Ethiel Faílde: El príncipe del danzón

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Suena la flauta y es como si llorara de felicidad. En la escena la juventud sorprende. Muchos ya le conocen como el príncipe del danzón. Sus palabras cálidas devienen acordes, mientras las melodías cruzan entre los puentes de su ciudad natal. El joven Ethiel Faílde vive por ellas: por la música, la cultura y por Matanzas. Cada vez que sus labios besan el instrumento, lo hacen con el corazón.

De joven, era de los que se escapaba para espacios de sonoridades. Aunque cualquier profesión le hubiese quedado exacta, eligió la música, o ella a él.

Su historia reluce entre perseverancia, emociones y nostalgias. Desde muy pequeño la herencia familiar de promover el arte estimuló su pensamiento. Su afán por el mundo de los sonidos, los ritmos y el baile vienen de su tío tatarabuelo Miguel Faílde, músico cubano creador del danzón, el baile nacional de Cuba.

¿Por qué perpetuar el legado de Miguel Faílde?

“Desde pequeño me vinculo al danzón, pero primeramente no fue por la herencia familiar. Tenía una profesora que se llama Ester que me enseñó a bailarlo desde primer grado.

“Un día por azares de la vida de digo a mi mamá que quería ir a la Escuela de Arte a hacer los exámenes. Logré entrar y a partir de ahí es que descubro el significado de mi apellido Faílde, que era el de mi madre.

“Desde entonces asumí la defensa de esta música. Entendí el por qué era importante promover, difundir y hacer por el danzón, que desde 2013 es Patrimonio Inmaterial de la Nación, aunque para mí siempre lo fue.

“El género fue instituido por un negro. Era esa mezcla sabrosa entre el español y la negra que originó al criollo, pero… en fin, creado por un matancero: Miguel Faílde”, dice con orgullo el heredero de las tradiciones familiares.

“Ese legado lo asumí naturalmente y siempre he querido que la gente conozca más de la obra de mi tatarabuelo. Me interesa que Matanzas y Cuba se sientan orgullosas de que un matancero como Faílde, puso a bailar a los blancos aristocráticos y a los españoles con la música de negros y que con su arte pudo iluminar al mundo.”

Según cuenta el joven Faílde, ni siquiera quería ser artista. No fue de esos niños que le interesara mucho el arte, y mucho menos pensaba ser músico o algo por el estilo. En su familia se hablaba poco de Miguel Faílde. “Mi mamá Berta me contaba que, en esa época, lo más importante era tener un oficio y la música no era tan importante. Hablaban de mi abuelo Cándido y decían que era un gran violinista de la sinfónica y mi mamá ni siquiera lo sabía. Para ella, él era sastre.

“Entré a la escuela a estudiar flauta; ese fue el instrumento que aprobé desde el inicio, aunque empecé el primer año tocando trombón. A partir de ahí, mezclé ese amor que traía desde pequeño del danzón y la música tradicional cubana.

“Soy de los que insisto en el papel formador que tiene la familia y la escuela en edades tempranas para que amen lo cubano y nuestra identidad. Recuerdo que de vez en cuando me escapaba para tocar con “Acierto Juvenil”, en la calle Río. Pablo Hernández Aldama, “Urbay Hernández”, flautista de esa agrupación, fue quien me enseñó a tocar la flauta charanguera. De ahí viene mi herencia en la ejecución del instrumento y el entendimiento como profesional de la música tradicional cubana.”

Influencias en la música

Cuando se habla de la familia Faílde resulta imprescindible ponderar el valor de un género musical que deviene baile nacional: el Danzón. Una melodía bordada a mano, mezclada con sensualidad y buen gusto. En esta etapa de formación, Ethiel tiene el privilegio de compartir con grandes maestros de la música de Matanzas y de Cuba.

“Hay alguien que debo mencionar y es el maestro Ildefonso Acosta. Él fue uno de los que impulsó la carrera de la orquesta, su esposa Iraida Trujillo y mi profe María Victoria Oliver. Esta última es de esas madres que te brinda la vida y uno adopta. Ella ha sido una persona que ha estado a mi lado y me ha impulsado a creer en lo que hago.

