Entre los generales del Ejercito Libertador estuvo el médico matancero Manuel Alfonso Seijas.
Según recoge la historia, Manuel Francisco Alfonso Seijas lideró un alzamiento mambí cerca de Bolondrón el 17 de junio de 1895. Aunque no ocurrió el 24 de febrero, fue el segundo hecho de este tipo que tuvo como protagonista un médico. El primero fue el que comandó el doctor Martín Marrero en Cienaguilla, Jagüey Grande, el día que comenzó la Guerra de Independencia.
En la manigua
Nacido el 20 de febrero de 1868, en el Ingenio María, situado en Corral Falso, hoy Pedro Betancourt, Manuel Alfonso Seijas comenzó los estudios de medicina en la Universidad de La Habana en 1888. En esta institución se graduó de médico-cirujano y después inició su labor asistencial. La estancia en zonas rurales de la jurisdicción matancera le permitió establecer los lazos que hicieron posible el alzamiento mencionado.

Se incorporó el 26 de noviembre de 1895 a la columna del coronel Eduardo García Vigoa, en Matanzas, con el grado de comandante. Desde diciembre de ese propio año, tras la batalla de Mal Tiempo, asumió la atención a los heridos de las fuerzas invasoras mambisas que estaban ingresados en los hospitales de sangre creados en la ciénaga de Zapata. Más tarde fue ubicado a las órdenes del entonces general de brigada Quintín Bandera, en Remedios, Las Villas. El 24 de mayo de 1896 se le ascendió a teniente coronel y el 14 de septiembre del propio año a coronel.
Allí permaneció poco tiempo, pues se le nombró jefe de Sanidad de la Primera División del Quinto Cuerpo del Ejército Libertador, que abarcaba la provincia de Matanzas, bajo el mando del general de brigada José Lacret Morlot. Participó en la batalla de Jicarita. Fue electo por esta jurisdicción como delegado a la Asamblea Constituyente de La Yaya en 1897. Terminadas las sesiones de este cónclave, asumió como jefe de Estado Mayor del propio Lacret en la Brigada de la Trocha.
El 24 de enero de 1898, Manuel Alfonso Seijas viajó a Estados Unidos acompañando a Lacret. Permanecieron cuatro meses en ese país, después de haber estado detenidos ocho días en Jamaica. Ambos regresaron a Cuba en la expedición del vapor Florida el 25 de mayo de 1898, que desembarcó por Banes, Oriente. Tras su llegada fue nombrado subinspector del Sexto Cuerpo del Ejército Libertador, en Pinar el Río. Desempeñaba esa responsabilidad al concluir la guerra. Recibió el grado de general de brigada el 24 de agosto de 1898 y se licenció el 1 de enero de 1899.
En la República
Una vez terminada la dominación española sobre Cuba, Manuel Alfonso Seijas asumió diversas responsabilidades administrativas y políticas. Todo esto sin dejar de ejercer su profesión como médico. Fue fundador del Partido Moderado en 1905 y tras la segunda ocupación estadounidense trató de organizar el Partido Progresista de la Joven Cuba. Esta agrupación, concebida como una alternativa a conservadores y liberales, estuvo llamada al fracaso desde sus inicios.

Tuvo una activa participación en la fundación de la Asociación Nacional de Veteranos de la Independencia. Lo mismo sucedió cuando estos lideraron un movimiento de protesta por la presencia de enemigos de la independencia en cargos públicos. Llegó a ocupar el cargo de vicepresidente del Consejo Nacional de Veteranos. Dirigió la Casa de Beneficencia y Maternidad. También se desempeñó como comisario de la organización infantil y juvenil Exploradores de Cuba (Boy Scouts).
En 1915 Manuel Alfonso Seijas redactó parte del libro Cuba ante el mundo, que se publicó a propósito de la Exposición Universal de San Francisco. Fue Inspector General de Prisiones Civiles hasta su fallecimiento en La Habana, el 30 de enero de 1924. A propósito de este hecho, en el Diario de la Marina del 1 de febrero de 1924, se publicó la siguiente nota:
“En su domicilio del Vedado, junto a los que con él construyeron un hogar feliz y venturoso, acaba de fallecer víctima de cruel dolencia el General Manuel Alfonso, caballero de relevantes prendas personales y que por su cultura y bondad se captó el afecto y las simpatías de cuantos lo trataron”.
“A su honroso y alto grado de soldado de la guerra de independencia, unía el título de doctor en medicina; profesión en la que alcanzó merecidos triunfos por sus aptitudes y talentos”.
“Miembro prominente del Centro de Veteranos, Inspector General de Prisiones, Cárceles y Presidios, exdirector de la Casa de Beneficencia y Maternidad, el General Alfonso gozó siempre del respeto y la consideración de sus conciudadanos”.
“Al dar tan triste nueva, elevamos preces al Altísimo por el descanso eterno de su alma, enviando a sus familiares el testimonio de nuestra sentida condolencia”.
Años antes, en el libro Cultura cubana. La provincia de Matanzas y su evolución (1919), su amigo, el italiano Adolfo Dollero, había escrito:
“El Dr. Alfonso es todo un caballero, y no pertenece al grupo de patriotas usureros que piden a la patria un tipo de interés muy elevado por los servicios prestados: ha cumplido con su deber y no hace alarde de ello”. (ALH)
