Hace cuarenta años el historiador Raúl Ruiz publicó un artículo que fue una lección de ética profesional.
El 15 de agosto de 1986 la revista Bohemia dio a conocer un artículo que llevada la firma del doctor Enrique Soto Ramírez y el profesor Raúl Ruiz Rodríguez, con fotos del artista matancero Ramón Pacheco. Apareció en la sección Panorama de la ciencia y la técnica, a cargo de H. Núñez Lemus. Su titulo fue “La lección del guacamayo rojo” y el tema que trató, sin dejar de abordar lo histórico, tuvo que ver con la protección de la naturaleza.
Boceto de Raúl
Aunque nació en Buenavista, Villa Clara, Raúl Ruiz Rodríguez (1941-2004) siempre estuvo unido a Matanzas, ciudad donde vivió desde niño. Se formó como maestro primario en la Escuela Normal y después como Licenciado en Historia en el Instituto Superior Pedagógico Juan Marinello. Impartió docencia en distintos niveles educacionales, hasta que en 1981 comenzó a trabajar en el Museo Provincial Palacio de Junco.

En esta institución fue director del Departamento de Investigaciones y especialista principal. Desempeñó el cargo de Historiador de la Ciudad entre 1995 y 1997. Formó parte del consejo científico de la Dirección Provincial de Cultura, y de sus similares en la Delegación Provincial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente y la Oficina de Asuntos Históricos del Comité Provincial del Partido. Integró el Comité Nacional de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC), asociación de la cual fue su primer presidente provincial.
También fue miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), de la Sociedad Cultural José Martí y de la Filial Provincial de la Sociedad Cubana de Historia de la Ciencia y la Tecnología. Participó en numerosos proyectos y grupos de investigación relacionados, sobre todo, con la historia local y cultural matancera.
Entre los libros que publicó aparecen El Instituto de Matanzas. Centro de tradición revolucionaria (1981) y Las cifras del tiempo. Cronología histórica de Matanzas, 1494-1867 (2006), entre otros. Fueron varios los que dio a conocer en solitario o en colaboración con otros autores. Como historiador se caracterizó por la rigurosidad, el trabajo con las fuentes primarias y la ética como investigador. Un ejemplo lo fue el artículo “La lección del guacamayo rojo”.
Génesis de un artículo
Acerca de cómo nació “La lección del guacamayo rojo”, nos contó el doctor Enrique Soto Ramírez:
“Un día, Raúl me dejó en un recado en el Pedagógico, que en aquel entonces radicaba en la calle Medio. Él ya trabajaba en el Museo Palacio de Junco y quería verme. Voy al museo y allí conversamos. Me enseñó un ejemplar de guacamayo que allí se conserva y me preguntó si pertenecía al guacamayo cubano, especie extinta desde el siglo XIX”.
“Nada más verlo le expliqué que no era un guacamayo cubano, sino otra especie, el Ara macao, que existe en América del Sur y otros lugares. Después tuvimos varios encuentros más, en los que conversé con mi gran amigo Raúl acerca del guacamayo cubano, sus características, y otras aves cubanas. Él siempre prestaba mucha atención y me hacía preguntas muy inteligentes relacionadas con la fauna de Cuba y su protección”.
“Se profundizó, por supuesto, en las causas de la extinción del guacamayo cubano. También debatimos acerca de las características de esta especie y sus semejanzas y diferencias con su similar de la América continental. No faltó la referencia a investigadores cubanos que estudiaron esta especie, como Juan C. Gundlach. Raúl siempre me agradeció la información que le brindé, pero todo quedó en el motivo de la conversación: el ejemplar existente en el museo no era un guacamayo cubano”.

Raúl Ruiz acudió a Enrique Soto en busca de información, no sólo por su condición de profesor de biología. Lo hizo en virtud de los amplios conocimientos que este ya poseía, avalado por múltiples investigaciones, acerca de la fauna cubana, en particular las aves.
El artículo
“La lección del guacamayo rojo” recogió buena parte de estas conversaciones entre Raúl Ruiz y Enrique Soto. En el breve resumen que lo acompañó se lee:
“Los autores del presente artículo ofrecen el estudio de una valiosa pieza conservada en el Museo Provincial de Matanzas. Se trata de un ejemplar disecado de guacamayo rojo (Ara macao), probablemente el único de esta especie que haya llegado a nuestro país”.
La parte introductoria planteó:
“El Museo Provincial Palacio de Junco. de Matanzas, cuenta entre sus colecciones con un excelente ejemplar disecado de guacamayo rojo, una pieza, si no única en Cuba, si muy rara. El Ara o guacamayo es un género de aves prensoras, de la familia de las psittacidae, con el pico muy grande, lateralmente comprimido, la mandíbula superior en forma de gancho fuerte y largo, con los lados de la cara alrededor de cada ojo desnudos o con escasas plumas suma mente pequeñas y dispuestas en series”.
“Las alas de los guacamayos son largas, puntiagudas, con la segunda y tercera rémiges mayores que las demás; la cola más larga que las alas, escalonadas, con las dos rectrices del medio muy prolongadas”.
“Este género comprende unas 18 especies de la región zoo-geográfica neotrópica, y especialmente de las subregiones brasileña, mexicana y antillana. Entre ellas están los mayores papagayos conocidos”.
“Los guacamayos, denominados en general aras o araras, tienen todos el plumaje de colores vivos (verde, rojo, azul); viven aislados o apareados en los bosques de las subregiones antes citadas. Son aves tranquilas, se mueven poco, aunque vuelan bastante bien. Su «voz» es áspera y desagradable; anidan en los agujeros de los árboles. Pueden vivir en cautiverio y llegan a «hablar», aunque con más dificultad que los loros y las cotorras”.

