El intelectual cardenense Leonardo García Fox sobresalió como médico, profesor universitario y poeta.

En la bella Perla del Norte, en la ciudad matancera de Cárdenas, nació Leonardo García Fox, el 8 de marzo de 1892. Su padre fue el historiador Leonardo García Chávez.

El médico

Leonardo García Chávez se graduó en 1915 como Doctor en Medicina y Cirugía, en la Universidad de La Habana. Todo parece indicar que comenzó a trabajar como médico en la provincia de Las Villas. En 1920 se adscribió al V Congreso Médico Nacional, como delegado por Aguada de Pasajeros. La estancia en esta provincia duró hasta 1924, cuando se radicó en La Habana.

Noticia en el Diario de la Marina, 25 de septiembre de 1925. Archivo del autor.

El 25 de septiembre de 1925 Leonardo García Fox participó en un homenaje que la Academia de Ciencias de La Habana tributó al fisiólogo y endocrinólogo francés Marcel Eugenio Gley, profesor de la Facultad de Medicina de París. En ese acto el doctor Francisco Solano Ramos dio lectura al trabajo “Papel del agua en el mantenimiento del equilibrio ácido-básico de la sangre”, del cual García Fox fue coautor. Ambos defendieron una nueva teoría acerca de la acidosis y un novedoso proceder para su tratamiento.

Integró, en 1927, el cuerpo médico de la Sociedad Hijas de Galicia, como encargado de realizar los análisis clínicos a los pacientes. Cuatro años después estaba al frente del laboratorio clínico existente en el Sanatorio Concepción Arenal, perteneciente a la misma sociedad.

En 1933 Leonardo García Fox estaba al frente del Departamento de Laboratorio en el consultorio del doctor Abelardo Labrador. Este se encontraba situado en la calle Ángeles, número 8. En este centro se realizaban “…todas clases de análisis e investigaciones”. En la mañana, de 8 a 12, las consultan eran gratis.

Como resultado de sus experiencias como laboratorista clínico, Leonardo García Fox publicó el libro Diccionario semiológico de interpretación de análisis clínicos, que tuvo una segunda edición en 1941. En esa oportunidad formó el volumen treinta de la colección “Biblioteca del médico práctico”. De acuerdo con un anuncio, esta obra

“…escrita en forma de diccionario, es una guía para el médico práctico que le sirve para poder solucionar rápidamente los casos clínicos que tengan alguna relación con la interpretación de los análisis clínicos y las pruebas funcionales”.

El profesor

Noticia en el Diario de la Marina, 5 de octubre de 1916. Archivo del autor.

Además de su labor como médico en Las Villas, en esa provincia Leonardo García Fox se estrenó también como profesor. El 4 de octubre de 1916 culminó los ejercicios de oposición a la cátedra de Anatomía y Fisiología de la recién creada Escuela Normal de Santa Clara. Los realizó ante un tribunal que presidió Alfredo Miguel Aguayo, con Salvador de la Torre, Antonio de Gordon, Federico Horstman y Diego Tamayo como miembros. El tribunal lo propuso por unanimidad y destacó que sus “…brillantes ejercicios merecieron especiales felicitaciones”. Días después fue nombrado catedrático oficialmente, por decreto del presidente de la República.

Ocho años después, en 1924, Leonardo García Fox se presentó como aspirante a la plaza de Profesor Auxiliar de la Cátedra de Fisiología de la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana, la cual obtuvo. En 1929 asumió, de forma temporal e interina, la plaza de Profesor Titular, en sustitución del doctor Emilio Fiterre tras el fallecimiento de este. El 24 de mayo de 1930 realizó los ejercicios de oposición para cubrir esa vacante.

Anuncio del libro Diccionario semiológico de interpretación de análisis clínicos. Archivo del autor.

Meses más tarde, en septiembre del propio año, viajó al extranjero en comisión de la Secretaría de Sanidad y Beneficencia. El objetivo era visitar “…instituciones hospitalarias de los Estados Unidos, Canadá y América Latina”.

Dentro de su labor docente en la Universidad de La Habana, hay que destacar la digna actitud que mantuvo Leonardo García Fox en contra de la dictadura de Gerardo Machado. Formó parte de los profesores que, en 1930, se adhirieron al manifiesto que el Directorio Estudiantil Universitario lanzó al país. Así lo dio a conocer el Diario de la Marina el 14 de diciembre de 1930. Integró el Comité Pro Abisinia, creado en solidaridad con este país tras la agresión del fascismo italiano en 1935.

Buena parte de su desempeño como profesor universitario quedó recogido en el libro Lecciones de fisiología. Resumen de las explicaciones dadas en la cátedra de esta asignatura (1935). Con este texto realizó una destacada contribución a la enseñanza de esa ciencia en el ámbito cubano.

Anuncio en Diario de la Marina, 1933. Archivo del autor.

