Hoy se conmemoran 225 años del natalicio de José de la Luz y Caballero, nacido el 11 de julio de 1800 en La Habana. Su legado como educador, filósofo y pensador marcó profundamente el desarrollo moral e intelectual de Cuba en el siglo XIX.

José de la Luz se formó desde joven en el Colegio San Carlos, donde demostró una gran habilidad para la filosofía. A los 15 años ya se había graduado en esa materia, y años más tarde estudió Derecho en la Universidad de La Habana. Su sed de conocimiento lo llevó en 1820 a Europa, donde pasó varios años en Francia, Inglaterra y Alemania, ampliando su visión humanista y científica. En ese viaje conoció a Alexander von Humboldt, figura que influiría en su pensamiento sobre la relación entre ciencia y sociedad.

De regreso a Cuba en 1829, comenzó a proyectar una nueva forma de enseñanza. En 1831 fundó el Colegio San Cristóbal, que rápidamente se convirtió en un bastión de la educación cubana. Allí formó a intelectuales fundamentales como Rafael María de Mendive y José Antonio Saco, promoviendo una instrucción centrada en la formación del carácter y la moral cívica. Rechazaba la repetición mecánica y apostaba por un pensamiento crítico, libre y comprometido con la patria.

A lo largo de su vida escribió obras filosóficas como «Lecciones de Filosofía» y «Juicio crítico sobre las doctrinas filosóficas modernas». También sostuvo correspondencia con figuras internacionales, exponiendo las inquietudes de la sociedad cubana ante el atraso político y cultural impuesto por España.

Aunque no participó activamente en política, su pensamiento influyó en generaciones de reformistas e independentistas. Luz y Caballero prefería la pluma al fusil, y su patriotismo se manifestaba en cada aula y cada texto que enseñaba.

En sus últimos años, continuó enseñando, reflexionando sobre la filosofía, la religión y el destino de Cuba. El peso de sus ideas lo mantuvo activo hasta el final, pese a que su salud comenzó a deteriorarse. Falleció en La Habana el 22 de junio de 1867, víctima de una enfermedad pulmonar, probablemente una bronquitis crónica agravada por años de intenso trabajo intelectual y físico.

Su muerte no apagó su luz. Como dijo José Martí, “enseñar puede cualquiera, educar sólo quien sea un evangelio vivo.” Eso fue José de la Luz y Caballero: un evangelio vivo de la ética cubana.

Lauren Quirós Alonso/Estudiante de Periodismo 

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