La historia no es un lujo del pasado, sino el cimiento de nuestro futuro, y en Matanzas ese cimiento se preserva en el Museo Provincial Palacio de Junco, que recientemente cumplió 65 años de vida. Desde su fundación en 1959 esta institución es mucho más que un depositario de objetos, es el guardián de la memoria colectiva de la Atenas de Cuba.
Mantener viva la museología es un acto de resistencia y cultura. El Palacio de Junco atesora más de 45 mil piezas que narran nuestro desarrollo desde los aborígenes hasta la actualidad, pero su misión va más allá: es un espacio vivo que investiga, socializa y acerca la historia al pueblo. Como bien nos recuerdan sus especialistas, el edificio en sí mismo, con sus tres plantas y su historia de reconstrucción tras el incendio, es una pieza museable, un testimonio de la pujanza matancera del siglo XIX .
Pero, ¿por qué es tan importante que las personas conozcan su historia? porque nos da identidad y nos ayuda a comprender quiénes somos como comunidad.
Al recorrer sus salas, el visitante no solo observa el pasado, sino que establece un diálogo con él . Es un ejercicio esencial para no repetir errores y valorar el esfuerzo de generaciones capaces de forjar la ciudad que hoy habitamos, incluida la gesta del pueblo que donó piezas para crear el museo .
En estos tiempos, donde la inmediatez a menudo nubla la memoria, el Palacio de Junco se erige como un faro. Conocer la historia es el primer paso para quererla, preservarla y construir, sobre sus sólidos cimientos, el futuro que merecemos. (ALH)
