A comienzos de 2015, el nombre del matancero Randy Perdomo García pasó de los pasillos de la Universidad de La Habana a la prensa internacional.
Entonces, como presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), impulsaba una iniciativa para conmemorar el aniversario 70 del ingreso de Fidel Castro a esa casa de altos estudios.
Lo que comenzó como un proyecto institucional terminó convirtiéndose en un encuentro personal con el líder histórico de la Revolución cubana.
«En un intercambio que tuvimos con los Cinco Héroes, el maestro Juan Fernández escuchó nuestra intención y nos puso en contacto con Dalia, la esposa del Comandante. Así enviamos una carta oficial», recuerda Perdomo.
Pero la formalidad de aquella solicitud tuvo también un gesto personal. Randy tomó una hoja de una de sus libretas y escribió de su puño y letra: «Fidel». Junto a la nota envió también un abrazo.
La respuesta llegó semanas después.
Tres horas de conversación
El 23 de enero de 2015, Randy Perdomo fue recibido en la residencia de Fidel Castro. El encuentro se prolongó durante más de tres horas y contó también con la presencia de Dalia Soto del Valle.
Durante la conversación repasaron mapas, publicaciones científicas y temas de actualidad internacional. Fidel mostró especial interés por la labor académica e investigativa de los jóvenes universitarios y por sus preocupaciones.
Pero el significado de aquella visita trascendió las horas compartidas en la residencia.
Después del encuentro, Randy recibió una de las fotografías tomadas durante la visita. A propuesta de Fidel, decidió escribir una crónica y compartirla públicamente.
«Se tituló Fidel, un fuera de serie. Fue difícil redactarla, pero era necesario compartirla, sobre todo por el contexto en que sucedió», explica.
En aquellos días, algunos medios internacionales habían difundido rumores sobre la supuesta muerte de Fidel Castro. Para Perdomo, la fotografía tenía entonces un significado que iba mucho más allá de la imagen.
«Nunca me cegó la ambición de mostrar mi imagen. Nunca pensé en la publicidad ni nada por el estilo. Simplemente tenía el deseo de que Cuba supiera que él estaba vivo, lúcido y trabajando».
Y había otro elemento que consideraba fundamental: la alegría que provocó aquella fotografía.
«Quería que fuera siempre un testimonio gráfico de su confianza en los intercambios, sobre todo de su confianza en los jóvenes».
Una fotografía que se convirtió en testimonio
Con el paso del tiempo, aquella imagen adquirió un valor documental. No solo registró el encuentro entre Fidel Castro y un joven dirigente universitario; también dejó constancia de uno de los últimos períodos de intercambio directo del líder histórico de la Revolución con representantes de las nuevas generaciones.
La experiencia de Randy Perdomo permite mirar aquella fotografía desde otra perspectiva: detrás de ella hubo una carta, una hoja de libreta escrita a mano, una petición de encuentro y más de tres horas de conversación.
Fue, en definitiva, un diálogo entre generaciones.
Para Fidel, los jóvenes no eran únicamente los herederos de una historia. Eran también protagonistas del presente y responsables de construir el futuro.
Y para Randy Perdomo, aquella visita quedó como una experiencia personal, pero también como un testimonio que decidió compartir con el país.
Una carta. Una fotografía. Tres horas de conversación. Y el recuerdo de un Fidel que, en sus últimos años, continuaba escuchando y dialogando con los jóvenes.
Yunielis Moliner Isasi| Tomado de Radio 26
