El informe sobre el censo realizado en Cuba en 1943 incluyó información sobre los museos existentes en el país.

La Ley No. 5, de abril de 1943, promulgada en la Gaceta Oficial del día 3 de ese mes, dispuso la formación de un censo de población. De esta forma se daba cumplimiento al artículo 94 de la Constitución de la República, promulgada en 1940, que establecía como una obligación del Estado realizarlo cada diez años, por lo menos. Este debía reflejar todas las actividades económicas y sociales del país. Se creó entonces la Junta Nacional del Censo, integrada por cinco miembros propietarios y cinco suplentes. La primera sesión de esta se verificó el día 15 de abril de 1943.

Una vez realizados los trabajos pertinentes, sorteando múltiples dificultades, el censo fue concluido meses después. Se publicó entonces el Informe General del Censo de 1943 (1943), que recogió toda la información referida a la población cubana y las actividades socioeconómicas del país. Entre los datos que aparecen, pueden leerse las características y condiciones de los museos que existían en ese momento en el país.

En La Habana

El primer museo que se menciona es el Museo Nacional, ubicado en Aguiar 508, La Habana. En esa fecha el conservador era Antonio Rodríguez Morey. Según el Informe General del Censo, se fundó el 28 de abril de 1913, bajo la dirección del señor Emilio Heredia. Acerca de sus fondos, se planteó:

Fotos de la inauguración del Museo Nacional en 1913. Archivo del autor.

“Se conservan en él interesantes recuerdos y reliquias de Maceo, Gómez, Céspedes, Agramonte, Sanguily, Aguilera, López, Quesada, Figueredo, Estrada Palma, García, Pedro Díaz, Serafín Sánchez, Aranguren, Cas tillo, Hnos. Lora, Gómez Toro, Hnos. Agüero, Borrero, Grave de Peralta, Mayía Rodríguez, Rius Rivera, Zenea, Heredia, Milanés, Plá cido, Luaces, Benavides, Casal, Villate, White, Espadero, Brindis de Sala, Peyrellade, Cortina, Parreño, Villaverde, Gálvez, Frías, Luz, Saco, Albear, Poey, Nicolás Gutiérrez, Finlay y otros cubanos distinguidos, patriotas, científicos, músicos…”.

Se comentó que poseía “…valiosas colecciones sobre etnografía, epigrafía, arqueología, objetos de la época colonial, armas, etc. También conserva en su Sección de Bellas Artes cuadros valiosos de la antigüedad y modernos, esculturas extranjeras y nacionales, grabados, cerámicas, muebles, etc.

Colegio de La Salle, en La Habana. Archivo del autor.

Otros museos que aparecen en el Informe General del Censo estaban vinculados a centros educativos. Uno era el Museo Carlos de la Torre, del Centro Superior Tecnológico del Instituto Cívico Militar, en Ceiba del Agua. Esta institución llevaba el nombre del más grande científico cubano del momento, quien aún vivía su larga vida de ciencia e investigación. Le siguieron la mención al museo del Colegio de la Salle, centro educativo radicado en la calle 13, entre B y C, Vedado, y el célebre Museo Cubano Gundlach, del Instituto de Segunda Enseñanza de la Habana, “…dedicado a la ornitología cubana, [que] funciona para enseñanza de los alumnos…”.

En el caso de la Universidad de La Habana se incluyeron el Museo Antropológico Montané, el Museo de Artes Plásticas Leopoldo Romañach y el Museo del Departamento de Historia del Arte, aunque sin más datos. Un espacio mayor lo tuvo el Museo Poey de la Escuela de Ciencias. Sobre este museo se expresó que el conservador era el doctor Abelardo Moreno. Además, se añadió lo siguiente:

“Funciona bajo la supervisión de la Escuela. Se dedica a las Ciencias Naturales. Algunas secciones de este excelente museo están instaladas en otros edificios de la propia Universidad, pero el acervo principal se halla en el edificio Felipe Poey, de reciente construcción. Todos los departamentos de que consta el museo, así como el jardín botánico que posee esta Escuela están al servicio, no sólo de los alumnos de la Facultad de Ciencias, sino de otras escuelas universitarias”.

