Entre 1911 y 1917 el bibliógrafo matancero Carlos Manuel Trelles publicó los 10 tomos de Bibliografía cubana, la obra cumbre de su vida.

Carlos M. Trelles Govín (1866-1951) fue un destacado bibliógrafo e historiador cubano nacido en Matanzas. Dentro de sus aportes, que fueron varios, sobresalió la Bibliografía cubana (1911-1917), monumental recopilación bibliográfica que fue su obra cumbre.

Carlos Manuel Trelles Govín, historiador y bibliógrafo

El antecedente

Antes de iniciar la publicación de Bibliografía cubana, Carlos M. Trelles dio a conocer su primera gran obra bibliográfica: Ensayo de bibliografía cubana de los siglos XVII y XVIII. Seguido de unos apuntes para la bibliografía dominicana y portorriqueña (1907). En la introducción de ese volumen informó que formaba parte “…de la obra que hace años vengo preparando, intitulada Bibliografía Cubana desde 1492 a nuestros días…”. Añadió que el costo de la impresión le había impedido publicarla.

En este Ensayo de bibliografía cubana… Carlos M. Trelles incluyó 850 títulos de libros, folletos y manuscritos. Añadió, además, varias noticias históricas sobre la historia y la cultura cubanas, al destacar aspectos que no habían sido señalados por autores anteriores. Casi al finalizar destacó lo que consideró lo más relevante:

“Confío en que esta obra habrá de dar origen a nuevos estudios que vendrán á arrojar más luz en nuestro apenas conocido pasado. Espero que los numerosos libros escritos sobre nuestro país y cuya existencia va a conocerse ahora entre nosotros por medio de este Ensayo, serán consultados y aprovechados en breve por los amantes de nuestra historia, que no está escrita sino a medias. Mucho nos queda aún por investigar…”.

Hay que recordar que esta no fue la primera obra bibliográfica de este prolífico autor matancero. Este mérito lo tuvo Bibliografía de la segunda Guerra de Independencia y de la Hispano-Yankee (1902). Tanto esta, como el Ensayo de bibliografía cubana…, fueron anticipos de la obra cumbre de Trelles, la Bibliografía cubana.

Una obra gigantesca

El primer tomo de Bibliografía cubana del siglo XIX vio la luz en 1911. Carlos M. Trelles lo dedicó a su amigo Nicolás Heredia, fallecido en 1901, quien había sido su compañero en el Comité Revolucionario de Matanzas. En el prólogo, Trelles reconoció que se trataba de una continuación del libro Ensayo de bibliografía cubana de los siglos XVII y XVIII (1907). Señaló que formaba parte del proyecto de Bibliografía cubana desde 1492 a nuestros días,

“…obra a la cual he dedicado diez años de vida, consagrados a investigaciones incesantes; y en cuya preparación no me ha inspirado más propósito que el de servir en la paz a mi querida Cuba…”.

No tuvo reparos en criticar Carlos M. Trelles la falta de apoyo oficial para publicar su libro. Ni Tomás Estrada Palma, ni el interventor Charles Magoon, ni José Miguel Gómez, se dignaron a darle apoyo financiero para la impresión. Así lo destacó al decir:

“Tuve la cándida creencia de que, siendo mi patria ya libre, y teniendo la obra un carácter nacional, e inspirándose en la idea de elevar el prestigio intelectual de Cuba ante el mundo entero, encontraría favorable acogida en las altas esferas gubernamentales. Pero me he equivocado totalmente. A los tres Gobiernos que ha tenido Cuba Libre se la he ofrecido sin condiciones, ni remuneración alguna para mí, que solo he aspirado a que fuera impresa a expensas del Estado”.

Carlos M. Trelles en 1902. Archivo del autor.

