Hace 160 años el químico Joaquín Fabián de Aenlle publicó una obra clásica sobre las aguas minero-medicinales de Cuba.

El libro Apuntes para el estudio de las aguas minero-medicinales de la isla de Cuba y relación de todos los análisis que de las mismas se han practicado hasta la fecha, fue publicado por Joaquín Fabián de Aenlle en 1866. 160 años después, aún se considera el estudio más profundo y serio acerca de las aguas minerales y medicinales de Cuba, un recurso natural que debería ser más aprovechado en la actualidad.

Biografía

Su autor, Joaquín Fabián de Aenlle y Monjioti, nació Jibacoa, cerca de La Habana, el 20 de enero de 1825. Fue discípulo del destacado químico español José Luis Casaseca. Estuvo entre los primeros graduados de farmacia en la Universidad de La Habana. Alcanzó el título de licenciado en farmacia en 1847 y el de doctor un año después. Desde entonces se desempeñó como catedrático de la especialidad y profesor de Farmacia Químico-Inorgánica.

También fue profesor en el Colegio San Pablo, dirigido por Rafael María de Mendive, donde impartió clases a José Martí. Estuvo entre los fundadores de la Real Academia de Ciencias Físicas, Médicas y Naturales de La Habana, el 19 de mayo de 1861. Integró además la Sociedad Económica de Amigos del País y el Liceo Artístico y Literario de La Habana. Se destacó como editor de revistas científicas.

Fue un destacado masón. Estuvo entre los creadores de la logia Gran Oriente de Cuba y las Antillas (GOCA), en la que ocupó el segundo puesto en su jerarquía. Conspiró en los preparativos de la Guerra de los Diez Años. Debido a sus problemas de salud no pudo incorporarse a la lucha revolucionaria y murió meses después de iniciada la contienda, el 1 de agosto de 1869.

Joaquín Fabián de Aenlle, químico y masón cubano

Presencia de Matanzas

El libro Apuntes para el estudio de las aguas minero-medicinales de la isla de Cuba y relación de todos los análisis que de las mismas se han practicado hasta la fecha, comenzó precisamente por la jurisdicción de Matanzas, al exponer las características de las aguas de los baños de San Miguel:

“En el caserío de San Miguel, perteneciente al partido de Guamacaro, distante treinta y seis quilómetros de la cabecera, existe un manantial minero-medicinal, situado en terrenos de la Sra. Condesa de Rondón. Tiene su nacimiento al Norte de dicho caserío y a cincuenta metros próximamente de la última casa. Se recomiendan sus aguas, hace infinidad de años, como muy eficaces en los infartos crónicos, en las enfermedades de la piel, en el reuma y en algunos casos de parálisis. Su temperatura, aunque a preciada valiéndole de instrumentos no muy exactos, se la considera en la localidad enteramente igual a la de la atmósfera, y como la de esta variable en las distintas estaciones, y aún en las distintas horas del día. Se dice por algunos facultativos médicos de la jurisdicción, que dichas aguas son sulfuro-ferruginosas, iguales en un todo a las de Madruga, pero con la ventaja sobre aquellas de ser su caudal mucho más abundante”.

“Los baños se hallan en muy buen estado, construidos de buen material, enlosados sus fondos con piedra de San Miguel, y cubiertos con una buena casa de tabla y tejas, con dos separaciones denominadas la Paila y el Templado; dicha casa tiene piso de tabla, su barandaje con escalera para bajar a los baños, y un cuarto convenientemente arreglado para vestirse las personas que a ellos concurren: trabajos todos llevados a cabo a expensas de los bañistas. La época de la temporada comienza en primero de mayo y termina a mediados de junio, salvo los casos en que suelen interrumpirse por el exceso de las lluvias”.

Le siguió después la descripción de los “baños de la Siberia o de Santa Rosa”, de la jurisdicción de Cárdenas. Ese fragmento planteó:

“En el caserío de Camarioca, a diez y seis quilómetros de la cabecera, y en terrenos de los Sres. Jimeno, existen dos manantiales, distantes próximamente el uno del otro, como unos cien metros, denominados de la «Siberia» o de «Santa Rosa» Ignórase la temperatura de ambos, pero sí se asegura por los que han tenido la oportunidad de frecuentarlos, y aun por algunos profesores de medicina de la jurisdicción, consultados al efecto, que son algo calientes, que uno de ellos contiene una cantidad notable de chapapote y que el otro es sulfuroso. Vienen aplicándose, se dice que con éxito, para la curación de las enfermedades sifilíticas y algunas del sistema nervioso, particularmente el último. La temporada comienza en general a principios de julio y termina a fines de septiembre. Hasta el presenta nada ha hecho en ellos la mano del hombre para el mejor aprovechamiento de sus aguas, si se exceptúa la barraca de guano que se construye anualmente para cubrirlos”.

