillo que tiene grabada la palabra “Cuba”.

Esta estatua es la mayor altura de monumento, que mide en total 5,5 metros. En un nivel inferior otra escultura de una mujer representa a la Libertad en el momento de romper las cadenas de la opresión. Para modelarla, Beumi utilizó tres modelos italianas y a su esposa para el torso. En la base, a la izquierda de los pies de Martí, aparece la frase “S. Buemi fece Roma, 1908”. Aparecen cenefas de bronce fundido y un fragmento de los Versos sencillos junto un ramo de flores y una bandera de bronce. Hay una tarja de mármol dedicada al doctor Ramón Luis Miranda.

Como era costumbre, en la base del monumento hay una caja de plomo que contiene periódicos y monedas de la época. Con los años, el entorno de este conjunto escultórico ha cambiado. Se añadieron escalones y por momentos ha estado rodeado de jardines o de rejas que bordean el perímetro y que impiden el libre acceso del público.

Vista actual del monumento. Archivo del autor.

El acto

La intención de hacer coincidir la inauguración del monumento a José Martí en Matanzas, con los actos por la restauración de la República el 28 de enero de 1909, no prosperó. En realidad, era muy complicado hacerlo, habida cuenta de los actores políticos e internacionales implicados en el acontecimiento. Además, era tal la magnitud de la celebración que el acto en Matanzas hubiese quedado opacado.

Se decidió entonces que se efectuara la celebración matancera en la otra fecha patria más cercana: el 24 de febrero. Tal fue desde entonces, el objetivo del nuevo gobierno cubano. El 28 de enero, al tomar posesión de la estrenada Secretaría de Sanidad y Beneficencia, el doctor Matías Duque

“…presentó a los jefes del Departamento al doctor Ramón Luis Miranda, iniciador de la suscripción para erigir un monumento a la libertad”.

El 25 de febrero de 1909, un día después de la inauguración del monumento, la prensa cubana dio a conocer la descripción del acto. En el telegrama que envió Tomás Servando Gutiérrez, corresponsal del Diario de la Marina, ese mismo día a las 11.00 am, apareció una breve síntesis de la actividad:

“Acaba de descubrirse la estatua de Martí. Público inmenso rodea la tribuna oficial. Los niños de las escuelas asisten a la ceremonia. El doctor Carnot pronunció breves y sencillas frases. Su niña, Laura Carnot, vestida de República Cubana, descorre el velo que descubre el monumento. La efigie de Martí está vaciada en bronce de pie y en actitud de hablar, portando un rollo de papeles. El Dr. Miranda dirige la palabra al pueblo. Día hermosísimo. Entusiasmo grande”.

Ese día, 24 de febrero de 1909, la comitiva del presidente José Miguel Gómez viajó a Matanzas por ferrocarril bien temprano. Tras su paso por Jaruco, Bainoa y Aguacate, el tren fue saludado y aclamado por los pobladores. Al llegar a Matanzas fue recibido por Domingo Lecuona, gobernador provincial, y Alfredo Carnot, alcalde municipal. Además de los miembros del gobierno y figuras de la política, entre los acompañantes del presidente José Miguel Gómez estuvieron Manuel S. Pichardo, en representación del Ateneo de La Habana; Gustavo López y el matancero José A. Valdés Anciano, a nombre de la Academia de Ciencias.

Momento en que se develaba el monumento. Foto que publicó la revista Cuba y América. Archivo del autor.

Tras la recepción oficial y popular, en la cual el General Gómez dio “…cientos de apretones de manos”, la comitiva se acomodó en la tribuna de honor para presenciar al acto. Tras descubrirse el monumento por la niña Laurita Carnot, el sentimiento de admiración era general:

“La gallarda figura de Martí aparece en pie, en actitud de pronunciar una de sus aquellas célebres proclamas que le consagraron como elocuente apóstol político. La estatua es obra de gran mérito artístico. Abajo, frente al pedestal, una figura de la Libertad se yergue valiente y femenil, rompiendo unas cadenas. El malogrado patricio allá, en lo alto, parece contemplarla amorosamente. En la base de la efigie, que está vaciada en bronce, leemos esta inscripción: «Fecit en Roma, S. Buemi, 1908»”.