No podía faltar el Museo José Martí, en la calle Leonor Pérez, 102. El reconocido martiano Arturo R. de Carricarte era el conservador de la institución. Se añadió este párrafo:

“Conserva este museo no sólo las pertenencias del Apóstol José Martí, sino también su obra escrita, iconografía y biblio grafía referente al mismo. Fue fundado por iniciativa de la Asociación pro Martí, que compró la casa en que nació el mártir de Dos Ríos para que pasara a ser propiedad del pueblo cubano. Su sostenimiento depende del Ministerio de Educación”.

De la Sociedad Económica de Amigos del País, Dragones 308, se incluyeron dos museos. El Museo Anexo a la Biblioteca y el Museo de Folklore, donado por el doctor Fernando Ortiz. También se tuvo en cuenta el Museo Diocesano de la Catedral de La Habana. Otras instituciones de este tipo que aparecieron en el Informe General del Censo fueron el Museo del Instituto Finlay, dedicado a las ciencias médicas, y el de la Policía Nacional, que contaba

“…con interesantes objetos relacionados con la actividad policíaca, y relatos históricos de los hechos más famosos en la delincuencia cubana”.

Son curiosas las menciones a museos, que con seguridad de no pasaban de ser gabinetes o colecciones, hoy desconocidos. Por ejemplo, la Comisión Nacional de Propaganda y Defensa del Tabaco Habano, institución cita en Presidente Zayas 412, poseía un museo. Lo mismo sucedía con la Corporación Nacional del Turismo, en Zulueta y Animas. Del Museo Agrícola y Exposición Permanente, que formaba parte del Ministerio de Agricultura, se informó que tenía como conservador al señor Archibald Durland Nieto y que estaba dedicado “…a las fuentes principales de riqueza del país, el suelo y el subsuelo”. Existía, además, el Museo Histórico de la Asociación «Más Luz», establecido en la calle 11, no. 33, en Santiago de las Vegas. Francisco Pina García era el conservador y se inauguró el 6 de septiembre de 1942.

En provincias

Sede actual del Museo Oscar María de Rojas en Cárdenas. Archivo del autor.

No eran muchos los museos existentes en las provincias del país. De hecho, no se hace mención a la existencia de instituciones de este tipo en Pinar del Río y Camagüey. En el caso de Matanzas aparecen dos. Primero, el Museo Municipal Oscar M. de Rojas, de Cárdenas, sobre el cual se planteó que su conservador era Oscar M. de Rojas y Cruzat, quien en realidad había sido su fundador, pues falleció en 1921. Otro dato erróneo fue que se inauguró en octubre de 1903, pues se fundó el 19 de marzo de 1900. Lo que sucedió, como también aparece en otras fuentes, es que se confundió con la fecha de inauguración de la sede en el antiguo Cuartel de Infantería. Se agregó que era de “…carácter general…»  y que poseía «…una valiosa biblioteca”.

Se mencionó igualmente un llamado Museo Arqueológico Francisco Ximeno, de Matanzas. En este último caso, quizás se haga referencia al célebre Museo Jimeno-La Torre, del Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas.

De la provincia de Las Villas apareció en el Informe General del Censo el Museo José María Espinosa, cito en Maceo 32, Remedios. Se inauguró el 24 de febrero de 1933 a iniciativa de su conservador, doctor Carlos A. Martínez-Fortún y Foyo, junto a Edmundo Rivera Rodríguez. Estaba dedicado a la historia, las ciencias y las artes.

En la provincia de Oriente sobresalía el Museo Emilio Bacardí Moreau, situado en Aguilera entre Pío Rosado y Hartman, Santiago de Cuba. Acerca de esta emblemática institución cubana se expresó:

“Está alojado en un magnífico edificio donado al Ayuntamiento de Santiago de Cuba por la señora Elvira Cape de Bacardí, en el cual se encuentra también la Biblioteca Municipal. El Municipio de Santiago de Cuba sostiene ambas instituciones”.

Se incluyó en el Informe General del Censo el Museo Privado García Feria, de Holguín. El conservador era José Agustín García Castañeda. Se agregó la información siguiente:

“Se debe este museo a la consagración a los estudios arqueológicos del Prof. Eduardo García Feria, fallecido el 25 de octubre de 1941. Su colección más valiosa es la arqueológica indocubana. Posee también una gran variedad de caracoles marinos, insectos, fósiles, monedas. sellos, documentos antiguos, etc”.

Del Museo del Club de los Boys Scouts, calle Gonzalo Salazar, en Antilla, se planteó que se fundó en 1931 y lo sostenía la Sección Local de Exploradores. Además, se añadió:

“Posee curiosos especímenes disecados de la fauna nacional y una colección arqueológica indocubana, ambas cosas obtenidas por los mismos exploradores durante sus viajes por la región oriental”.