Formó parte, en 1936, de la comisión de Gabinetes y Laboratorios de la Escuela de Medicina, creada por el Comisionado Universitario. También fue miembro de los tribunales para la incorporación de títulos. Estas acciones se enmarcaron en el proceso de reorganización del alto centro de estudios llevado a cabo en esos años.

Al crearse en 1941 el Consejo Nacional de Educación y Cultura, en cumplimiento de lo dispuesto por la nueva Constitución de la República, Leonardo García Fox fue uno de sus integrantes. Lo hizo en representación de la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana.

Estuvo entre los fundadores, en 1925, de la Asociación de Amigos de la Escuela de Medicina. Integró el Club de Profesionales de Cuba. Formó parte de la Sociedad Malacológica Carlos de la Torre. Esta asociación informó, en 1947, que Leonardo García Fox realizó ese año un viaje a los Estados Unidos, donde visitó varios de los museos de Historia Natural existentes en ese país.

El poeta

Leonardo García Fox integró la generación de poetas matanceros que comenzó a destacarse en la segunda década del siglo XX. Según el escritor Andrés de Piedra-Bueno, la suya fue una “…poesía transida de paisaje…”. Se plantea que fue autor de un poemario que tituló “Calle contigua”, el cual parece que no publicó. Su libro de poesías más conocido fue Reflejos en el agua (1937).

En 1939 la revista argentina Claridad publicó un comentario crítico acerca de esta obra, donde se afirmó:

“Se engañaría quien juzgase por el título este libro de poemas de Leonardo García Fox. No; no es poesía de imaginación. No es la poesía que Debussy o Chopin dejaban que sus manos y su espíritu tejieran sobre el teclado mientras con templaban una fuente o escuchaban caer la lluvia lenta, monótonamente. La de Reflejos en el agua, de García Fox, es más bien una poesía reflexiva, filosofante, tierna. Sus motivos son a veces los niños; observándolos traza cuadros breves y pueriles, pero hondos de ternura. O los episodios históricos, como esas impresiones de México a través del recuerdo de la figura prócer y legendaria de Cortés. Algunas descripciones de La Habana vieja son también brochazos vigorosos y admirables, así como las del campo cubano. Hay, además, en el libro algunas evocaciones felices del Imperio de los Incas”.

A su vez, la revista El Español, publicó el 22 de mayo de 1943, la siguiente valoración acerca del poeta cardenense:

“Leonardo García Fox, habanero, es un excelentísimo poeta, que, a través de su libro Reflejos en el agua, se desborda en ilusiones sobre motivos de la Conquista: México, Tabasco, Panuco, Tenoctilán-Tehuantepec, Leyendas peruanas, La Achirana del Inca, Palla-Huarcuna y siglo XVI, son evocaciones de nuestro Imperio en Indias. De sus versos, que iluminan los más bellos motivos, surgen:

«Cual gérmenes sutiles, las épicas hazañas de ilustres capitanes…»

que

«…dejando las tercas contiendas con el moro,

sueñan con el hallazgo de pródiga aventura

que los nimbe de gloria y los vista de oro».

Queda dicho: García Fox es una recia voz hispana, un magnífico poeta”.

Portada del libro Reflejos en el agua. Cortesía del historiador Ernesto Aramís Álvarez Blanco.

También se conoce que Leonardo García Fox escribió la novela “Agonía en el claro de luna”, que quedó inédita. Escribió, con Antonio Castells, una obra de teatro que se tituló “Moreno Claro”, que se estrenó en el Teatro Martí con música de Gonzalo Roig. En 1935 participó en la primera edición del concurso literario convocado por la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, con un volumen de “Poemas”.

También se plantea que colaboró en las revistas cardenenses Muecas y Cárdenas Artística. En el número de febrero de 1935 de la revista Universidad de La Habana, que se dedicó a México, fue autor del artículo “Gentileza, Maltrata y Cuernavaca”. Participó en diversas actividades culturales en el Círculo de Bellas Artes de La Habana.

Últimos años

Portada del libro Poemas del exilio (1966). Archivo del autor.

Tras el triunfo de la Revolución en 1959, la Universidad de La Habana sufrió radicales transformaciones en su vida académica, docente y administrativa. Varias de ellas involucraron de forma directa a la Escuela de Medicina, donde Leonardo García Fox era profesor desde 1924. Inconforme con estos cambios, renunció a su cátedra y viajó con su familia a los Estados Unidos.

Radicado en Miami, allí continuó con su labor asistencial. En 1963, según noticia que publicó el Diario de las Américas el 5 de octubre, era un de los médicos cubanos que laboraba en la clínica del Centro Hispano-Católico, de esa ciudad. Publicó, en 1966, en una edición limitada, el volumen Poemas del exilio.

Según destacó el investigador Argilio Rodríguez, en su inédito Diccionario de la literatura cardenense, Leonardo García Fox falleció en esa ciudad estadounidense en el año 1979. (ALH)

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