En 1899 el naturalista y educador matancero Carlos de la Torre elaboró un plan de estudios para las escuelas cubanas.

Al terminar la Guerra Hispano Cubana Norteamericana en 1898, Carlos de la Torre y Huerta, regresó a Cuba. Desde entonces una de sus prioridades fue contribuir al mejoramiento de la educación cubana. Esa intención la materializó con la elaboración, en 1899, de un nuevo plan de estudios para las escuelas públicas del país. Este es un aspecto de su obra casi desconocido que permite conocer la esencia de sus ideas en torno a la escuela pública, su organización, el currículo escolar, la formación docente, entre otros temas.

Foto publicada en la revista La Escuela Moderna en 1899, con la siguiente información: “Dr. Carlos de la Torre. Autor del Plan de educación y de enseñanza que la Universidad se propone elevar al Gobierno interventor”. Archivo del autor.

Ese año el gobierno interventor yanqui, presidido por John Brooke, solicitó a varias instituciones y personalidades del país que elaboraran propuestas para implantar un nuevo plan de estudios en las escuelas públicas. Una de ellas fue la Universidad de La Habana, donde el rector Leopoldo Berriel creó una comisión encargada de cumplir la solicitud. Esta comisión delegó su elaboración en Carlos de la Torre, quien estaba convencido de la necesidad de introducir cambios profundos en la educación cubana.

La ponencia “Reformas al plan de estudios”, contentiva del nuevo plan elaborado por Carlos de la Torre, apareció en la revista La Escuela Moderna. Estuvo integrado por 127 artículos y se publicó en siete partes, entre junio y septiembre de 1899. No fue aprobado por el gobierno interventor, que en su lugar implementó el plan de estudios propuesto por Alexis E. Frye, Superintendente de Escuelas de Cuba, mediante la Orden Militar 226, del 6 de diciembre de 1899.

El plan elaborado por Carlos de la Torre tenía la intención de organizar las escuelas públicas en un sistema integral de enseñanza, aunque no incluyó la Educación Universitaria. Se declaró la existencia de tres niveles educativos o enseñanzas (Primera, Secundaria y Preparatoria). Cada una de ellas estaría dividida en grados o cursos, en los cuales se impartirían variadas asignaturas. Estas se presentan en el plan organizadas en un ascendente proceso de complejidad, de acuerdo a las características de la edad de los alumnos.

Otros aspectos incluidos fueron la frecuencia de impartición de cada asignatura, las evaluaciones y exámenes de grado a realizar, el personal docente necesario en cada caso, los deberes de las Juntas de Educación, así como otras cuestiones pedagógicas. Una novedad fue la incorporación de las Escuelas Normales como centros dedicados a la formación de maestros. Estas instituciones fueron creadas en Cuba casi veinte años después.

La primera enseñanza

En este plan de estudios Carlos de la Torre propuso que la Primera Enseñanza estaría conformada por la Educación Infantil, la Educación Elemental y la Educación Superior. Su fin era educar en

“…la educación armónica de las facultades físicas, morales e intelectuales del individuo, de un modo gradual y progresivo”.

La primera comprendería a los niños menores de ocho años en dos tipos de centros, las Escuelas de Párvulos o Kindergarten, o sea, escuelas dedicadas exclusivamente a esta educación y, por otra parte, en las Secciones Infantiles o Preparatorias de las Escuelas Elementales, en realidad aulas de preescolar como las que existen actualmente en las escuelas primarias del país. En este primer eslabón del sistema de escuelas públicas se impartirían dos grados: primer grado infantil y segundo grado infantil.

La Educación Elemental, similar a la actual Educación Primaria, comenzaría a los ocho años y estaría integrada por cuatro grados o cursos. Los denominó primer grado elemental, segundo grado elemental, tercer grado elemental y cuarto grado elemental. A la Educación Superior, que sería como la Secundaria Básica actual, ingresarían los alumnos mayores de doce años, que hubiesen terminado la Educación Elemental con su certificado correspondiente. Comprendería un primer grado superior y un segundo grado superior.