A continuación, Alfredo Carnot, alcalde de Matanzas pronunció “…breves y patrióticas frases”. Le siguió el doctor Ramón Luis Miranda. Otro de los oradores, con “…breves frases alusivas al acto…”, fue Salvatore Buemi, autor de la obra. Por el Partido Conservador, José Antonio González Lanuza, con una “…magistral oración, admirable de fondo y perfecta de forma”, en la que enfatizó que “…en estos sagrados momentos eran precisos ideas y no palabras”. Acerca del contenido de su discurso, el Diario de la Marina señaló que:

“…admirable sobre todo al presentarnos en hermosa síntesis la historia llena de sacrificios de Martí, el carácter altivo y tenaz del maestro, su generosidad e hidalguía netamente españolas, los rasgos más sobresalientes y peculiares de aquel hombre que si había heredado de su padre valenciano la resolución y la firmeza, parecía por su temperamento arrebatado y sonador, por su afición a los símiles y las imágenes y por la riqueza desbordante de su fantasía haber nacido bajo el cielo riente de Andalucía”.

“Recordando las doctrinas de Martí, evocando con gran fortuna y en períodos de suma elocuencia la conducta de conciliación y de armonía que fue la característica de aquel Apóstol de la independencia de Cuba, (…) recomendó a todos que se inspirasen en la unión y la concordia al intervenir en cualquier asunto de índole nacional, advirtiendo que el único homenaje que sería grato al ilustre patriota a quien allí se rendía culto era el de compenetrarse todos los cubanos en los sentimientos de amor recíproco que debe ser la pauta de su proceder público…”.

Seguidamente se leyeron dos composiciones poéticas. Lo hicieron el ya famoso Bonifacio Byrne y el anciano poeta e historiador Emilio Blanchet. El último discurso correspondió a Alfredo Zayas, vicepresidente de la República y jefe del Partido Liberal, con palabras “…dichas con mucho ardor y entusiasmo patriótico”. En ellas

“Hizo un cálido elogio del maestro, realizó la merecida apología del doctor Miranda, alma de luchador, espíritu noble y generoso. El señor Zayas nos habló en un momento de gran inspiración, de la estrella de nuestros amores que vigilaba siempre en el sangriento triángulo que la sustenta”.

Otra foto del acto de inauguración. Foto en la revista Cuba y América. Archivo del autor.

Concluido el acto de inauguración del monumento a José Martí, el presidente José Miguel Gómez y sus acompañantes se dirigieron a la Casa Consistorial. Allí, presenciaron un desfile de las fuerzas armadas. Después pasaron a Monserrate donde, frente a la Ermita del lugar, disfrutaron de un almuerzo ofrecido por la Colonia Española. Más tarde visitaron los salones del Liceo de Matanzas y del Casino Español. Tras una recepción en casa del empresario Heydrich, regresaron en tren a La Habana.

Ecos

El propio día 24 de febrero de 1909, el periódico Tampa Morning Tribune ofreció la noticia de la inauguración del monumento en Matanzas:

“Cuba tendrá una Estatua de la Libertad en Matanzas. Salvatore Buemi, escultor italiano de Roma que realizó la figura, la cual se ubicará en un parque público frente al puerto, llegó a Nueva York el lunes y partirá el próximo sábado hacia Matanzas para organizar la inauguración del monumento el 24 de febrero. El Sr. Buemi ha estado trabajando en la estatua durante más de dos años y tendrá un papel importante en las ceremonias de inauguración”.

“Además de la figura de bronce que representa la libertad, que reposará sobre un pedestal de granito, la imagen de bronce de José Martí formará parte del mismo monumento, que se está erigiendo mediante suscripción popular. La estatua de la libertad tendrá doce pies de altura y estará al pie del monumento a Martí, que descansará sobre un pedestal más alto”.

Foto en Tampa Morning Tribune. Archivo del autor.

