La música popular contemporánea se ha diversificado tanto que prácticamente existe un género en específico para transmitir el estado de ánimo que nos singulariza en cada momento.
Lo mismo requerimos de una movida pieza bailable que de una emotiva interpretación dedicada a una fecha patria o aquella que refleja la euforia por el amor correspondido.
Sin embargo, desde que, a finales del siglo xix, el trovador cubano Pepe Sánchez diera a conocer su canción Tristeza, el primer bolero en la historia del que se tiene noticia, ese género se ha hecho universal por su capacidad para describir situaciones amorosas desde la mayor intimidad.
No es casual que, en nuestro país, grandes intérpretes de los más diversos estilos se hayan inclinado por el bolero en algún momento de sus respectivas trayectorias. Ahí está la obra de Benny Moré, el Bárbaro del Ritmo; a quien, a la hora de hablar de los boleros en su repertorio, hay que rendirle honores, del mismo modo que sucede con memorables interpretaciones de otras leyendas como Roberto Faz, Orlando Contreras o Vicentico Valdés.
Y si en ese contexto traemos a colación al cantautor Amaury Pérez, es porque este prestigioso exponente de la canción cubana no ha sido indiferente a la hora de incluir boleros en su extensa trayectoria; razón por la cual llama la atención que un disco suyo lleve por título el nombre de Bolereando, su más reciente y atractiva propuesta discográfica.
En el caso de este versátil cantautor, resulta obvio que si asume el bolero lo hace respetando los patrones propios del género; pero esto no quiere decir que reniegue de la necesidad de abordarlo desde una personal perspectiva poética; aspecto que lo diferencia en gran medida de los tradicionales enfoques temáticos que tenemos como referencia bolerista.
En el universo de la canción, no solo en Cuba sino en el mundo entero, al nombre de Amaury Pérez se le identifica con la renovadora estética promovida por la Nueva Trova, razón por la cual sus boleros nos hacen cómplices de sus angustias o conquistas amorosas, pero desde una refinada lírica, la que se corresponde con la elegante producción de las ocho canciones de Bolereando.
Si con la pieza Un bolero en París se nos revelan las emociones de un romance a través de códigos inusuales en el género, la canción Si me quieres, quiéreme entero se apoya en el ingenio de la connotada poetisa Dulce María Loynaz; mientras que en Enero del 83 le bastan tan solo unos breves pero intensos versos para elogiar la inmensidad del amor que perdura toda la vida.
La impronta creadora de artistas del rango de Amaury Pérez es tan enriquecedora que, hagan lo que hagan en sus respectivos desempeños, tendremos la certeza de que será un resultado matizado por el buen gusto y el rigor profesional, como nos lo demuestra una vez más con el disco Bolereando.
Guille Vilar/Granma
