Un hecho similar había ocurrido en 2025, en un barrio periférico de la capital provincial, donde otro hombre sufrió una descarga de 13 000 voltios al intentar robar cable conductor y cayó desde seis metros de altura.
Estos casos no son aislados. La sustracción de aceite dieléctrico y otros componentes del sistema eléctrico se ha extendido por todo el país, con más de 300 denuncias registradas entre 2025 y 2026, según la Fiscalía General de Cuba.
Las provincias de Matanzas, Ciego de Ávila, Mayabeque, Santiago de Cuba y Artemisa concentran la mayor incidencia de estos delitos.
El aceite dieléctrico es esencial para el funcionamiento de los transformadores: actúa como aislante y refrigerante, disipando el calor generado en los bobinados.
Cuando es extraído, el transformador puede funcionar dos o tres días, pero luego se sobrecalienta, se produce un cortocircuito entre espiras y el equipo queda inservible.
Sin embargo, quienes manipulan estas instalaciones ignoran o subestiman el riesgo. Un especialista de la Empresa Eléctrica advierte que “el desconocimiento o la subestimación del riesgo, unido a las fluctuaciones del servicio, pueden inducir a una falsa sensación de seguridad que resulta, en la práctica, letal”.
El contacto con líneas energizadas de alto voltaje es una sentencia de muerte.
El impacto económico es considerable. Solo en Ciego de Ávila, entre enero y abril de 2026, los daños al sistema eléctrico por robo de aceite superaron el millón de pesos y 88 transformadores sufrieron algún tipo de daño, incluida la baja técnica.
A nivel nacional, la reposición de un transformador puede superar los 45 000 dólares en el mercado internacional y, ante la falta de disponibilidad, comunidades enteras pueden quedar sin servicio durante días o incluso meses.
El mercado ilegal del aceite dieléctrico, pagado hasta 600 pesos cubanos por litro para ser usado como combustible en vehículos y maquinaria agrícola, se convierte así en un incentivo letal que convierte el lucro en una trampa mortal. (ALH)
/Granma