Al día siguiente de la inauguración, el Tampa Morning Tribune volvió a hacer referencia al acontecimiento:

“En Matanzas se desvela gran monumento de bronce con la ceremonia correspondiente. Los cubanos celebran hoy el aniversario del inicio de la revolución contra España, que culminó, con la ayuda de Estados Unidos, con la libertad de la isla y el establecimiento de una república. Si bien el segundo intento de autogobierno, iniciado recientemente, se ha visto empañado por numerosas diferencias entre quienes ostentan el poder, los cubanos en general se encuentran de buen humor y celebran el aniversario con peleas de gallos y otras diversiones tradicionales”.

“En Matanzas, se inauguró hoy una gran estatua de la libertad, en una celebración multitudinaria. La estatua, obra del renombrado escultor italiano Salvatore Buemi, de Roma, se alza en un parque público frente al puerto. El escultor es hoy huésped de Matanzas y tuvo un papel destacado en la ceremonia de inauguración. Le llevó dos años completar la obra”.

“La estatua de la libertad mide doce pies de altura, y una imagen de bronce de José Martí, el patriota cubano, forma parte del mismo monumento, que fue erigido por suscripción popular”.

Otro periódico estadounidense, el St. Augustine Evenning Record, también dio cuenta el 24 de febrero de 1909 de esta misma noticia, con otro titular: “La Estatua de la Libertad fue inaugurada en Matanzas con gran ceremonia”.

Desde Roma, la Gazzetta Ufficiale della Repubblica Italiana dio cuenta del patriótico acto:

“Arte italiano. Un telegrama procedente de Matanzas informa que ayer, con la participación del presidente de Cuba y en presencia de todas las principales autoridades de la isla, se inauguró solemnemente el monumento al poeta y patriota José Martí, obra del valiente escultor italiano Salvatore Buemi. Fue un triunfo para el arte italiano y para el artista, quien asistió a la inauguración. Fue agasajado y se le ofreció un banquete, al que también asistieron el presidente de la República y el Dr. Miranda, presidente de la Comisión del Monumento”.

En el número mensual de marzo de 1909, la revista Cuba y América, informó:

“La estatua de Martí en Matanzas. Los matanceros celebraron dignamente el veinte y cuatro de febrero con la ceremonia de descubrir la estatua erigida en la plaza de la Libertad al mártir de Dos Ríos. Al acto solemne concurrieron el presidente de la República General José Miguel Gómez, el vice-presidente Dr. Alfredo Zayas, una comitiva selecta de personalidades representativas de los distintos poderes y organismos de la nación y un inmenso público. El monumento artístico es digno y será orgullo de la ciudad de Matanzas. Su costo ha sido sufragado por suscripción popular abierta y sostenida con gran entusiasmo y espíritu cívico por el venerable patriota Dr. Ramón Miranda, secundado por sus familiares Gonzalo de Quesada, Luis R. Miranda y otros”.

Al mes siguiente, en abril de 1909, Cuba y América volvió a informar a sus lectores sobre lo acontecido en Matanzas:

“La estatua de Martí en Matanzas. La ciudad de los dos ríos ha tenido la gloria de erigir una estatua del libertador José Martí. La ceremonia de descubrir el monumento fue un acto solemne, de enaltecimiento popular que realzó con su presencia el Presidente de la República, acompañado de otras personalidades notorias en la política y en las letras”.

“Débese el esfuerzo cívico realizado a las vigorosas iniciativas de los patriotas, Dr. Ramón Miranda, Gonzalo de Quesadam Luis Rodolfo Miranda y a la devoción con que el pueblo matancero en primer lugar y los cubanos en Cuba y en el extranjero, respondieron a su celoso llamamiento, engrosando con dádivas generosas la suscripción pública”.

“Las estatuas a los próceres tienen un gran valor educativo: mantienen vivos los recuerdos de las virtudes y merecimientos del que glorifican y dignifican al pueblo que los honra. Cuba, con su gobierno propio, repetirá el ejemplo de Matanzas, que es tarea hermosa de paz que fortifica y acrecienta el sentimiento nacional honrar a los que nos precedieron los monumentos dignos de su sacrificio y renombre”.

Foto del monumento. Archivo del autor.