“La juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo y es difícil hacer música tradicional cubana siendo joven. Cuando empezamos, la orquesta era de gran formato. Yo quería recrear la orquesta típica de Faílde y algunos decían -ustedes hacen un danzón sinfónico- y yo les comentaba que no. Nuestra música era instrumental. Recuerdo algo especial que un día me dijo la profe María Victoria: -sigue creyendo en esas sonoridades contemporáneas que haces, que nadie nunca te corte-.

“Hay gente nos pregunta por qué hacemos otros géneros y no solamente danzón. Primero: porque somos jóvenes y nos interesa la música cubana. Segundo: porque todo lo que pueda ser enriquecedor y que le podamos poner nuestro sello, lo hacemos.

“Las profes María Victoria e Iraida fueron de las personas que nos motivaron a llegar a dónde queríamos. Ellas estaban para guiar y asesorar. Como jóvenes también tenemos que equivocarnos. En ese acompañamiento también experimentamos para llegar a nuestro propio sonido. Hay muchos nombres de músicos e instituciones que formaron parte de los inicios de la Orquesta que actualmente dirijo.”

¿Por qué persistir en la defensa del danzón?

La Orquesta Faílde tiene su sonido propio. La música cubana allí permanece en la vida de un joven músico matancero que vive entre acordes e inspiración. El mismo joven que apostó por el género en el programa televisivo “Danzoneando”

“En el danzón uno encuentra todo. Cuando los muchachos llegaron a la orquesta yo todavía era estudiante de nivel medio, pero les enseñaba lo que conocía del género. Siempre les explico que no pueden hacer danzón por hacerlo. Hay que entenderlo para poder amarlo y defenderlo a capa y espada.

“En el danzón puedes ir desde el Jazz, incorporarle un ritmo de seis por ocho o puedes fusionarlo con el son montuno. Esto no lo innovamos nosotros. Muchos músicos a lo largo de la historia han realizado estas combinaciones. Podemos tener una fantasía de crear, pero debemos ubicarnos en que la música que hacemos es música popular bailable, por lo tanto, el principal objetivo es el bailador.”

Llegó la Faílde

En el año 2012, exactamente el 14 de abril, se crea la Orquesta Miguel Faílde o la Faílde como popularmente se le conoce. la ciudad de Matanzas constituyó el escenario para ver nacer la agrupación que desde sus inicios integran a jóvenes egresados de la enseñanza artística.

La orquesta asume el danzón como el centro de su repertorio, aunque promueve la timba, el son, el danzonete, el mambo, el bolero y el chachachá, además promueve la renovación de concepciones musicales y orquestales.

“Lo primero es tener un sonido propio. Muchas personas nos comentaban que debíamos lograrlo. Hoy, músicos que respeto y admiro, afirman que ya tenemos un sonido que nos identifica y esa es una de las metas más importantes para la agrupación. Hay mucha verdad, amor y entrega en lo que hacemos cada día.

“Podernos codear de agrupaciones que admiramos mucho ha sido otras de las grandes oportunidades de la Faílde.

“Matanzas es mi ciudad. A alguien algún día le dije que, para sacarme de aquí, de esta tierra, debían darme candela como el Macao e incluso si quedara vivo seguiría en esta urbe. Es la ciudad a la cual le he dedicado muchísimas canciones y nuestros premios. Cuando presentan a la Orquesta siempre pido que digan Orquesta Faílde de Matanzas, Cuba.”

La agrupación matancera defiende las tradiciones más autóctonas de esta tierra en escenarios de renombre internacional como Kennedy Center de Washington y en los últimos años ha recibido otros galardones como el Premio Especial Cubadisco y el Excelencias del Arte.

La fuerza de la sangre

Aunque su nombre es Ethiel Fernández, firma sus notas apostando por “Faílde”, en honor a su tatarabuelo y a su progenitora. Tras la pérdida irreparable de Berta, el joven se aferró a la música para dignificar su amor.

