La Flora cubana, del botánico Sebastián Alfredo de Morales, fue la obra científica más ambiciosa concebida en Matanzas.

Los días 13 y 14 de abril de 1858, el naturalista Sebastián Alfredo de Morales publicó en el periódico Aurora del Yumurí, cuál era el plan que seguiría para conformar y publicar una Flora cubana. El artículo que redactó apareció como una misiva al director del diario matancero, ante una interrogante al respecto. Aunque ya hacía varios años que Morales estaba dedicado a la botánica, este fue el punto de partida de la que sería la obra de su vida, la que marcaría todo su desempeño científico posterior.

Sebastián Alfredo de Morales comenzó la misiva con una referencia a la obra que encontró entre los papeles de su padre, el botánico habanero Sebastián María de Morales. Su título era “Ensayos descriptivos de algunas plantas de esta Isla que crecen espontáneas en las inmediaciones de la Habana”, donde, según aclaró se describían 400 especies. Según reconoció, con una velada referencia a su fracaso como conspirador por la independencia, estos apuntes

“…fueron el origen de mi «Flora cubana»; pues de la afición pasé al amor y de este surgió el deseo de ser útil a Cuba, ya que por otro camino no pude serlo”.

Según destacó, sus primeros trabajos botánicos, en los que elevó a 700 las especies estudiadas, estuvieron basados en el sistema de clasificación de Linneo. Tras sus viajes como desterrado político por Asia y África, en los que estudió la flora de diferentes países y regiones, comprendió que este era un sistema defectuoso y asumió entonces el propuesto por el francés Antoine Laurent de Jussieu, con las modificaciones propuestas por otros estudiosos. Por esta razón reconoció que

“…he debido casi volver a comenzar mi Flora, y que adoptando mi sistema Jussiano tuve que empezar por donde debí concluir en el supuesto de haber seguido mi obra bajo el método Linneano”.

Tras comentar las ventajas del método que se proponía seguir, Sebastián Alfredo de Morales reconoció lo que debía enfrentar para culminar su empeño:

“Bien sabes tú las dificultades que nuestro país ofrece hoy a la formación de una obra de esta especie, a aquellas personas que por su situación se hallan en inmediato contacto con los individuos del reino vegetal”.

Con palabras premonitorias, añadió:

“…pocos son los que hoy se dedican a estudios de las ciencias naturales, y por eso el observador de los admirables misterios de la creación se halla aquí rodeado continuamente de indiferencia y frialdad, y tú sabes que el desaliento mata”.

Acerca de las características de la Flora cubana que se proponía escribir, Sebastián Alfredo de Morales, argumentó:

“Esta obra no es de fantasía y necesita tiempo, auxilio, estudio y meditación. No es como aquellas obras que pueden concluirse en el mismo bufete en donde se comenzaron: es preciso errar con ella de bosque en bosque, de monte en monte y de pueblo en pueblo”.

“Tan pronto hay que interrogar al curioso como al sabio y al ignorante, es preciso invocar las tradiciones, los usos y las lecciones de esa terapéutica popular a veces más sabia que la misma ciencia. No es, pues, obra de un día porque la deben de acompañar la pluma y el pincel, la comparación analógica y la constante consulta”.

Según sus cálculos, Sebastián Alfredo de Morales consideró que en Cuba existían más de dos mil especies vegetales, muchas de ellas no descritas. Añadió, además, que

“Una obra de esta clase necesita además de la parte descriptiva a toda Flora, y así un libro como este no es barato. ¿Crees tú que nuestro país protegerá suficientemente esta obra?”.

Por último, destacó Sebastián Alfredo de Morales la importancia de la obra que se proponía conformar. Para él, sería algo esencial para el desarrollo agrícola cubano:

“La Flora Cubana debe ser el prólogo de la agricultura de nuestro país, cuya ciencia es el porvenir de Cuba. Nosotros necesitamos estudiar y crear: la creación impulsa, el estudio crea y la creación impulsa la felicidad”.

“Nuestra isla en fecunda en recursos, y precisamente todos los recursos están atados al carro de la agricultura. Para nosotros es mejor el arado que la lira del poeta, sin que por esto la última deje de ser útil”.

Sebastián Alfredo de Morales, nuestro botánico, patriota y poeta

Evidencias

Existen numerosas evidencias que demuestran que Sebastián Alfredo de Morales trabajó de forma intensa en la conformación de la Flora cubana por varias décadas. En la revista Cuba Literaria publicó la parte que dedicó a la “Familia Synanthereas”, fechada en Matanzas en 1962. En esta oportunidad escribió:

“…me he propuesto hacer de esta Flora un libro útil a todas las clases de nuestra sociedad, pues no es mi ánimo formar una obra más de lujo, ni menos una colección de descripciones científicas de plantas sin aplicacion y en que a vueltas de un tecnicismo pedantesco ostente una vana erudición sin provecho para los que me lean”.

Inicio del artículo «Monografía de las Ampelídeas de Cuba”. Archivo del autor.

La “Monografía de las Ampelídeas de Cuba” fue presentada por él en la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana el 10 de agosto de 1862, a propósito de ser electo académico corresponsal, primero con esa condición en Matanzas y en la historia de la institución. Este ensayo formaba parte de la Flora cubana. Además, en el Anuario de la Sección de Ciencias Físicas y Naturales del Liceo de Matanzas, publicado en 1866, dio a conocer los trabajos “Coloración y olor de las hojas y las flores de los vegetales” y “Seiba”. Aunque estos no fueron sobre sistemática vegetal, en ellos en evidente el estrecho vínculo con su obra mayor.