La estatua de José Martí en el Parque de la Libertad de Matanzas ya tiene más de cien años. Ha perdurado en el tiempo por su condición de tributo rendido al Apóstol por el pueblo de Cuba. Reconocer su carácter popular y nacional es dejar establecida la verdad histórica. Fue, en un momento crucial para la nación, un acto de reafirmación de su independencia y de su apuesta por la república soñada. Hoy podemos recitar con admiración las estrofas que le dedicó, aquel 24 de febrero de 1909, el poeta matancero Bonifacio Byrne:

“Martí

“¡Fue un apóstol, un mago y un profeta!

En su pálida faz de anacoreta

divinizó la Fe sus resplandores,

como Dios diviniza los colores

que el iris reproduce en su paleta.

El timbre de su voz era el encanto

de las infortunadas multitudes,

que iban tras él para besar su manto;

y de la conjunción de sus virtudes

y de su patriotismo vigilante

parece que nacía

una llama sutil y fulgurante,

que hasta su pensamiento se extendía,

para que fuese un émulo del día

el divino esplendor de su semblante!”.

 

“Su fértil existencia fue

un ánfora de rara transparencia,

que hasta el borde llenó de bendiciones

quien puebla el Firmamento de escalones,

para que suba al Cielo la conciencia

su místico manojo de oraciones”.

 

“Jamás dobló sumiso la rodilla

en presencia del salvaje inhumano;

¿quién es el que se humilla

delante de la escoria y del pantano?

¡Puro su nombre en nuestra mente brilla,

como el cáliz oculto en la capilla

y la discreta dádiva en la mano!”.

 

“Para darle calor a su quimera,

de noche se dormía

apoyada la frente en su bandera;

y cuando amanecía,

besábala en sus nobles pensamientos,

porque, entonces, llorando, imaginaba

que en aquellos momentos,

allá en los campamentos,

alguien contra su seno la estrechaba!

¡Lírico domador de corazones!

¡Piélago de virtudes infinitas!

Sus misericordiosas ilusiones

fueron como fragantes margaritas,

con las que embalsamó las confesiones

que embellecen sus cartas manuscritas!”.

 

“¿Quién a dudar de su virtud se atreve?

En confín extranjero una hoguera encendió sobre la nieve;

Y fue su ardor patriótico un reguero

de intensa luz, que recordarse debe.

Bregó contra el impúdico egoísmo,

como Natura con la enferma entraña,

y apoyado en su austero patriotismo,

sobre un puente de luz cruzó el abismo

y clavó su estandarte en la montaña.

¿Por qué el destino permitió, versátil,

que acometiera la fatal jornada

donde, febril, se adelantó a su hueste?

¿Cuál astro, de su fúlgida mirada,

envidia tuvo al resplandor celeste?”.

 

“Como después de dilatada ausencia,

para vivir en el hogar paterno

el hijo vuelve, cariñoso y tierno,

trayendo, con su voz y su presencia,

de las memorias el placer interno,

así también, y en memorable día,

llegar él supo a sus nativos lares…

Cuando tocó a la puerta ¡qué alegría!

pero después que entró ¡cuántos pesares!…

¡No pudo ver el fin de su camino!

Veloz la muerte le clavó en el pecho

su guadaña, con ímpetu asesino,

¡y expiró sobre el campo, satisfecho,

porque a morir únicamente vino!…”.

 

“Desde que el noble soñador no existe,

en sus paternos lares

de eterno luto el ánimo se viste.

Para la patria su recuerdo es triste,

como las melancólicas exequias

que en la cubierta del bajel lejano

realizan taciturnos los marinos,

sobre el sensible corazón la mano

y en los ojos del llanto las señales,—

mientras la mar el féretro liviano

recibe en sus entrañas maternales…”.

 

«Hoy, Cuba, arrodillada,

se acuerda del sublime visionario

que reposa en el seno de la Nada;

y ansiosa ve su tricolor bandera,

como al cruzar el árabe el desierto,

sobre su inteligente dromedario,

ve esbozarse, a lo lejos, la palmera,

cuya verde y profusa cabellera

es el único asilo hospitalario

que, bajo el Sol, al caminante espera”.

 

“Febrero 24 de 1909”.

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