Le siguió un acápite que se tituló “Una pieza de museo”, donde se lee esta primera parte:
“La especie Ara macao, conocida también como aracanga o guacamayo rojo, habita en los bosques de Mexico, America Central, Bolivia, las regiones orientales del Ecuador y Peru; se alimenta de frutas, nueces y semillas. En el pasado vivía cerca de las poblaciones, pero actual mente se ha retirado al interior de la selva”.
“El Ara macao puede llegar a medir hasta un metro, del pico a la cola, y esta alcanza hasta 50 centímetros. En su plumaje predomina el rojo, acompañado del azul, el anaranjado, el verde, el amarillo y el negro”.

Después se informó al lector la historia de la pieza existente en el Museo. Se defendió como hipótesis que perteneció a la colección particular de Francisco Jimeno, reconocido coleccionista matancero del siglo XIX. Esto posibilitó entonces abordar lo relativo a la historia de “El Museo Jimeno-La Torre”, que existió en el Instituto de Segunda Enseñanza de la ciudad. Se destacó, en este caso, la riqueza de sus fondos y el proceso que siguió hasta su desaparición en la década de los años 60.
El último epígrafe de “La lección del guacamayo rojo” se denominó “Protección de la naturaleza”. Su contenido fue el siguiente:
“El hermoso espectáculo de los guacamayos posados en los árboles, de sus plumas brillando al sol y de sus colas desplegadas, no podrá jamás volver a ser apreciado en Cuba. La única especie existente en el país, el Ara tricolor, se extinguió a fines del siglo pasado. Las autoridades coloniales con su indolencia y desidia contribuyeron a ello”.
“Cada año, durante casi tres siglos, los guacamayos cubanos fueron enviados a Europa, como exóticos regalos. La deforestación de nuestros bosques, además, aceleró el proceso de extinción de la especie. La lección no debemos desaprovecharla las actuales generaciones”.
“De las 22 especies endémicas de aves cubanas, a más del Ara tricolor, el gavilán caguarero (Chondrohierax Wilsoni), prácticamente extinguido, las otras están amenazadas. De la familia Psittacidaee aún quedan en Cuba dos especies: la Amazona leucocephala leucocephala, conocida vulgarmente como cotorra; y Aratinga euops, conocida como catey. Su protección se hace más que necesaria, a fin de que no corran la desdichada suerte de nuestro guacamayo”.
“A partir de 1959, a la preocupación de las autoridades revolucionarias ha venido a sumarse una legislación efectiva para la protección de la flora y la fauna nacionales. La Ley No. 33 de la Asamblea Nacional del Poder Popular y otras disposiciones, prescriben la política general que se debe seguir”.
“Pero más que las leyes, será la preocupación de cada ciudadano la que resulte decisiva. En esta dirección mancomunan esfuerzos padres y maestros, instituciones, órganos de prensa, organizaciones políticas y de masas”.
Siempre Raúl
En la conversación con el profesor Enrique Soto siempre salieron a relucir los valores que animaron a su amigo Raúl Ruiz. Destacó en la entrevista su modestia, la forma en que hacía cada pregunta, el modo de indagar en el tema ambiental, que no era, evidentemente, de los que trataba en su labor como investigador. Acerca de cómo finalizó esta historia nos contó lo siguiente:
“Meses después de aquellos encuentros en el museo, un día, alguien me dice: «Soto, ha salido un escrito tuyo en Bohemia». Al localizar el ejemplar veo que Raúl, me había colocado de primer autor del artículo. Por supuesto que desde ese día lo admiré más. Al considerar la importancia de la información que le brindé, de nuestras animadas conversaciones y del peso del tema ambiental en la publicación, mi amigo Raúl, sin decirme nada, nos dejó una lección de ética profesional inolvidable”.