El libro de Joaquín Fabián de Aenlle mencionó un tercer manantial de aguas minero-medicinales. Aunque no aparece con su nombre, se trató de los conocidos “baños de Menéndez”, en el actual municipio de Martí. En este caso se expresó:

“Existe, además, en el partido de Guamutas de la misma jurisdicción, en terrenos del ingenio Santa Isabel y en dirección hacia la playa, otro manantial, cuyas aguas gozan del concepto de medicinales, y que, según la opinión del Subdelegado de Farmacia de la cabecera, llamado a emitir su parecer en el asunto, son hidro-sulfurosas, no obstante manifestar al mismo tiempo, no haberle sido posible determinar su composición por la falta de aparatos químicos necesarios al efecto”.

Aporte de Presas

Una vez publicado el libro de Joaquín Fabián de Aenlle, se emitieron valoraciones críticas acerca de su contenido. Todas elogiosas por la información científica que aportó al conocimiento de las aguas minero-medicinales cubanas. Entre ellos estuvo un artículo escrito por el joven médico y naturalista matancero Manuel J. Presas Morales. Se publicó en la revista Liceo de Matanzas, el 15 de octubre de 1866. Se trató de una nota presentada el 9 de ese mismo mes en una sesión de la Sección de Ciencias del Liceo de Matanzas, de la cual Presas era socio fundador.

Al valorar el libro publicado por Joaquín Fabián de Aenlle, socio corresponsal de la propia institución, Manuel J. Presas escribió:

“Este trabajo, interesante y necesario por su objeto y bien redactado como obra de su autor, nos da una noticia detallada del estado de los manantiales y de su clasificación hidrológica, de sus propiedades medicinales y de su análisis químico, así como de la época en que acuden los dolientes a buscar en las aguas el alivio de sus males. El Dr. Aenlle ha llenado una verdadera necesidad terapéutica con la obrita que acaba de dar a la luz”.

Añadió que los análisis publicados

“…revelan patentemente la abundancia en nuestra isla de manantiales preciosos, de propiedades curativas bien comprobadas por la experiencia; pero que también manifiestan el abandono en que hasta ahora han estado esos baños, y el poco aprecio con que la generalidad, y aun los ahombres científicos, han mirado esos veneros de riqueza terapéutica. Leyendo el opúsculo del Dr. Aenlle se convence uno del error que padecieron muchos informantes, atribuyendo a ciertas aguas principios mineralizadores de que carecían, y juzgando de su íntima composición por sus caracteres físicos. El autor, en estos casos, ha prestado el eminente servicio de combatir los errores ya establecidos; lo que vale tanto como descubrir una verdad”.

“La lectura de ese trabajo nos demuestra que los manantiales sulfurosos, fríos y termales, son muy comunes y que se encuentran, aunque en menor número, salinos, ferruginosos, etc., así como excelentes aguas potables”.

Señaló Manuel J. Presas la necesidad de aprovechar las aguas minero-medicinales de Cuba, como un recurso importante que debía ponerse en función de la salud y la recreación del pueblo. Al respecto hizo propuestas concretas:

“Montando en esta Isla establecimientos de baños como los de Norte América y Europa, podríamos contar con una nueva fuente de prosperidad, y los enfermos encontrarían multitud de estaciones veraniegas donde se les brindase solaz y alivio a sus dolencias. Hoy pocos pueblos ofrecen algunas comodidades en sus baños minerales, sin embargo, de lo cual se ven concurridísimos. Testigos de San Diego, Madruga, San Miguel, la Siberia, donde anualmente se recaban maravillosas curaciones, y donde faltan muchas mejoras que los bañistas podrían aprovechar. Entre ellas, y cuéntese que no hacemos más que apuntar algunas ideas, se necesitan edificios de mampostería con grandes tanques para el público de ambos sexos, y con departamentos pequeños, reservados, y espaciosos salones de descanso”.

