La muerte de Armando Carnot llenó de luto la ciudad de Matanzas en 1926.
El doctor Armando Carnot Veulens disfrutó de una gran dicha en vida: ser amado, casi idolatrado, en su ciudad natal. Eso no fue gratis. Se lo ganó por su ejemplar desempeño como médico, profesor, científico y político. Fue un hombre íntegro, que se preocupó por los pobres y desvalidos, que hizo de la política un medio para mejorar la moral pública, no un fin para satisfacer la vanidad personal. Por todo eso se hizo incómodo para algunos sectores. Es muy posible que eso le haya costado la vida.
Durante un siglo, las sospechas acerca de que Armando Carnot fue envenenado no han menguado. Más bien, todo lo contrario. Opuesto al candidato favorito de Gerardo Machado, fue invitado a visitar el Palacio Presidencial. A su regreso, su salud comenzó a deteriorarse de forma rápida e inesperada. El fatal desenlace ocurrió el 20 de septiembre de 1926.
La noticia
Acerca del triste acontecimiento el Diario de la Marina recogió, el día 23, el testimonio del corresponsal en Matanzas, Manolo Jarquín:
“Cayó el ídolo”.
“Se apagó para siempre aquella existencia hecha al bien de sus semejantes, al sacrificio por el prójimo, al propio despojo, bien puede decirse así, por la humanidad”.
“Murió noche Armando Carnot. Exhaló su último suspiro en brazos de la madre mártir, de la esposa desesperada, de los hermanos y los hijos que lo adoraban”.
“¡Cuadro horrible el que se desarrolló en aquella casa!”.
“Porque con los familiares del doctor Carnot lloraban todos los que se hallaban a su alrededor, con tanta aflicción, con tanta congoja como los mismos hijos”.
“Era un ídolo Armando Carnot”.
“Probado queda con el sentimiento, con el dolor inmenso, y la inmensa pena que exterioriza en estos momentos la población entera de Matanzas. Se lloraba anoche dentro y fuera de la casa”.
“Dentro y fuera de la casa digo, porque era un hervidero la cuadra aquella de la calle de Milanés, donde se encuentra enclavada la residencia del filántropo, del del ser que era todo infinita bondad”.
“El pueblo aglomerado allí desde hace dos días en que se hizo pública la gravedad del prestigioso galeno: el pueblo que esas cuarenta y ocho horas guardó un silencio sepulcral velando los instantes últimos de su benefactor, rompió en explosión grandísima cuando supo que no existía ya el hombre a quien tanto amaba”.
“Lloraban todos con sincera aflicción”.
“Hombres, mujeres y niños, sentados en las aceras de la calle, formando grupos frente a la casa, derramaban lágrimas que conmovían, tanto como el mismo cuadro que se desarrollaba dentro de ella”.
“Y era que Carnot era excepcional”.
“Generoso, desprendido, magnánimo y caritativo como nadie”.
“Ejercía su profesión como un apostolado”.
“De ella que hubiera podido sacar miles de miles de pesos, hacia un culto, una religión a favor de los pobres”.
“No se conformaba con curar, a los desheredados, con asistirlos de gratis, sino que suministraba él la medicina, daba en la mayoría de los casos los alimentos y con su gran bondad, con aquel corazón único, derramaba caudales de consuelo sobre todo el que sufría, sobre todo el que penaba”.
“Era ese Armando Carnot”.
“Figura prestigiosa de la sociedad, se le mimaba en ésta, por sus condiciones excepcionales de caballerosidad, de corrección, de su intachable proceder”.
“Alegre siempre, siempre contento, con satisfacción que da el deber cumplido, y la conciencia limpia, la presencia, de Armando Carnot en cualquier fiesta era un motivo de regocijo para todos”.
“¿Y en política?”.
“Supo hacerse de fieles, de adeptos, de apasionados que no tenían más voluntad que la suya, más opinión que la de él, más aspiraciones que su triunfo”.