“Mi mamá es, y siempre hablo en presente con toda intención, el eje fundamental de mi vida y la de mi hermano Erioth. Siempre luchó y lucha dondequiera que esté por los sueños de sus hijos. Ella ha sido el motor impulsor de toda mi carrera, de lo que he podido hacer y hasta de lo que lograré.

“Recuerdo que cuando falleció yo tenía un concierto a la semana siguiente, y antes de partir, me dijo que no podía dejar de hacerlo. Uno, porque yo era artista y ahí radicaba la mejor manera de honrarla y seguir adelante.

“Mi mamá siempre estaba, era señora madraza. Me da mucho gusto cuando hablo con las personas y me dicen cosas lindas de ella, a pesar de que fue fuerte con nuestra educación. Ella decía que teníamos que ser personas de bien. Cuando estábamos grabando el primer disco en la EGREM para allá fue ella y se mudó con nosotros. Existe un video que nos llama a que el danzón no podía morir.

“Recuerdo que, para los trabajos de la escuela, se los enviaba por correo y le pedía que me los imprimiera. Ella siempre contestaba que fuera hasta su trabajo a imprimir y eso me enseñó a ser independiente. Gracias a eso pude crecer como un hombre independiente. Aunque mami estaba para acompañar y apoyar, yo tenía que hacer solo mis cosas. Nos decía: ¿Y el día en que yo no esté, qué se van a hacer?

“Y mira, … No está…” -nos dice mientras busca en sus recuerdos aquellos besos y abrazos necesarios, hoy ausentes.

“En el caso de mi hermano, nosotros nos decimos fratellino, que significa mi hermanito en italiano. Él estudió en los Camilitos, después se hizo ingeniero en construcción naval. Mi hermano es mi grande orgullo y mi sostén, padre, amigo, es todo. Mi sobrino Hermes ha seguido nuestros pasos. Estudia trompeta en la Escuela Vocacional de Arte, casualmente el mismo instrumento que tocaba Miguel Faílde.

“Siempre cuando veo un logro de la orquesta pongo por delante a Matanzas, a Cuba y a la música tradicional cubana. Las nominaciones a los Latin Grammy fue un reconocimiento al sistema de enseñanza artística del país, que es excelente. Nosotros somos el resultado de ese sistema que es una joya a proteger.

“Disfrutar de todo lo que escribe “y para bien” la crítica internacional es un reconocimiento a lo logrado. He cumplido mis sueños de poder llegar a los municipios de Matanzas. Me queda realizar algunas giras por provincias cubanas y traer figuras internacionales al Teatro Sauto, Monumento Nacional.”

Omara: la madrina de la Orquesta Faílde

Omara Portuondo es nuestra madrina. Ella ha sido madre y maestra. La primera vez que llegué con la orquesta a los Estudios Abdala, estaba ahí. Mi mamá enseguida se acercó a ella y le dijo: -Mira, Omara, Ethiel te escucha todos los días en la casa-, ahí se puso a cantar.

“En esa época yo me decía que ojalá algún día pudiera tener la dicha de cantar junto a ella y fue posible. De siempre ha sido una artista que admiro y amo muchísimo. A Omara hay que amarla, para mí es como tocar a la Patria. De ella aprendemos todos los días a querer más a Cuba. Antes de ella, siempre está Cuba.”

Por estos días Ethiel y su orquesta preparan para el mes de marzo el estreno de un sencillo con el cantautor Silvio Rodríguez. El tema Danzón para la espera había sido presentado por Rodríguez acompañado de su guitarra. Ahora la Faílde le inyecta su estilo para rendir homenaje además a Matanzas. Con pasión Ethiel habla de los caminos que todavía labra. Su humildad enamora mientras a lo lejos se escuchan sonidos de: Las Alturas de Simpson o Almendra.

¿Qué cambiaría Ethiel Faílde de su vida?

Por instantes permanece silencio, pero no teme encontrar su mejor respuesta, la que con carga emotiva hace quebrar hasta el rincón más sublime de la tierra.

“Ojalá mi madre estuviera aquí, solo eso…” (ALH)

Acerca Karel Ricardo Roque

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Sin Comentarios

  1. Cuiden a ese muchacho! Que es oro y todavía sigue entre los cubanos que vivimos aquí

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