Este primer tomo de Bibliografía cubana, que abarcó los años 1800-1825, incluyó un total de 2 mil títulos, tanto de libros y folletos impresos en Cuba como en otros países, siempre que tuvieran relación con nuestro país. También comprendió obras publicadas por cubanos en cualquier parte del mundo, así como el índice general y de autores y obras anónimas. Esta fue la tónica principal de cada uno de los tomos siguientes.

Contó, además, con varios apéndices: “Relación de los primeros libros y folletos publicados en las ciudades y pueblos de Cuba, “Relación de los primeros periódicos publicados en las ciudades y pueblos de Cuba”, “Bibliografía de la bibliografía cubana”, “Estadística de la prensa de Cuba”, “Tamaño de los libros” y “Opiniones emitidas acerca del Ensayo de bibliografía cubana de los siglos 17 y 18”.

Los siguientes tomos de Bibliografía cubana tuvieron las siguientes características:

Tomo 2. Se publicó en 1912. (1826-1940). Incluyó 1800 libros y folletos. Estuvo dedicado al Mayor General Pedro E. Betancourt. Entre los apéndices aparecieron “Adiciones”, “El primer folleto cubano” y “Relación de los escritores cubanos de los siglos XVII y XVIII”. Además, una “Relación de periódicos publicados en Cuba en el siglo XX, por Francisco Llaca, y “Noticias curiosas referentes a escritores de los siglos XVII y XVIII”, por Manuel Pérez Beato.

Tomo 3. Se publicó en 1912. (1841-1855). Contó con 2800 asientos de libros y folletos. Se dedicó al Consejo Provincial de Matanzas, instancia de gobierno que acordó en su momento costear la obra. Los anexos en esta oportunidad fueron “Adiciones”, “Notas biográficas” y “Varias estadísticas”.

Tomo 4. Se publicó en 1913. (1856-1868). Abarcó un total de 3 300 títulos de libros y folletos. Estuvo dedicado a Domingo Lecuona Madan, exgobernador de Matanzas, quien prestó un decidido a apoyo a la publicación de la obra de Trelles. Entre los apéndices, además de los tradicionales “Adiciones” y  “Notas biográficas”, se incluyeron ,“Notas sobre imprentas”, “Las bibliotecas públicas de Matanzas” y el clásico trabajo “La imprenta en Matanzas”, por Francisco Jimeno.

Tomo 5. Se publicó en 1913. (1869-1878). En sus páginas se presentaron los datos de 2550 libros y folletos. Al inicio se transcribieron dos cartas de Rafael Montoro al autor, así como las opiniones de los escritores Miguel Garmendía y Arturo R. de Carricarte. Como apéndice están “Adiciones”, Notas biográficas” y “Apéndice a la relación de los primeros libros y folletos publicados en las ciudades y pueblos de Cuba”.

Carlos M. Trelles. Archivo del autor.

Tomo 6. Se publicó en 1914. (1879-1885). Un total de 3300 libros y folletos aparecen mencionados. Carlos M. Trelles lo dedicó al Presbítero Juan Álvarez, por su interés en que se “conozca y aprecie la literatura cubana”. Los apéndices fueron “Adiciones”, “Notas biográficas” y “Apéndice a la Relación de los primeros libros y folletos publicados en las ciudades y pueblos de Cuba”.

Tomo 7. Se publicó en 1914. (1886-1893). Según su autor, este tomo describió “…más de 3 300 libros y folletos”. Además de “Adiciones”, “Notas biográficas” y “Apéndice a la relación de los primeros libros y folletos publicados en las ciudades y pueblos de Cuba”, contó con un apéndice que se tituló “La primera novela cubana”.

Tomo 8. Se publicó en 1915. (1894-1899). Este volumen, último que se dedicó al siglo XIX, aportó 3600 títulos de libros y folletos. Contó con varios anexos “Adiciones”, “Notas biográficas”, “Juicios” y “Alfabetos”. Además, se incluyó una propuesta de “Ensayo de biblioteca cubana del siglo XIX”, con 3000 libros “…de los más notables publicados en cada una de las ramas del saber humano”.

