Las modificaciones anunciadas para la 65 Serie Nacional de Béisbol responden a un imperativo económico claro: garantizar la supervivencia del torneo, recortando el consumo de combustible y los viajes interprovinciales.
Al concentrar los enfrentamientos entre provincias vecinas, se reduce el gasto de combustible, el cansancio que suponen los traslados a grandes distancias y la inversión que requiere la estancia hotelera.
La incorporación del sistema Page en cruces cortos al mejor de tres juegos aporta dramatismo e incentiva la rivalidad regional directa, dándole un toque de espectacularidad a un fenómeno que no solo es deportivo, también social y
cultural.
Por otra parte, al acortar la fase regular a tres meses (octubre-diciembre), se reduce el riesgo de suspensiones por problemas de insumos, ya que la situación económica del país puede empeorar, dando al traste con la continuidad del certamen.
¿Es lo ideal? No y, sencillamente, hay varias razones por las que solo debemos tomarlo como algo temporal.
Al eliminar los enfrentamientos entre la zona occidental y la oriental en la primera fase, los aficionados se pierden duelos históricos de alta convocatoria entre selecciones de extremos opuestos.
Además, la división por grupos geográficos crea zonas con un nivel cualitativo desproporcionado, permitiendo que equipos de menor rendimiento avancen a expensas de conjuntos más competitivos atrapados en grupos más fuertes.
Una etapa regular de 44 partidos premia las rachas cortas y castiga desmedidamente los arranques lentos, reduciendo el espacio para el desarrollo táctico y la recuperación de atletas.
No hay margen de error, quien comience con tropiezos o lesiones más o menos importantes corre el riesgo de quedar en el camino.
Si bien las medidas cumplen el objetivo de mantener la pelota viva dentro de un presupuesto austero, la estructura sacrifica el espectáculo global y el rigor deportivo, supeditando el formato del pasatiempo nacional a las urgencias de la
situación del país.
Es lo correcto en estos momentos, sí, es imprescindible no dejar morir el único evento de relevancia que tiene ahora mismo el deporte cubano.
Muchas personas quizás pensarán que hay cosas más importantes como la recogida de basura o la situación alimenticia, y por supuesto que existen sectores más relevantes, pero dejar morir la Serie Nacional no contribuirá a
resolver esas otras cuestiones.
Por otro lado, el deporte también es importante no solo para preservar nuestra identidad, pues desde el punto de vista económico también tiene relevancia y posibilidades reales de crecer.
Bienvenida sea entonces la 65 Serie Nacional de Béisbol y esperemos que las condiciones de vida de los atletas se garanticen de la mejor manera. (ALH)