“También se resienten esos establecimientos de la falta de médicos especiales, encargados del orden y régimen en el tratamiento hidroterápico, y con estudios prácticos de los baños que regenteen”.

“La urgencia de estas modificaciones, en que deben tomar parte muy principal los respectivos Ayuntamientos como representantes de la cosa pública, no se había hecho sentir porque fue imposible hasta ahora conocer a punto fijo el número y la naturaleza de las aguas minerales que teníamos en Cuba. Pero la publicación del Dr. Aenlle ha dado la voz de alerta; ella nos ha demostrado que en el número de manantiales analizados los hay excelentes y nos hace esperar que perseverando el autor en sus investigaciones, podamos contar más tarde con una obra completa de Hidrología cubana, en que se fijen las análisis y se deslinden las propiedades curativas de las aguas, así como sus verdaderas indicaciones, circunstancias todas muy interesantes para que los médicos de nuestro país puedan enviar sus enfermos con pleno conocimiento de causa, y no permanezcan, como hasta aquí, en brazos del empirismo ciego y de las tradiciones populares, erróneas tan a menudo”.

Llamó la atención Manuel J. Presas de la ausencia, en el libro de su profesor y amigo Joaquín F. de Aenlle, de otros manantiales minero-medicinales matanceros. Destacó, además, el estudio que se realizaba de sus propiedades, y exhortó a sus lectores a colaborar en esas investigaciones. He aquí sus palabras:

“Muchas aguas medicinales quedan aún por analizar. Entre ellas estaban las del Ojo de agua de esta ciudad, que de hoy más quedan apreciadas debidamente en su justo valor medicinal, merced al estudio que [ha] hecho nuestro socio el Lcdo. D. Joaquín Barnet. También se ocupará nuestro co-socio el Sr. Barnet del análisis de varias aguas minerales de la jurisdicción de Matanzas; entre ellas se encuentran las de San Miguel, San Pedro de Belismelis, Bello y un manantial frío del Valle de Yumurí. Con este motivo suplicamos a los señores que tengan noticias de aguas medicinales en esta jurisdicción se sirvan remitirnos algunas botellas con una nota de su procedencia y demás particularidades, para que esta Sección por medio de su entusiasta miembro el Sr. Barnet pueda proporcionar a la ciencia y al público el conocimiento verdadero de las aguas minerales, medicinales o no, que brotan en el círculo de nuestra jurisdicción”.

Tras este artículo de Manuel J. Presas, en el mismo número de la revista Liceo de Matanzas, apareció el trabajo de Joaquín Barnet acerca de “Baños del ojo de agua”. Este fue leído por su autor en la Sección de Ciencias el 26 de septiembre de 1866. Vale conocer lo que escribió sobre este lugar de la ciudad:

“Los baños del Ojo de agua, situados dentro de la misma población de Matanzas, y muy conocidos por la frialdad de sus aguas, son el recurso de todos para mitigar el efecto de la temperatura ardiente del verano”.

Añadió, que en su infancia escuchó que “…a la sal de nitro se debía la baja temperatura de ella, y dudando que tal fuera el principio salino que tan útiles las torna por su frialdad…”, se propuso hacer un análisis químico detallado de las mismas. Tras exponer los resultados obtenidos, concluyó que sus aguas no tenían

“…uso provechoso como medicinales, ni exterior ni interiormente empleadas, porque sus componentes no son los que aplica la medicina en tales casos”.

“Sin embargo, la temperatura de ellas es un carácter importante de que muchas veces se saca partido; y si es cierto que sus sales disueltas no tienen importancia médica, no lo es menos que las aguas prestan grandes servicios en todas las circunstancias en que el frío sea un medio excelente para recuperar la salud, o cierta energía que a ella conduzca”.

“El Ojo de agua no es el lugar menos visitado de Matanzas; en todas épocas, y en la actual principalmente, acuden todos, enfermos y sanos, a gozar de sus beneficios; unos procurando la salud que han perdido, otros en busca de un estimulante que vigorice las fuerzas extenuadas por el trabajo o por la influencia de nuestro clima de fuego”.

“Creo que lo dicho es suficiente para conocer claramente lo que son estas aguas, y lo que de ellas puede esperarse”. (ALH)

Hotel del Balneario de San Miguel de los Baños a inicios del siglo XX. Archivo del autor.

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