Más de 25 años ha dedicado al Hospital Pediátrico Eliseo Noel Camaño la licenciada en enfermería Obeyki Collazo Rodríguez. Cuando lanza una mirada en retrospectiva reafirma que ese fue el oficio que siempre ansió desempeñar.
La sala H marcó sus inicios profesionales, y donde alcanzara además la licenciatura. Con el paso del tiempo fue asumiendo varias responsabilidades hasta ocupar en la actualidad el cargo de Jefa de enfermería en la importante institución de salud.
Si le preguntan sobre la gran responsabilidad sobre sus hombros se le escapará un gesto en el rostro que se puede leer de múltiples maneras, al tener bajo su supervisión un promedio de 152 enfermeras y enfermeros.
Asegura que puede resultar complejo el hecho de lidiar con un personal tan heterogéneo con diferentes edades, características, junto a los diversos rasgos de sus personalidades.
Por su suerte para ella, todos poseen una cualidad en común: la consagración al trabajo. Obeyki destaca la responsabilidad y compromiso del personal que dirige, a la hora de atender a los niños.
» El trabajo con los niños lleva mucha dedicación, entrega, donde se hace vital el vínculo con el acompañante del paciente. Se debe estar atento siempre para enfrentar cualquier momento de depresión en las madres ante un proceso tan complejo, como es la enfermedad de un hijo», advierte la especialista.
La licenciada pondera el papel de las enfermeras y enfermeros, al tratarse del personal que más tiempo interactúa con los pacientes y acompañantes. Una relación que sin dudas contribuirá positivamente a la recuperación del niño.
Aunque Obeyki ha dedicado varios años a su función de supervisora, primero, y jefa de enfermeras, después, ella defiende con orgullo su condición de profesional de la enfermería.
Al paso de sus 25 años en este centro acumula momentos hermosos, y una que otra pérdida a la que no se acostumbrará nunca, como la de aquel paciente con parálisis cerebral infantil que falleciera en su guardia, hace ya dos décadas, y del cual no ha conseguido recuperarse del todo.
Aún recuerda el rostro de aquel pequeño. Se compenetró tanto con él y la madre que lloró durante horas al ocurrir el desenlace fatal, que no por esperado dejó de desarmarla.
Por suerte son más los instantes agradables que le ha reparado su profesión.
«¡ Seño!, ¿ Usted no se acuerda de mí?», escucha con bastante frecuencia cuando recorre la ciudad. Una frase a manera de saludo que le reconforta, aunque muchas veces no logre recordar en que momento asistió a ese joven que hoy la saluda con gran cariño.
Son gajes del oficio, se dirá para sus adentros. A lo largo de 25 años son muchos los niños y niñas que habrá atendido y que se sienten agradecidos. Siendo esa, sin dudas, una de las mayores satisfacciones en su desempeño como enfermera del Hospital Pediátrico Eliseo Noel Caamaño.
