El renovado interés de Donald Trump en Groenlandia surge apenas unos días después de autorizar una operación militar en Venezuela. Pero ¿responde esta ambición realmente a intereses defensivos, o esconde objetivos estratégicos de otra naturaleza?

En enero de 2026 el mandatario norteamericano reiteró su deseo de adquirir Groenlandia, con la excusa de «prioridad de seguridad nacional» por las presuntas amenazas china y rusa en el Ártico. La propuesta generó controversia durante su primer mandato en 2019, y vuelve ahora con mayor intensidad retórica y en un contexto geopolítico transformado.

Trump mostró interés en comprar Groenlandia y restó importancia a la posibilidad de una inminente intervención militar de EE.UU. para tomar la isla por la fuerza, informó CNN con fuentes familiarizadas con la reunión informativa.

¿Acuerdos verbales o acciones militares?

Los funcionarios de Groenlandia y Dinamarca han dejado claro que no considerarán conversaciones sobre cualquier mecanismo que permita la venta de Groenlandia a EE.UU. Argumentan que una población no puede ser comprada. Groenlandia tampoco está interesada en un acuerdo de libre asociación.

La operación militar llevada a cabo en Venezuela aumentó la preocupación entre daneses y groenlandeses sobre la posible disposición del magnate americano a tomar Groenlandia por la fuerza. EE.UU no ha planteado todavía la amenaza de fuerza militar a los políticos de la nación escandinava, aunque la Casa Blanca ha dado a entender públicamente que no ha descartado una acción militar.

Es incierto si Trump puede ser convencido de si los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos pueden ser protegidos con la relación de ambos países en el estado actual. Ha argumentado que tomar control de la isla es imperativo de seguridad nacional, citando preocupaciones sobre la presencia china y rusa en la región. Trump cree que la posesión es “psicológicamente necesaria para el éxito” en lo que respecta a la isla, dijo al New York Times el inquilino de la Casa Blanca.

La isla no forma parte de la Unión Europea (UE), pero pertenece al Reino de Dinamarca, vinculado a este bloque económico. La isla, en cambio, sí esta presente en la Organizacion del Atlántico Norte (OTAN), por lo que un ataque contra este territorio permitiría invocar el artículo 5 dónde refiere que un ataque armado contra una o más de las naciones integrantes será considerado como un ataque dirigido contra toda las naciones integrantes. Pero, ¿contra quién? ¿Contra Estados Unidos? Eso no parece ser una opción muy real. Si sucede podría precipitarse el final de la OTAN.

¿Es cierto el discurso oficial o existen segundas intenciones?

Recursos naturales y posiciones estratégicas en la Isla de Groenlandia Foto: Tomada del sitio web Agenda Pública.

Un análisis cartográfico permite descifrar los distintos factores que influyen en este renovado interés estadounidense. La isla más grande del mundo, con 2,16 millones de km² alberga apenas 56.000 habitantes en asentamientos costeros sin conexión terrestre entre sí. Pese a esta aparente marginalidad, las motivaciones de la Administración Trump no se agotan en la contención de China y Rusia; se entrelazan con la competencia global por recursos minerales críticos, las oportunidades abiertas por el cambio climático y la reconfiguración de las rutas comerciales árticas.

Groenlandia alberga 25 de los 34 minerales que la UE clasifica como críticos para la transición energética y tecnológica. Sus reservas de tierras raras, estimadas en 1,5 millones de toneladas, son comparables a las estadounidenses y superiores a las canadienses. Yacimientos como Kvanefjeld concentran neodimio, disprosio y terbio, elementos esenciales para la fabricación de imanes de alta potencia.

El interés por la isla antártica no puede desvincularse de las transformaciones que el cambio climático está operando en el Ártico. El retroceso acelerado del casquete glaciar groenlandés abre perspectivas que hace décadas resultaban impensables. Entre 1979 y 2024, la extensión de la banquisa estival se ha reducido aproximadamente a la mitad de los valores registrados en los años ochenta, liberando zonas costeras y facilitando el acceso a territorios hasta ahora inaccesibles.

En este contexto, territorios antes considerados periféricos adquieren una relevancia inesperada. Groenlandia es hoy uno de esos espacios donde la competencia por recursos críticos se territorializa, y donde el resultado dependerá tanto de las decisiones de las grandes potencias como de la capacidad de los actores locales para defender sus propias prioridades.

Para Estados Unidos, controlar Groenlandia equivale a asegurar una posición privilegiada sobre recursos y rutas comerciales cuya importancia no hará sino crecer. (ALH)

Con información tomada de CNN. 

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