La Enseñanza Secundaria estaría compuesta por los estudios generales que debían preceder a las preparatorias de cada facultad de la Universidad. Recibiría a los alumnos con doce años cumplidos que aprobaran un examen de ingreso sobre las materias recibidas en la educación precedente. Se impartiría en tres cursos. La Enseñanza Preparatoria comprendería los estudios de Letras o de Ciencias que debían preceder a los bachilleratos respectivos y a las distintas facultades y carreras de la Universidad de La Habana.

A esta podían ingresar los graduados de la Enseñanza Secundaria y estaría anexa a la Educación Universitaria. Los estudios del Bachillerato, tanto en Letras como en Ciencias, se dividirían en dos cursos. Tendrían especificidades de acuerdo a la carrera universitaria a la que aspiraban. Estas enseñanzas incluyen aspectos de la denominada Segunda Enseñanza o Educación Preuniversitaria.

Las Escuelas Normales

En relación con las Escuelas Normales se precisó que en ellas se impartiría la Enseñanza Normal, encargada de formar el personal docente para las primeras educaciones mencionadas. Estarían integradas por tres grados: Infantil, Elemental y Superior. Cada uno de ellos tendría entre dos y tres cursos con sus respectivas asignaturas. Este aspecto fue novedoso y nunca se tuvo en cuenta, pues las Escuelas Normales que existieron en Cuba estaban especializadas por enseñanzas.

Otros aspectos incluidos por Carlos de la Torre fueron exigencias en la formación del personal docente. Entre ellas, que para acceder a las Escuelas Normales era indispensable un examen de ingreso, así como la implementación de un examen integrador oral sobre las materias cursadas al concluir cada curso, ante un tribunal y con media hora de duración. De igual forma, se establecían las relaciones con la Escuela-Modelo, centro educativo anexo a la Escuela Normal, donde los alumnos efectuarían las prácticas.

Se definía igualmente el examen de grado (culminación de estudios) en cada caso, siempre con tres ejercicios. El primero, en los tres tipos (Infantil, Elemental y Superior), consistía en la redacción de un tema sobre Psicología Pedagógica, Métodos de Enseñanza o Economía Escolar, la lectura del mismo y contestación a las objeciones del Tribunal durante un tiempo determinado. El segundo sería un ejercicio práctico en la escuela para la cual se formaba. Por último, un tercer ejercicio, que era práctico para Infantil y Elemental, mientras que en la Superior se debía impartir una conferencia ante los alumnos sobre un tema escogido entre tres sacados a la suerte, que debía ser de Instrucción Cívica o Moral, para los Maestros, y de Moral o Economía Doméstica para las Maestras.

La Enseñanza Normal Infantil formaría Institutrices. Estos estudios serían de dos cursos, en los cuales recibirían las asignaturas necesarias. Sobresalen las Conferencias Pedagógicas sobre Historia de la Educación, Psicología Pedagógica y Economía Escolar. También se incluían las Prácticas de la Enseñanza, con cuatro meses de asistencia y seis de prácticas como ayudante de Kindergarten en el primer curso y cuatro meses de asistencia y seis de prácticas en los dos primeros grados de Educación Elemental y prácticas de Kindergarten, siempre con tres horas diarias, en el segundo curso.

La Enseñanza Normal Elemental formaría Maestras y Maestros Elementales en tres cursos. El primero sería similar al de la Enseñanza Normal Infantil, con la adición de idiomas. En el segundo y tercero se trabajarían asignaturas vinculadas a las materias a impartir en la escuela. También aparecen las Conferencias Pedagógicas. Las Prácticas de la Enseñanza consistirían en el segundo curso a la asistencia a una lección semanal de cada una de las asignaturas en la Escuela-Modelo. En el tercero, se harían cuatro meses de prácticas en los dos primeros grados de la Educación Elemental, y seis en el tercer y cuarto grados, con una duración de tres horas diarias.