“De madera política el Dr. Carnot, de político abolengo, heredó de su padre, del Viejo León Yumurino, el carácter, la afabilidad, la democracia que caracterizaron al que fue hasta su muerte jefe del liberalismo matancero”.
“Su casa era la de sus amigos. Su bolsa la de todos los que se hallaban a su alrededor. Su vida misma la exponía siempre que de salvar a un correligionario se trataba”.
“Por eso muere pobre”.
“Por ego no deja el capital que con el ejercicio de su profesión hubiera podido legar a sus hijos”.
“Porque nada reservaba para sí y porque todo parecíale poco para darlo a los que lo necesitaban”.
“La política fue su pasión”.
“Y consecuencia de la política es esta muerte prematura del hombre joven, sano y fuerte que acaba de morir”.
“Le sobrevino la enfermedad que ha llevado a la tumba al Dr. Carnot, a su llegada a Matanzas, después de un viaje a la Habana, del que regresó satisfecho, orgulloso, contentísimo”.
“Lo esperaban en esta ciudad sus amigos, después de la importante conferencia que celebró con el jefe del Estado y que publicaron todos los periódicos capitalinos, en verdadera manifestación”.
“Lo llevaron de la Estación al Círculo”.
“Y al salir de este, cansado, rendido, llego a su casa Y se dio un baño, sintiéndose poco después los primeros síntomas de la fatal dolencia”.
“A su alrededor los médicos todos de esta ciudad, intentaron lo imposible por salvarle la vida”.
“Se acudió a todos los recursos que hoy ofrece la ciencia; pero todo fue inútil”.
“Armando Carnot y Veulens tenía contados sus días en la tierra, y como Domingo Madan, en plena juventud, en toda la gloria de su popularidad, de su noble apostolado, ha bajado a la tumba para sumir en el más grande duelo al pueblo en que naciera, al que tanto bien hiciera y tan intensamente lo adoraba”.
“Escribo estas líneas para que alcancen el correo, pocas horas después de la muerte de Carnot”.
“Es la media noche”.
“Y se agita ya el pueblo, se presiente ya lo que ha de ser ese acto del sepelio del infortunado Armando”.
“No hay hogar hoy en Matanzas donde no se llore, donde no se derramen lágrimas por esa muerte”.
“Hogares de pobres y de ricos”.
“Porque de ambos era médico, era ángel bueno y era mentor espiritual, el galeno fallecido”.
“Las muchedumbres invaden por momentos la casa en que encuentra tendido, en capilla ardiente, el cuerpo de Carnot”.
“El desfile es constante”.
“Y las explosiones de dolor se suceden por personas, cada vez que entra una nueva, en la cámara mortuoria”.
“Las ofrendas florales, a pesar de que hace solo horas que falleciera Carnot, tapizan todas las paredes de la capilla ardiente”.
“Y mensajes se reciben de todas partes dando el pésame a la familia”.
“Para las cuatro de la tarde de hoy martes ha sido fijado el sepelio del Dr. Armando Carnot”.
“Nos espera un acto imponente, presenciaremos lo nunca visto, será Matanzas testigo de uno de los más elocuentes, de las más espontáneas y más grandiosas peregrinaciones”.
“Lo que él merecía”.
“Todos los que debemos por uno u otro motivo algo al doctor Armando Carnot iremos esta tarde a pagar con nuestra presencia en ese acto, la sagrada deuda de gratitud”.
“¡Y somos tantos sus deudores…!”.
“Duerma en paz el doctor Armando Carnot y Veulens, y sea para su viuda, la señora Felicia Rodríguez, para su madre, infortunada Adolfina Veulens de Carnot, para sus tiernos hijitos, para sus hermanos todos, el pésame sentidísimo del Cronista”.
“La expresión sincera de quien, si hoy escribe estas justicieras líneas, lo debe precisamente a la ciencia del que la ciencia no pudo hoy salvar…”.
