Yo no sé por qué inventiva

                                   por qué ley o que legajo,

                                   la tierra vuelta hacia abajo

                                   sigue siempre estando arriba.

 

Rubén Aguiar Dávila, poeta, hombre y río, como le llamaran, enhebró muchas madejas de la cultura matancera durante su prolífico e intenso recorrido vital.

Henchido de numerosas inquietudes creadoras, la poesía ocupó un espacio notorio en su permanente quehacer artístico. Y la cultivó con singular simpatía como reconoció Alfredo Zaldívar, en el poético prólogo del poemario Dos Lomas, del autor matancero.

“Respetuoso, como un río, de la tradición, sorprenden sus metáforas en cada recodo, dentro de un lenguaje tropológico, sencillo en el sentido martiano, primitivo como lo sería el de Nápoles Fajardo’’.

Poeta, escritor, músico, investigador y promotor, Rubén contribuyó de forma impecable al desarrollo y reconocimiento de la cultura tradicional de nuestros campos.

Aquí me aprendí el aroma

                                   de la brisa en el palmar

                                   y el secreto dialogar

                                   del sinsonte y la paloma.

 

Rubén nació el 16 diciembre de 1929, en la finca El Pan, del desaparecido Central Elena, cercano a Ceiba Mocha, en Matanzas. En la escuela rural de la localidad cursó sus primeros estudios. Apenas con doce años, conoció del arado, la guataca y el machete.

Para entonces aprendió a tocar la guitarra e integró un trío con un hermano y un primo. A los quince compartía su tiempo entre el trabajo, los guateques y el juego de pelota.

 

El abuelo materno que tocaba el laúd y dos tíos improvisadores, despertaron en el joven Rubén la vocación poética.

Yo canté cuando tenía

                                     antojos de adolescente

                                     a la esperanza inocente

                                     de premiar la poesía.

En 1949, obtuvo el primer lugar en un concierto efectuado en el Palenque con poetas locales, para el programa Buscando el Príncipe del Punto Cubano que auspiciaba la emisora Radio Cadena Habana.

La décima de Rubén, cobró el vuelo de los inspirados poetas. Cantó a la vida, al amor, a la familia y a la tierra amada, con singular nostalgia del paisaje rural que iluminó sus pupilas.

                               … cuando iba por el andén

                                    enyerbado de los trillos

                                    tejiéndole dobladillos

                                    de versos al terraplén.

 

Su aventura creadora no desestimó otras estrofas poéticas. De ahí un manojo de sonetos enamorados, escritos regularmente en versos alejandrinos.

… de ignorar tus pecados y no alentar ideas

                       Inútiles y rotas y pobres de ilusión. 

Con el paso de los años formó con Prima Muñoz una familia destacada en la promoción de la música campesina. La creación de reconocidas agrupaciones infantiles como La Edad de Oro e Ismaelillo, dejaron huellas indelebles de la historia cultural matancera.

Merecedor de importantes premios como Cucalambé y Néstor Ulloa, dejó su obra impresa en varios libros y publicaciones periódicas.

Rubén viajó a varios países. Primero como parte de los proyectos musicales, luego al encuentro de sus seres queridos, más siempre regresó a Matanzas, donde falleció el 28 de febrero de 2021. Sus décimas sobrevuelan las aguas que inundan el Valle Elena, terruño que le inspirara en vida muchos de sus notables versos.

…este Madrid deslumbrante,

                                   muestra un sendero brillante

                                   para andar mi senectud,

                                   pero no tiene un laúd

                                   ni un poeta que me cante.

                                   

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