En el caso de la Enseñanza Normal Superior, los títulos de Maestros y Maestras Superiores podrían ser de Letras o de Ciencias. La formación de estos profesionales no estaría divorciada de las anteriores pues era necesario poseer con anterioridad el título de Maestro o Maestra Elemental. También haber aprobado los dos cursos del Bachillerato en Letras o en Ciencias, o los estudios correspondientes en la Escuela Normal y, por último, realizar un año de prácticas de enseñanza de los grados superiores en la Escuela-Modelo o en una Escuela Pública. Los Maestros o Maestras Superiores de Letras o de Ciencias podrían laborar en las Escuelas Públicas y como profesores en las Escuelas Normales.

Otras novedades

Varios aspectos novedosos de este plan de estudios revelan esencias del pensamiento pedagógico de Carlos de la Torre. Es significativo que en el primer artículo planteó que

“La Primera Enseñanza será laica, y tendrá por objeto la educación armónica de las facultades físicas, morales e intelectuales del individuo, de un modo gradual y progresivo”.

Esta declaración procuraba eliminar la influencia secular de la Iglesia Católica sobre la educación cubana. Refleja lo avanzado del pensamiento pedagógico de Carlos de la Torre y era una aspiración del pensamiento progresista cubano. Además del fin u objetivo general de la Primera Enseñanza, se declaró el método a seguir, al señalar que “Se emplearán el método objetivo y el sistema simultáneo en la enseñanza…”. Esto tuvo gran significación pedagógica para la conformación de un sistema educativo nacional armónico y coherente.

Dispuso que la primera enseñanza (Infantil, Elemental y Superior) sería gratuita en las escuelas municipales. A su vez, la Elemental tendría carácter obligatorio desde los ocho años. A tono con este último aspecto se establecía la obligación de los padres y tutores con la asistencia de sus hijos a la escuela. También, que los municipios estaban obligados a sostener las Escuelas Elementales suficientes para su población escolar, además de crear aulas Infantiles o Superiores en estos centros cuando fuera necesario. Esta idea reflejó la importancia concedida por Carlos de la Torre a la educación de la niñez cubana en aquellos momentos cruciales para la patria.

Deben destacarse dos ideas adelantadas a su tiempo. La primera se relacionó con las escuelas rurales, en las cuales debían existir

“…una huerta o un jardín para las Prácticas agrícolas en que debe ejercitarse a los alumnos, y una Casa-Pensión adjunta, a cargo del Director, destinada a los niños del Término Municipal que vivan a mucha distancia de la Escuela…”.

La segunda, señaló que

“En las Escuelas Municipales se establecerán clases nocturnas para jóvenes y adultos, y en las Escuelas Rurales se darán clases dominicales sobre conocimientos útiles a los campesinos”.

Fue evidente, por tanto, la intención de ofrecer educación a los niños de los campesinos, así como a los propios campesinos y a los adultos y jóvenes no escolarizados, sectores de la población muy necesitados de atención educativa. También es notable la significación que Carlos de la Torre le concedió a los trabajos manuales, la utilización de la experimentación el estudio de las Nociones Científicas desde los primeros grados, la caligrafía y la gimnasia, que incorporaba incluso ejercicios militares.

Otros aspectos a resaltar son la denominación de la actual asignatura de Español o Lengua Española como Lengua Patria, detalle de gran valor en aquel momento histórico. Se otorgó gran importancia al estudio de los idiomas modernos (inglés, francés y alemán) en las escuelas públicas y a la formación docente, como vía para el conocimiento de los adelantos científicos y la cultura universal.

A tono con concepciones avanzadas acerca de la enseñanza, el Plan vinculó de forma estrecha los contenidos de Geografía e Historia, tanto universal como de Cuba. Aunque no apareció de forma explícita una asignatura denominada Historia de Cuba, se incluyeron aspectos de la historia patria. Por último, el plan privilegió el valor de la práctica preprofesional en la formación de docentes.

