En 1986, recién graduada de la universidad, Olga Bouso Azolán cruzó por primera vez las puertas del entonces Banco Nacional de Cuba. Cuarenta años después, sigue en el sistema bancario cubano. No como una simple empleada de larga data, sino como una profesional que convirtió el crédito en su escuela de vida y al banco en su segunda casa.
Sus primeros pasos fueron como analizadora económica en el Departamento de Crédito al Comercio y los Servicios. Con el tiempo, el destino laboral la llevó al Departamento de Crédito a la Industria Azucarera. Aquella estructura, años más tarde, se fusionó con el Departamento Agropecuario y dio origen al actual Departamento de Inversiones y Riesgos Agropecuario. Allí, Olga se desempeña hoy como gestora de negocios bancarios en la dirección provincial de BANDEC Matanzas. El cambio de nombres y de organigramas no la sacó del área de crédito: la consolidó en ella.
“Ser trabajadora bancaria con 40 años de experiencia en el área de crédito significa para mí el lugar donde crecí como profesional y como persona”, afirma con la serenidad de quien ha visto pasar generaciones de clientes y de colegas. “El banco también es mi casa. Ha sido una experiencia única. Aquí he aprendido, he escuchado, he comprendido de cada cliente, de cada solicitud, de mis compañeros”.
Esa mirada retrospectiva no se queda en la nostalgia. Olga resume con claridad lo que considera esencial en su oficio: el conocimiento financiero no basta por sí solo. Debe ir acompañado de empatía, confianza y un trato humano. “Eso es fundamental para realizar nuestro trabajo”, sostiene.
Cuando se le pide un mensaje para quienes empiezan ahora en la institución, la respuesta llega ordenada, como quien ha meditado cada palabra durante décadas:
“Que sean disciplinados, que aprendan constantemente, que sean responsables, organizados y cuidadosos con cada decisión. Que aprendan de los errores, que escuchen a sus compañeros y a los clientes, y que no teman preguntar cuando algo no esté claro. Trabajar en nuestra institución es un privilegio”.
En la voz de Olga Bouso Azolán no hay grandilocuencia. Hay, en cambio, la certeza tranquila de quien ha dedicado cuatro décadas a entender números, riesgos y, sobre todo, personas. Cuarenta años después de aquella primera jornada de 1986, sigue firmando expedientes, escuchando solicitudes y recordando que, en el banco, el crédito no solo se analiza: también se construye con confianza. (ALH)
