El investigador Armando García González nos legó una sólida obra en el campo de la historia de la ciencia.

El pasado 10 de febrero falleció en Madrid el destacado historiador cubano Armando García González. Matancero de nacimiento, vio la luz en el poblado de Alacranes el 19 de mayo de 1948. Estudió Biología en la Universidad de La Habana, formación que sustentó el resto de su trayectoria científica. Laboró como investigador de la Academia de Ciencias de Cuba, pero sus mayores aportaciones las realizó como miembro del Centro de Estudios de Historia y Organización de la Ciencia (CHOC), prestigiosa institución que radicó en el Museo Histórico de las Ciencias Carlos J. Finlay.
Dedicado a la historia de la ciencia, publicó numerosos libros en Cuba y España, así como numerosos artículos científicos. Sobresale entre ellos el enjundioso estudio que realizó acerca del primer libro de ciencia que se publicó en Cuba. En las últimas décadas trabajó temas vinculados a la relación de la ciencia del siglo XIX con el control social, la inmigración y la esclavitud. Fue electo miembro de honor de la Sociedad Cubana de Historia de la Ciencia y la Tecnología.

Entre sus libros están Antonio Parra en la ciencia hispanoamericana (1989) e Historia del Museo de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana (1994), que fueron evidencias tempranas de sus futuras líneas de investigación. Redactó varias de las biografías de científicos cubanos que se publicaron en la revista Juventud Técnica. Escribió, junto a Pedro M. Pruna, el libro Darwinismo y sociedad en Cuba (1989), un clásico de la historiografía científica cubana.
Un recuento de los libros que recogieron parte importante del quehacer de Armando García González como historiador de la ciencia, permite reconocer la profundidad de sus aportes:
Racismo e inmigración en Cuba en el siglo XIX (1996), con Consuelo Naranjo.
En busca de la raza perfecta. Eugenesia e higiene en Cuba (1898-1958) (1999), con Raquel Álvarez Peláez.

La España de la ciencia y la técnica (2002), con José Luis Maldonado.
Las trampas del poder. Sanidad, eugenesia y migración. Cuba y Estados Unidos (1900-1940) (2007), con Raquel Álvarez Peláez.
El estigma del color. Saberes y prejuicios sobre las razas en la ciencia hispanocubana del siglo XIX (2008).
El canario Miguel Gordillo en ciencia cubana del siglo XIX (2008).
Cuerpo abierto. Ciencia, enseñanza y coleccionismo andaluces en Cuba en el siglo XIX (2010).
Darwin desde Darwin (2010).

Descubridores de la mente. La frenología en Cuba y España en la primera mitad del siglo XIX (2013).
Los grilletes de la ciencia. Discriminación y antirracismo en la ciencia en Cuba (2016).
El naturalista portugués Antonio Parra. Su obra científica (2016).
Antonio Parra. Creador del primer gabinete de historia natural en Cuba (2024).
Una de las últimas obras de Armando García González lo fue el libro Leyes y cadenas. La Regencia española en Cuba y la esclavitud, 1839-1868 (2023). Acerca de este texto, editado en tres volúmenes, escribió el crítico Ángel Dámaso Luis León:
“…el resultado percibido en este ensayo es el fruto de un exhaustivo trabajo de investigación. Estamos ante una buena publicación que mejora el conocimiento sobre el oprobioso fenómeno de la esclavitud en el Caribe hispano en una época en la que se comenzaban a alzar las voces acerca de su eliminación, pero en la que sectores interesados en ella —o simplemente convencidos de que el tráfico, la explotación y la cosificación de personas era, no solamente lícito, sino además conveniente para el desarrollo de Cuba— se manifestaban como articuladores y defensores de la esclavitud como método de explotación”.

Armando García González estuvo presente en varias obras colectivas. Una de ellas fue Sometidos a esclavitud. Los africanos y sus descendientes en el Caribe hispano (2021), que editó la investigadora Consuelo Naranjo. En esa oportunidad escribió acerca de “Medicina legal y antropología ante la esclavitud”, donde profundizó en la labor realizada por la Academia de Ciencias de La Habana entre 1861 y 1880.
Trabajó en la publicación de varias traducciones de libros de Charles Darwin, como parte de la colección Los Libros de la Catarata, editada por la Universidad Autónoma de México. Fue el caso, entre otros, de La estructura y distribución de los arrecifes de coral (2006) y La variación de los animales y las plantas bajo domesticación (2008), entre otros.
La huella del ser humano
Armando García González dejó huellas positivas, como investigador y ser humano, tanto en Cuba como en España. Mercedes Valero, su colega de afanes investigativos y científicos por varios años, destacó lo siguiente:
“Su amplia e interesante obra ha sido una permanente contribución a la cultura cubana, pues además sentía también una gran inclinación por la poesía y el cuento, de los cuales publicó algunos de ellos. Reunía en sí atributos personales en los que se destacaban sus excelentes relaciones humanas, su interés por ayudar a sus compañeros y su capacidad de comprensión de los problemas de aquellos que formaban parte de su colectivo. Con un carácter jovial y una disposición siempre positiva ante las dificultades, recibió el cariño y la admiración de todos los que le conocieron y con los que compartió tanto su vida de estudiante como laboral. Asimismo, formó parte de una admirable familia que constituía su mayor inspiración”.
Otro de sus compañeros y amigos, el investigador Rolando Misas, tras conocer la triste noticia, escribió;
“Formó parte desde los años 80 del colectivo inicial de investigadores que diera notable vida científica al memorable Centro de Estudios de Historia y Organización de la Ciencia (CEHOC). Era parte esencial del grupo de trabajo que diera gloria a Cuba a nivel internacional. Tuvo una obra científica extraordinaria y prolífica. Muy acucioso y abnegado en su labor, tanto en nuestro país como en España, donde es muy querido. Extrañaremos su presencia física, pero tendremos sus libros y su ejemplo profesional y humano para todos los tiempos”.
A la memoria de Armando García González se dedica esta reseña. A su amplia y profunda obra, que contribuyó a clarificar la presencia de la ciencia en la construcción de la nación y la cultura cubanas. Por su rigor académico y laboriosidad merecer ser recordado este matancero que nunca olvidó sus raíces. Continuar su ejemplo es el mejor homenaje.