En la Academia de Ciencias

El Informe General del Censo de 1943 recogió gran cantidad de información sobre el museo de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. De hecho, fue sobre esta institución que recopiló más datos. Esto se debió, seguramente, a que se trataba de uno de los museos más antiguos del país, sólo superado en tiempo por el de la Sociedad Económica de Amigos del País, y, además, quizás era el más prestigioso y conocido internacionalmente.

Sede de la antigua Academia de Ciencias, donde radicó el museo de esa institución. Fuente: Juventud Técnica.

De acuerdo con este informe, las colecciones zoológicas que atesoraba eran de

“…gran valor desde el punto de vista histórico. La colección encierra una serie de ejemplares únicos, o de tal rareza, que constituye motivo de orgullo para cualquier museo la posesión de tales tipos”.

Como “… ejemplares dignos de mención…”, se mencionaron el almiquí y varias especies de murciélagos endémicos de Cuba. Se destacó que “Las colecciones de aves y mamíferos fueron preparadas y dona das a esta Institución por el sabio naturalista alemán Dr. Juan Gundlach, quien durante cincuenta años se dedicó al estudio de nuestra fauna. La colección de peces encierra una interesante serie preparada por el sabio naturalista Don Felipe Poey”.

Se recordó que el general Leonard Wood, al ser nombrado gobernador de las Islas Filipinas, había regalado a ese museo

“…una colección de peces de aquellos mares, ascendente a doscientos cuarenta y siete ejemplares, todos clasificados”.

Llamó la atención el Informe General del Censo, sobre

“…la pequeña colección de reptiles, anfibios, crustáceos, insectos y vermes, y la rica colección de pólipos y espongiarios. En la colección de pólipos es notable por su tamaño el espléndido ejemplar de la madrépora prolífera, variedad palmata, donada por el académico, ingeniero Juan Manuel Planas. Hay además una interesante serie de coraliarios y espongiarios. Los crustáceos están representados por ciento treinta y nueve ejemplares, colectados, clasificados y donados a esta institución por el Dr. Juan Gundlach. Es también donación suya la colección de insectos cubanos, re presentada por trescientos ochenta y cinco ejemplares”.

Otra donación que se resaltó fue la que hizo el malacólogo cubano Rafael Arango y Molina, en el año de 1877. Esta consistió en una “…espléndida colección…”, que incluyó “…una infinita variedad del polymita picta (más de 400) recogida en la región de Baracoa (Oriente)”.

Elogiosas palabras dedicó el Informe General del Censo al herbario que conservaba la Academia de Ciencias. Unido a este estaba

“Una colección de maderas cubanas, consta de cuatrocientas sesenta y dos muestras pulimentadas, la mayor parte de ellas clasificadas y de tamaño aproximado de cinco pulgadas, por cuatro, por uno. Además, cuenta con modelos en cera de frutas cubanas, en número de ciento cuatro ejemplares, en buen estado de conservación y perfectamente coloreadas. La colección de semillas de plantas cubanas, es valiosa”.

Fueron mencionadas la colección de minerales, y las piezas de antropología y arqueología que atesoraba este museo. En el ámbito de las ciencias médicas se destacó la referencia a

“Las colecciones teratológicas, de esqueletos humanos, de pelvis femeninas anormales, de preparaciones microscópicas de cabellos humanos, tienen un alto interés científico. Una colección de instrumentos, en su mayoría históricos, forman un arsenal quirúrgico de alto valor”.

Sala central del Museo Emilio Bacardí. Archivo del autor.

Aún con errores y poca uniformidad en los datos expuestos, el Informe General del Censo realizado en 1943 ofreció una valiosa información sobre los museos del país. Se evidencia la poca atención oficial del estado y cómo sobrevivían, muchos de ellos, gracias a las instituciones donde radicaban, el desvelo de particulares o las subvenciones municipales.

La mayoría de estos museos dejaron de existir hace décadas. Otros, como el Museo Emilio Bacardí, de Santiago de Cuba, aún existen y poseen un sólido prestigio. Entre ellos está, para orgullo de los matanceros, el Museo Oscar María de Rojas, de Cárdenas, que sigue siendo uno de los más reconocidos del país, por la riqueza de sus colecciones y el celo y convicción con que las han sabido proteger. (ALH)

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