En su tiempo

Una vez elaborado el proyecto de plan de estudios, Carlos de la Torre no quedó de brazos cruzados y comenzó a divulgarlo. Acerca de esto, el pedagogo Arturo R. Díaz, expuso en la revista La Escuela Moderna:

“El señor Carlos de la Torre ha expuesto, en dos conferencias celebradas en el seno de la Asociación de Maestros y Amantes de la Niñez, el plan de educación y de enseñanza que ha redactado como ponente de la Comisión nombrada al efecto por el señor Leopoldo Berriel, Rector de la Universidad de esta Isla. La parte que hace relación con la educación primaria es, por lo que oímos en las referidas conferencias, bastante aceptable. Cuando se publique ese documento daremos sobre él nuestra opinión, pues no queremos juzgar a la ligera la primera obra de esa naturaleza que se produce en el país. Esto, sin embargo, no empece para que felicitemos a su autor, el eximio catedrático de Anatomía Comparada de nuestro primer cuerpo docente, señor La Torre”.

Al momento de ser conocido y analizado, al nuevo Plan de Estudios se le criticó pretender sustituir la labor formativa de las Escuelas Normales por las escuelas superiores o los institutos de segunda enseñanza. Esto se debió a la concepción de que algunas asignaturas impartidas en estas instituciones educativas serían equivalentes. Esto favorecía la movilidad académica, algo muy novedoso en Cuba.

También incluyó nociones de lectura y escritura en la educación infantil. En este caso la propuesta de Carlos de la Torre fue un paso audaz, no comprendido en aquel momento. Otro aspecto a destacar es que este fue el primer plan de estudios elaborado en Cuba por un cubano. Estuvo dirigido a crear un sistema de escuelas públicas de carácter nacional y contempló la formación y superación de los maestros.

La Escuela Moderna, revista donde Carlos de la Torre publicó s propuesta de plan de estudios. Archivo del autor.

Entre las principales limitaciones de este trascendental documento, dadas en lo fundamental por el pensamiento y la práctica pedagógica prevalecientes en la época, estuvo la declaración de que la Educación Infantil y la Superior no serían obligatorias. No se asumió la coeducación y se mantuvo la división entre sexos en las escuelas y grupos escolares.

Reconoció la escuela privada, que podía adoptar el plan y método de enseñanza que estimaran convenientes con sus propios reglamentos. Sería inspeccionada por el gobierno, aunque solo en cuanto al orden, la higiene y la moral. No obstante, Carlos de la Torre incluyó que los alumnos de estas escuelas debían ser examinados por las Juntas de Educación antes de graduarse. De esta forma se regulaba la enseñanza impartida en ellas.

El plan de estudios elaborado por Carlos de la Torre para las escuelas públicas cubanas en 1899 fue un valioso aporte de su pensamiento pedagógico a la educación cubana. Fue el resultado de los estudios que realizó acerca de los sistemas educativos de Estados Unidos, México y países de Europa. Puede considerarse, por tanto, un ejemplo de aplicación de la educación comparada en beneficio de la escuela cubana. Sobre este momento de su vida, recordó años después:

“Vuelto de la emigración, cuando el Gobierno de ocupación americana preparaba la organización del Gobierno propio, para entregar a los cubanos la dirección de sus destinos, propuse un plan de reformas de nuestra enseñanza en todos sus aspectos, que no cristalizó, por haber llevado nuestro grande ilustre y venerado amigo el doctor González Lanuza, a la dirección de Instrucción Pública, a un poeta honorable, literato distinguido que enriqueció nuestra literatura con joyas admirables; pero que desconocía totalmente los problemas de la instrucción pública cubana y la evolución universal en la materia. Para subsanar el fracaso inevitable, se creyó necesario importar a un extranjero; la enseñanza fue entonces perfectamente establecida por Mr. Frye; pero todos sabemos cómo mil causas distintas han ido destruyendo su obra hasta el triste estado actual de la escuela cubana”.

Buena parte de la información presentada aparece, más amplia, en la tesis doctoral El pensamiento pedagógico de Carlos de la Torre y Huerta (1858-1950). Defendida por la profesora Eneyda Secada Cárdenas en 2020, tuve el placer de de ser uno de sus tutores, junto a la Dr. C. Yuseli Pestana Llerena.

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