Acerca de la publicación de esta serie de ocho tomos, Carlos M. Trelles comentó lo siguiente:

“Cinco años ha emprendí la publicación de la Bibliografía cubana del siglo XIX y aunque siempre creí que la empresa era superior a mis fuerzas y que nunca llegaría a ver realizado mi bello ideal de darla a luz totalmente, he podido, al fin, al terminar la impresión del voluminoso tomo octavo, dar cima a la vastísima labor, quedando por tanto satisfecho de haber prestado a mi país, este modesto servicio”.

Al finalizar el prólogo Carlos M. Trelles hizo mención a los diez volúmenes de Bibliografía cubana que había publicado. En la cifra incluyó la Bibliografía de la segunda Guerra de Independencia y de la Hispano-Yankee (1902) y Ensayo de bibliografía cubana de los siglos XVII y XVIII (1907). En todos los casos, los tomos de Bibliografía cubana del siglo XIX se editaron en Matanzas por la Imprenta de Quirós y Estrada, con tiradas de 200 ejemplares.

Los últimos tomos

La continuidad de Bibliografía cubana del siglo XIX se materializó en los dos tomos de Bibliografía cubana del siglo XX. El primero, impreso en 1916, se enmarcó entre los años 1900 y 1916, con la descripción de 3800 libros y folletos. También recogió “Juicios emitidos sobre la Bibliografía cubana”. El segundo, que se editó en 1917, comprendió igual lapso de tiempo, con 4700 libros y folletos mencionados.

Una vez cumplido el propósito que se había trazado, Carlos M. Trelles escribió:

“Al finalizar esta obra, que ha embargado una parte considerable de mi vida, queda mi espíritu satisfecho y espero con tranquilidad el momento, no muy lejano, en que me toque penetrar en el oscuro abismo del no ser; pues ya tengo la convicción de haber prestado a mi amada patria un modesto servicio, con lo cual he realizado mi más ardiente aspiración”.

Afortunadamente para la cultura cubana, esa profecía no se cumplió y Carlos M. Trelles continuó varias décadas más trabajando y aportando a su patria. Sobre todo, con volúmenes que dieron continuidad a la Bibliografía cubana. Fue el caso de Biblioteca científica cubana, en dos tomos (1918-1919), Biblioteca geográfica cubana (1920) y Estudio de la bibliografía cubana sobre la Doctrina de Monroe (1922).

https://www.tvyumuri.cu/tvyumuri/la-biblioteca-cientifica-cubana-de-carlos-m-trelles/

La obra cumbre de Carlos M. Trelles, Bibliografía cubana, no fue perfecta. El propio Trelles destacó este aspecto en 1907:

“…no creo que mi obra sea completa, ni menos, perfecta; pues en esta clase de investigaciones se presentan frecuentemente problemas muy obscuros y difíciles de resolver, y datos incompletos que lo inducen a uno a sufrir equivocaciones; por lo cual no es raro tener que rectificar errores, en que caen todos los bibliógrafos del mundo, así los más notables como los más humildes”.

Nada de esto disminuye el mérito de Bibliografía cubana, que quizás sea una de las empresas más gigantescas asumidas por un autor cubano. Fue, además, el más grande y ambicioso proyecto editorial que se haya publicado en Matanzas en toda su historia. Aseguró, a su autor, un lugar y un nombre en la historia de la cultura cubana. Se cumplió así el vaticinio del cronista Joaquín N. Aramburo, quien escribió en 1907:

“Cuando la bibliografía cubana desde 1492 hasta el presente, se publique, el erudito matancero habrá levantado en honor de su patria monumento soberbio, más durable que esos de granito y pórfido, que la vanidad erige en loor de héroes, precisamente para salvarlos del desamor y la ingratitud de los contemporáneos”. (ALH)

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