Sin embargo, los tiempos no fueron propicios a la culminación de la Flora cubana. Después de 1868, cuando los cubanos se lanzaron a la guerra por la independencia, Sebastián Alfredo de Morales, comprometido con esa causa, volvió al destierro. Eso le costó la pérdida de sus bienes, aunque logró resguardar las colecciones de herbario que poseía y los manuscritos de la obra en casa de sus hermanas.

No sería suficiente. En 1870, los días 7 y 8 de octubre, un gran huracán azotó Matanzas, dejando una estela impresionante de muerte y destrucción. Los fuertes vientos y la gran inundación que provocó causaron la muerte a 189 personas en Matanzas. Además, la intensa lluvia dañó de forma irreparable lo que existía de la Flora cubana. Sebastián Alfredo de Morales perdió de esta forma, el trabajo realizado durante 20 años.

El reinicio

Ante ese contratiempo Sebastián Alfredo de Morales debió comenzar de nuevo. Así lo hizo cuando regreso del exilio después de 1878. Nuevamente comenzó a publicar parte de la Flora cubana. Así lo hizo con “La ayúa”, artículo que insertó en la revista habanera La Enciclopedia en 1885. Al año siguiente remitió a la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana el extenso trabajo “Flora arborícola de Cuba”, en realidad una monografía de la familia de las Rosifloras o Rosáceas, que apareció en el tomo 23 de los Anales de la institución.

Este trabajo estuvo precedido de una carta a Antonio Mestre, secretario de la Real Academia, donde Morales le planteó que trataba de

“…llenar el vacío que me ocasionara la pérdida de mi antigua Flora, perecida en la inundación que afligió a Matanzas el año de 70”.

Consideró que su Flora cubana era un “…pequeño monumento a Cuba…”. Además, agregó:

“Espero obtener la protección de nuestros dignísimos coacadémicos, la del país y la de las demás corporaciones que como la nuestra, muy respetable, se interesan por el progreso de las ciencias y de la agricultura. Estoy seguro de que no habré de verme en el triste caso de ir a mendigar auxilio al extranjero para que ampare mi obra, que, encerrando más de 1500 árboles y arbustos, algo deberá encerrar útil y aplicable a las industrias, a la farmacia y a la terapia.

“Estoy ya en la XXXI familia, que completa la «Rosiflora cubana»: he menester el apoyo de nuestra Corporación y la del país entero; si puedo subir más, escalaré el último peldaño de esta trabajosa escala; si no, caeré con ella y mi trabajo y tendré que cerrar con dolor estas páginas en que expongo a Cuba los tesoros que su rica silvia encierra”.

“¿Cree Ud., mi apreciable amigo, que lograré el aplauso de nuestros compañeros y su protección?”.

Tras esta publicación, Sebastián Alfredo de Morales dio a conocer otras partes de la Flora cubana. Fue el caso de Flora arborícola de Cuba, aplicada (1887) y Plantas textiles cubanas (1893). Para la primera publicación fue vital el apoyo que recibió de la benefactora Marta Abreu.

Marta Abreu: benefactora de la ciencia cubana

Fue en el “Prólogo del catálogo científico y razonado de la Flora de Cuba existente en el Museo Botánico del Instituto de Segunda Enseñanza de la Habana”, que dio a conocer en la Revista Cubana en 1892, donde Sebastián Alfredo de Morales mencionó nuevamente la obra que intentaba acometer. En este escrito, que tiene como fecha el 31 de enero de 1892, estimó que la flora cubana debía abarcar unas 5 mil o 6 mil especies e hizo mención a “…la Flora que sigo escribiendo…”.

Acerca del contenido de este museo y la relación que tenía con la obra de su vida, resaltó que organizaba los ejemplares de modo que fuera más fácil en caso de necesitarlos

“…para nutrir las páginas de mi Flora, libro o monumento (según queráis), cuyas manifestaciones pertenecen todas juntas al dominio vegetal de nuestro suelo que una eterna primavera anima con sus soplos germinales. Por eso se verá también que cada tarjeta clasificativa tiene su correspondencia a la Flora de Cuba que vengo formando, así averiguada la familia, el género y la especie, también se podrán averiguar la historia, la descripción y las aplicaciones del ejemplar comprendido en su correspondiente número de orden, y el mismo libro de la Flora podrá ser aplicable a la enseñanza de nuestra vegetación regional”.

Después de declarar todos los datos que quedarán recogidos en las fichas de clasificación de cada ejemplar del herbario, añadió:

“De modo que glosando rodas estas tarjetas en un solo cuerpo o volumen, podrá tenerse la Flora de Cuba en compendio”.

Así fue en efecto. Según mencionan algunos historiadores, en 1893 estaban listos los cuatro tomos de la flora de Sebastián Alfredo de Morales, ahora con el título de “Flora de Cuba”. Añaden que el cuarto volumen trata de textiles y filamentos y que en 1895 la Real Academia de Ciencias de la Habana acordó publicarla cuando terminara la impresión de las obras de Juan Cristóbal Gundlach.

La obra máxima de Sebastián Alfredo de Morales, ahora con el título de Flora general de Cuba en tres volúmenes, fue premiada en la Exposición Universal de Paris de 1900. Así aparece en el catálogo publicado con motivo de ese evento. Este fue el colofón de la obra científica que marcó la vida de este botánico y patriota matancero. Muchos motivos impidieron que fuera publicada, entre ellos la muerte de Morales el 23 de abril de 1900. No pudo ve el triunfo de su obra mayor, pero en la ciencia cubana quedó como ejemplo de perseverancia y amor a la investigación. (ALH)

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